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La X en Malcolm X

Cuando Cassius Clay, descendiente de un esclavo, se convirtió en el campeón de boxeo de pesos pesados del mundo en 1964 rechazó su nombre de esclavo (“yo no lo escogí y no lo quiero”) y, antes de convertirse en Muhammad Ali, se llamaba a sí mismo Cassius X. Otro afroamericano, Malcolm Little, también rechazó su nombre de esclavo cuando se convirtió en Malcolm X.

 

Foto de Anthony Quintano / Flickr. Black Lives Matter protest Times Square New York City. Licencia CC

Sean Sheehan

 

Esto no fue coincidencia. El boxeador y el activista se conocían –su encuentro en la película que salió recientemente “One night in Miami” (Una noche en Miami) no es ficción– y compartían la motivación política que los llevó a cambiarse el nombre.

La X es ese algo que todavía está por determinarse, el alma aún incompleta del afroamericano. Convertirse en X era un momento de empoderamiento, la aceptación de un espacio en blanco donde antes había trauma.

Malcolm Little, a diferencia de su amigo boxeador, mantuvo el nombre X: un espacio vacío esperando a ser llenado por ciudadanos afroamericanos independientes, quienes crearían su propio derecho a existir. En la película de Spike Lee, Malcolm X, hay una escena en la que una niña pequeña impresionada por su discurso pregunta qué puede hacer para ayudar: “Nada”, responde él, reivindicando la necesidad que tienen las personas de color por ayudarse a sí mismas.

Las personas blancas pueden ayudar a hacer esto posible pero no pueden caer en la trampa liberal y autocomplaciente de pensar que ellos pueden completar la X por los demás.

“The dead are arising” (Los muertos se levantan) cuenta la liberadora historia del viaje personal y político de alguien que fue víctima de discriminación racial –cuando la casa de la familia de Malcolm X fue aterrorizada por el Ku Klux Klan– cuando aún se encontraba en el vientre de su madre. Nació en Omaha, Nebraska, donde un linchamiento que ocurrió seis años antes no disuadió a sus padres de inculcarle un sentido de igualdad racial.

Su padre murió cuando sólo tenía seis años y su madre fue ingresada en un hospital dejando que Malcolm se convirtiese en un adolescente rebelde y en un criminal de poca monta.

En la película de Spike Lee, Denzel Washington ofrece un retrato inolvidable de él: traje de zoot, pelo engominado, sombrero de ala ancha, zapatos naranjas. No había cumplido los 21 años cuando fue sentenciado a prisión por robo y fue en la biblioteca de la prisión en la que comenzó su proceso de transformación.

“The dead are arising” ofrece un material fascinante sobre los orígenes y la evolución de la Nación del Islam y su peculiar mezcla de islamismo que Malcolm X acabaría repudiando.

La biografía es de lectura compulsiva y, al ceñirse a los hechos, presenta un valioso retrato del hombre y de su muerte prematura.

“Black minded: the political philosophy of Malcolm X” (Mente negra: la filosofía política de Malcolm X) es un libro muy diferente, denso y detallado en su desglose de una figura heroica que dejó muy poco en forma escrita pero que, sin embargo, creó un legado internacional, un contrapeso esencial al de Martin Luther King.

En el momento de su muerte, Malcolm cuestionaba las actitudes masculinas hacia el cuerpo de las mujeres (una de las razones por las que abandonó la Nación del Islam fue su creciente concienciación sobre el comportamiento depredador del líder del movimiento), otro aspecto de cómo llenar mejor el espacio que representaba su apellido.

“The dead are arising”, de Les y Tamara Payne, es publicado por Viking (Penguin).

“Black minded: the political philosophy of Malcolm X”, de Michael E. Sawyer, es publicado por Pluto Books.

(Traducido por Claudia Lillo – Email: lillo@usal.es)

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