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La experiencia de Ana como maestra voluntaria

Ana Paula Pinto, de 55 años, nacida en Mozambique, es voluntaria en educación portuguesa. Paula fue voluntaria por primera vez hace 20 años y el año pasado puso su experiencia al servicio para un proyecto de Iniciativa de Participación Estudiantil en Myanmar, donde fue uno de los dos voluntarios internacionales, trabajando juntos con dos nacionales y veintinueve jóvenes voluntarios.

 

Foto suministrada por ©VSO

Deborah Torr

 

Después de cumplir 27 años como maestra, Paula mantiene su entusiasmo por ayudar a los niños a volver a la educación, –ella ha regresado ahora a Myanmar y está ayudando a mejorar las habilidades del inglés de profesores en el Estado de Mon.

Creo que no hay nada como ver la felicidad de los niños, ver una sonrisa iluminar sus rostros.

Laprimera vez que hice voluntariado con VSO fue hace 20 años en Guinea Bisáu y luego en Mozambique, tras ver un anuncio en el periódico. Después de cinco años, tuve que regresar a mi carrera como docente en Portugal. Veinte años después, el índice de natalidad ha disminuido en Portugal.

Las escuelas primarias están cerrando y hay menos niños en la escuela secundaria. Hay menos demanda de profesores, así que cuando pregunté al Ministerio de Educación si podía ser voluntaria, me dijeron que podía ir.

Me ofrecí como voluntaria en la Iniciativa de Participación Estudiantil en el Estado de Mon, Myanmar, desde agosto de 2018 hasta julio de 2019. El objetivo era reducir la tasa de abandono escolar de los estudiantes de secundaria, independientemente de su origen. Todo el mundo quiere dar a sus hijos la mejor educación, y esto por sí solo puede ayudar a superar las diferencias. Incluso si hay pequeños desacuerdos, todos están unidos por el mismo objetivo.

Formé a profesores sobre cómo administrar clubes y actividades extracurriculares y les expliqué cómo esto podría alentar a los estudiantes a permanecer en la escuela. Sentí que, si los estudiantes podían elegir sus propias actividades después de clase, como el club de la biblioteca o el club de fútbol, querrían ir a la escuela. También trabajé creando conciencia sobre la importancia de la educación. A medida que los niños comienzan a disfrutar en la escuela, ellos pueden empujar a sus madres, padres y a su comunidad en general para que apoyen su educación.

Tanto en Myanmar y en Portugal hay problemas similares, como falta de recursos y demasiada burocracia e informes. Entiendo a los maestros aquí: peleamos las mismas batallas. Sin embargo, la relación entre profesores y alumnos es más respetuosa en Myanmar que en Portugal; en Portugal tenemos más problemas de conducta.

Incluso después de dos o tres reuniones con los profesores, empecé a ver que se abrían más conmigo y compartían más. A lo largo del año, vi pequeños cambios.

Poco a poco las personas empezaron a entender que es mejor que los niños permanezcan en la escuela. Ellos comenzaron a darse cuenta de que la educación es una oportunidad para mejorar su familia.

Los jóvenes voluntarios nos ayudaron a mostrar a los padres por qué la educación es importante. Antes de unirse al proyecto, los jóvenes voluntarios no estaban acostumbrados a hablar con los padres. Luego, en sus roles con la organización, ellos tenían que ir a las comunidades y hablar con los padres. A lo largo del año, pude ver crecer su autoestima y su confianza.

Es gratificante poder compartir mi experiencia docente, pero también lo es recibir conocimiento y hablar después con mis estudiantes en Portugal, explicarles cómo las cosas son similares y diferentes en Myanmar.

Creo que juntos podemos mejorar el mundo. A veces solo vemos cosas malas en las noticias y esto nos hace sentir que el mundo es un lugar malo. La realidad es muy diferente. Generalizar y decir no me gustan estas personas o este país, usualmente significa que no entendemos del todo.

Aprendí tanto como voluntaria, que cuando regresé a Portugal me di cuenta de que mi comportamiento y la forma en la que enseño habían cambiado un poco. Era más capaz de aportar nuevas ideas a la clase.

Considero el voluntariado como una aventura: hay partes buenas y partes malas, pero lo positivo supera a lo negativo y, en definitiva, el voluntariado me ha ayudado a ser más fuerte.

(Traducción de Lidia Pintos Medina) – Fotos: Pixabay

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