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El virus de la desigualdad y el racismo

La pandemia 19 tiene el potencial de aumentar la desigualdad económica en prácticamente todos los países del mundo al mismo tiempo. Mientras los más pobres del mundo necesitarán al menos una década para recuperarse de la crisis actual, los multimillonarios  -las mil mayores fortunas del planeta- recuperaron en solo nueve meses sus pérdidas momentáneas.

 

Sergio Ferrari*

 

Así lo sostiene el Informe El virus de la desigualdad, publicado hace unas semanas por Oxfam international.

Oxfam hace parte de la Protesta Global para luchar contra la desigualdad, una alianza internacional que convocó a movilizaciones en diversos países de Asia, África y América Latina en la última semana de enero.

En su informe se pregunta cómo recomponer un mundo devastado por el coronavirus, en el cual más de dos millones de personas han perdido la vida y cientos de millones se están viendo arrastradas a la pobreza.

Y anticipa una respuesta global: se ha demostrado que “es posible poner en marcha políticas transformadoras que, antes de la crisis, eran impensables. No hay vuelta atrás. No podemos volver a donde estábamos. En lugar de ello, la ciudadanía y los gobiernos deben responder a la urgente necesidad de construir un mundo más justo y sostenible”, enfatiza. Con el convencimiento de que la acción de los gobiernos es esencial para proteger la salud y los medios de vida, acota.

El diagnóstico pre-crisis, según la ONG, evidencia “la fragilidad colectiva, así como la incapacidad de nuestra economía, profundamente desigual, de beneficiar al conjunto de la sociedad”.

Y recuerda, por ejemplo, que según Forbe, entre marzo y diciembre del 2020, la fortuna de las 10 personas más ricas del mundo (milmillonarias) creció en 540 mil millones de dólares. Se refiere a: Jeff Bezos, Elon Musk, Bernard Arnault (y familia), Bill Gates, Mark Zuckerberg, Larry Ellison, Warren Buffett, Zhong Shanshan, Larry Page y Mukesh Ambani.
Incluso.

Para la elaboración de El virus de la desigualdad se entrevistaron 295 economistas de 79 países. El 87 % de ellos comparte esta caracterización de la crisis y las opciones futuras. Y concuerda con el pronóstico de que la desigualdad de ingresos va a seguir creciendo en sus respectivos países, a consecuencia de la crisis sanitaria.

Datos desgarradores

Un mundo en el que casi la mitad de la humanidad tiene que sobrevivir con menos de 5,50 dólares al día, en el que -durante 40 años- el 1% más rico de la población ha duplicado los ingresos de la mitad más pobre de la población mundial y en el cual, el último cuarto de siglo, el 1% más rico de la población ha generado el doble de emisiones de carbono que el 50% más pobre, agravando la destrucción provocada por el cambio climático.

Oxfam afirma que el Covid-19 tiene el potencial de aumentar la desigualdad económica en prácticamente todos los países del mundo al mismo tiempo, y que dicho aumento podría obligar a que se tarde, como mínimo 14 veces más en reducir la pobreza -hasta el nivel previo a la pandemia- que el tiempo que han tardado las mil personas más ricas del planeta, en su mayoría hombres blancos, en recuperar su riqueza.

Desde el inicio de la pandemia, incluso, la fortuna de las 10 personas más ricas del mundo ha aumentado en medio billón de dólares, cifra que permitiría financiar sin problema alguno la vacuna universal contra el Covid 19.

En paralelo, esta situación sanitaria desencadenó “la peor crisis laboral en más de 90 años, y cientos de millones de personas se encuentran subempleadas o sin trabajo”.

Una vez más las mujeres y los sectores marginalizados pagan los precios más altos de la crisis, afirma la ONG coincidiendo con diversos informes que en los últimos meses han publicado organismos de las Naciones Unidas como la OIT, FAO, PNUD, etc. A nivel mundial, las mujeres están sobre-representadas en trabajos mal remunerados y precarios,  los que más se han visto afectados por la crisis del Covid-19.

Las mujeres constituyen aproximadamente el 70% de la fuerza laboral a nivel mundial en el ámbito de la salud y la atención social, empleos a menudo mal remunerados que además las exponen a un mayor riesgo de contraer el virus.

En Brasil las personas afrodescendientes tienen un 40% más de probabilidades de morir a causa del coronavirus que las personas blancas. En Estados Unidos, si la tasa de mortalidad de las personas de origen latino y afroamericano hubiese sido la misma que la de las personas blancas, se hubieran podido evitar 22 mil decesos en esos grupos.

Las zonas más pobres de países como España, Francia e India presentan tasas de infección y mortalidad más elevadas.

En el caso de Inglaterra, las tasas de mortalidad de las regiones más pobres duplican las de las zonas más ricas.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas estima que, a causa de la pandemia, el número de personas en situación de hambre extrema alcanzaría los 270 millones de personas, a finales de 2020,  es decir un incremento del 82% respecto a 2019.

Con estas cifras, Oxfam calculó que la crisis provocada por la pandemia sería la causa de que murieran de hambre entre 6 mil y 12 mil personas al día, a finales de 2020.

Perspectivas

Para Oxfam la clave para lograr una rápida recuperación económica frente a la pandemia es la adopción de modelos económicos más justos. Y tomar medidas que están a la mano y que solo exigen una clara voluntad política de los gobiernos.

Por ejemplo, la imposición de un impuesto temporal sobre los beneficios excesivos obtenidos por las 32 multinacionales que mayor riqueza han acumulado desde el  comienzo de la crisis, hubiera permitido en 2020 una recaudación de 104 mil millones de dólares. Cantidad suficiente para financiar prestaciones por desempleo para trabajadores y trabajadoras, así como proporcionar apoyo económico al conjunto de niños, niñas y personas mayores de los países de renta media y baja.

Es posible poner en marcha políticas transformadoras que, antes de la crisis, eran impensables.

No podemos volver atrás.
Para Oxfam la construcción de “nuestro nuevo mundo debe basarse, en primer lugar, en una reducción radical y sostenida de la desigualdad”.

Los gobiernos deben establecer metas concretas de reducción de la desigualdad, y sujetas a plazos precisos. El objetivo no debe limitarse a volver a los niveles de desigualdad previos a la crisis, sino ir más allá para construir, con carácter de urgencia, un mundo más justo. (PL)

*Sergio Ferrari, desde la ONU, Ginebra, Suiza

(Fotos: Pixabay)

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