Globo, Latinoamérica

“Raíces 5”: Inmigrantes and xenofobia, una brutal colisión

Sobre ello, sobre las dificultades de enfrentar el rechazo, habla Roodolph, quien relata las condiciones extremas que enfrentan los inmigrantes en la sociedad chilena, quienes padecen hacinamiento, exclusión e incomprensión.

 

Marcella Via

 

Puede que su relato parezca incoherente frente a un occidental, pero en Haití el vudú tiene el mismo rango que cualquier otra religión.

Haitiano, de 28 años y licenciado en Derecho, llegó a Santiago en 2016, después de haber dejado Haití a causa de una brujería, resultado de la envidia.

Después de más de un año viviendo en Santiago, Roodolph cuenta que todavía no se siente integrado.

Por más que haya trabajado constantemente desde su llegada a Chile, todavía sigue con visa de turista porque continúa atrapado en el dilema de contratos y permisos de trabajo. Además, esta situación es muy frustrante porque en su condición de “irregular” no puede terminar  sus estudios.

La historia de Roodolph habla de un choque no solo entre realidad y expectativas, sino de una colisión brutal con los mismos chilenos. “Te llaman hijo mientras intentan estafarte”, comenta.

Y añade que es decepcionante ver cómo las expectativas no corresponden con la realidad, mencionando la inmensa desilusión que sigue a los miles de sacrificios hechos para poder llegar. Más allá de la diferencia entre culturas, Roodolph comenta que los haitianos son discriminados y, por eso, encontrar un alojamiento es una verdadera pesadilla.

La desigualdad social en Chile es una realidad muy amarga. Esta discrepancia se manifiesta nítidamente en la composición de su capital.

Mientras que los privilegiados residentes de los barrios altos viven su cotidiano fingiendo ser los “ingleses de América Latina”, los trabajadores más humildes han terminado aceptando la mentira de la “chilenidad”.

Sobreviviendo en la pura informalidad, vendiendo helados en los autobuses por 300 pesos chilenos, están convencidos de que su situación empeora con la llegada del inmigrante para robarle su trabajo.

El mismo inmigrante que se sube en la siguiente parada para vender chocolate.

Así, el inmigrante enfrenta no solo el choque entre diferentes culturas, sino la hostilidad de los mismos chilenos para aceptarlo en la vida de la urbe. Respecto a la falta de integración, llamar este fenómeno “choque cultural” hace que la atención se enfoque en el inmigrante en lugar de las condiciones que va a enfrentar.

Mientras que los europeos y norteamericanos son generalmente bien recibidos, ser haitiano, peruano o colombiano implica un trato más duro.

El sueño de tener un futuro mejor se convierte en distopía cuando se alquila una habitación y hay tantas personas viviendo en el mismo cuarto que se organizan turnos para dormir en la cama.

Se materializa el fenómeno del hacinamiento: la acumulación de individuos en un mismo lugar que no está físicamente preparado para albergarlos.

Según los estudios realizados por “Techo Chile”, solo en Santiago, hay aproximadamente 321.561 inmigrantes viviendo en condición de hacinamiento. Las encuestas definen hacinamiento como la presencia de 2,5 personas o más en el mismo dormitorio. Cuando hay 5 personas compartiendo la misma habitación, la situación es crítica.

Además, también faltan los servicios básicos. Por ejemplo, muchas veces el acceso a la cocina o al agua potable son limitados.

Por miedo a ser denunciados ante las autoridades por la falta de papeles, los inmigrantes aceptan vivir bajo estas condiciones indignantes. Como si compartir 5 metros cuadrados con más personas, utilizando la cama como mesa no fuera suficiente, muchas veces el precio de vivir vale más de 100.000 pesos chilenos.

El clímax de este fenómeno se ha dado en la comuna de Quilicura, donde un grupo de censistas descubrió una vivienda con al menos 50 habitaciones no contabilizadas y pobladas por un grupo de haitianos. El inmueble había sido subdividido en piezas de tres por cuatro metros aproximadamente, en las cuales vivían por lo menos 3 personas.

Como el hacinamiento no es parte de la cultura chilena, sino el resultado de la falta de iniciativas para integrar a los inmigrantes en la sociedad chilena, hablar de choque cultural no es lo más apropiado. Roodolph concluye que no quiere ver más haitianos llegar a Chile porque el país no tiene nada que ofrecerle.

En Chile en realidad no hay un problema en recibir a los inmigrantes cuando son privilegiados. Son los individuos que de verdad necesitan “empezar de nuevo”, quienes terminan chocando con la xenofobia brutal de la gente.

(Fotos: Pixabay)

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