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La política del desconocimiento

Hoy fui a ver a mi peluquera. Hablamos sobre el Covid inevitablemente. Ella manifestó su temor a que las restricciones actuales se conviertan en permanentes y perdamos nuestra libertad individual para siempre.

 

Steve Latham


A ella le pareció que era una oportunidad que el estado está aprovechando para controlarnos aún más, ya que los límites legales de nuestras reuniones y desplazamientos son añadidos a la vigilancia de alta tecnología.

De hecho, es un peligro que las libertades perdidas, por razones comprensibles (combatir una pandemia global), permanezcan a largo plazo después de que su propósito original haya finalizado.

Acabo de escuchar que Londres,  donde resido, se ha incluido en el Nivel 2 del nuevo sistema de Coronavirus del gobierno.

Muchos están en pie de guerra por ello. Aunque me alegro de no estar al cargo. Por mucho que me desagrade el primer ministro Johnson por ser un cantamañanas oportunista, no ha tenido un trabajo fácil.

La ‘ciencia’ , que todo el mundo dice seguir, resulta no ser tan homogénea, a medida que surgen diferentes “expertos” con puntos de vista opuestos.
Luego está el dilema de si imponemos duras restricciones para combatir el virus, pero a costa de la economía.

Es irónico que Keir Starmer, líder del Partido Laborista, haya dado a conocer su apoyo a un estricto “disyuntor” de confinamiento nacional de dos semanas, para contener la creciente ola del Covid.

Curiosamente, es Boris quien está defendiendo a las empresas, por supuesto, para proteger el beneficio, pero también los trabajos y los medios de vida de las personas.

Los frentes de combate habituales de los partidos políticos son cada vez más irrelevantes. Las ideologías no son de mucha utilidad en lo que respecta a los hechos reales de una pandemia.

En cambio, los políticos tienen que responder a los hallazgos técnicos y detallados de los científicos, ninguno de los cuales se ajusta a los principios políticos, lo que nos lleva al ámbito de la política como pragmática.

¿Qué política frenará la propagación del virus y qué laboratorio descubrirá la vacuna? Estas son cuestiones críticas a las que se enfrentan los gobiernos en todo el mundo.

Izquierda y derecha son cada vez menos significativas como categorías políticas. Cierto es que los conservadores serán un poco menos generosos y los radicales, un poco más.

Sin embargo, todos se enfrentan a los mismos dilemas.

Tenemos que acostumbrarnos a una menor certeza, no solo en nuestra vida personal, sino con respecto a quienes nos gobiernan.

Nadie sabe qué hacer.  Esto puede sonar muy aterrador. O puede ser extremadamente liberador, ya que nos permite tomar parte en nuestro destino, mediante la toma de elecciones, como en el existencialismo.

Siguiendo a Jean Paul Sartre, Albert Camus y Gabriel Marcel, cuando nos encontramos con una situación de crisis, estamos forzados a decidir qué haremos. Continuar como hasta ahora no será suficiente.

En espiritualidad, había un famoso libro medieval: “The Cloud of Unknowing” , que describía un sentimiento cada vez más incierto a medida que avanzamos hacia la presencia de Dios.

Él está ahí, pero el misterio de su presencia no puede ser descrito con palabras. Esto forma parte de la tradición de la ‘teología apofática’ la ‘teología negativa’: renunciar a la certeza por la confianza.

También con el Covid entramos en una nube de desconocimiento, una política apofática, aprendiendo a confiar y a esperar en la oscuridad.

(Traducción de Lidia Pintos Medina) – Fotos: Pixabay

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