Globo, Reino Unido

Desde los ojos de un refugiado de kobane

“Displaced” Bajo este nombre se encierran las vidas de aquellos que se han visto atrapados en una de las mayores crisis humanitarias de este siglo. Las personas hacen todo lo posible por continuar con su rutina como si la guerra no existiera. Una exposición fotográfica se encarga de mostrar en imágenes esta realidad.

 

Faith - Valnei Nunes Cristina Lago

 

En septiembre de 2014 los ojos del mundo se volvieron momentáneamente hacia la guerra civil que lleva asolando Siria desde hace casi ya cuatro años.

Más de cien pueblos del cantón de Kobane, región siria fronteriza con Turquía y de mayoría kurda, eran asediados por el Estado Islámico, sus habitantes masacrados y sus casas reducidas a escombros.

Tratando de salvar sus vidas, alrededor de 200.000 refugiados huyeron hacia el área de la región bajo soberanía turca, apenas a unos kilómetros de sus familias y hogares.

El pasado mes de octubre dos brasileños viajaron al campo de refugiados de Suruc para filmar un documental sobre la situación en la zona.

Sérgio Utsch, periodista, y Valnei Nunes, fotógrafo y cámara, se desplazaron allí con la intención de ver el conflicto desde una perspectiva muy concreta: la de sus víctimas.

Su misión era grabar un documental sobre la crisis humanitaria que se está viviendo en la zona.

Sérgio es un veterano de la profesión pero para Valnei era la primera experiencia en terreno bélico:

“Aunque ya había estado trabajando diez años en el sector de Derechos Humanos cubriendo el maltrato en instituciones psiquiátricas y problemas en territorios indígenas en Brasil, este ha sido mi primer trabajo en zona de guerra y la experiencia más impresionante y profunda de mi carrera, principalmente porque aquellos que son kurdos y tienen respeto y conciencia por sus derechos e historia”

Las fotografías expuestas en “Displaced”* fueron tomadas por Nunes mientras él y Utsch grababan el documental y hablaban con los kobaníes forzados a desplazarse al campo de refugiados de Suruc.

No es casualidad que las escenas fotografiadas muestren a los más vulnerables de esta guerra: niños, mujeres y ancianos.

Mediante esta elección, “consciente”, según el fotógrafo, es posible transmitir el mensaje que bien puede aplicarse a todas las guerras y conflictos: los que sufren y los perdedores siempre son los mismos.

Hunger - Valnei Nunes“En una ocasión fui a la plaza donde el camión de la ONU solía distribuir la comida del día para las familias”, relata Valnei.

Cuenta que “una multitud de niños se abalanzaron a la cola. Me subí al camión y por la ventana, al lado de la gran olla de comida, un grupo de críos de todas las edades se empujaban con cubos vacíos en las manos para conseguir un mejor sitio en la fila. Muchos de ellos estaban recogiendo la comida del día para sus familias de entre 15 y 20 personas. Llamé a la plaza “El Jardín de los Refugiados”, donde a pesar de la tristeza de la situación vi una belleza inolvidable en las telas de colores de las mujeres kurdas extendidas en los arbustos”.

Niños jugando en la basura bajo la atenta mirada de su madre, ancianos de mirada infinitamente triste… y a pesar de todo, estas personas hacen todo lo posible por continuar con su rutina como si la guerra no existiera. Sin dramatismo ni artificialidad, las escenas fotografiadas muestran la vida “normal” de aquellos que viven en medio del caos.

“Evité mostrar esta guerra como la clásica imagen de gente llorando, bombas, desgracia y sufrimiento”, afirma Valnei.

“En contraste con estas problemas de la guerra quise capturar el día a día mostrando telas de colores, una sonrisa de una niña pequeña, ojos profundos de niños, un hombre rezando cerca del campo de batalla, una mujer enfrente de la cuerda de tender al lado de la muralla en el campo de refugiados… Me refiero a gente viviendo sus vidas con cierto sentido de dignidad.”

Aun así, ambos fueron testigos de los horrores causados por esta guerra. Además de convivir con el peligro que es parte de la rutina en territorio bélico, observaron en primera persona el dolor de los más vulnerables.

“Había un niño, de unos cuatro años, que estaba viviendo en una de las tiendas que estaban siendo utilizadas para dar cobijo a los refugiados. Yo tenía una mandarina en el bolsillo y cuando empecé a pelarla, vino y me mordió el brazo: estaba muerto de hambre. Empecé a llevar comida del hotel donde estábamos hospedados para dársela a los niños.”

Valnei NunesNo sólo el hambre es uno de los problemas más acuciantes, la asistencia médica primaria es casi nula y ser atendido por un médico puede llevar días. Tal y como cuenta Sérgio, una de las decisiones más difíciles en este tipo de situaciones extremas es no involucrarse personalmente.

“Es muy difícil mantener una distancia emocional pero es necesario la mayoría del tiempo”, explica el periodista.

“Fui allí a trabajar, para informar sobre la guerra y la crisis de refugiados. No podía perder el norte, aunque a veces estaba tentado a dejar todo y ponerme simplemente a ayudar a esas personas. En esos momentos tienes que parar, respirar profundamente y pensar que el periodismo es de hecho una manera de ayudarles”.

Tanto Sérgio como Valnei ya están pensando en regresar a Suruc. Utsch espera a que su compañía le dé luz verde. Nunes, mientras tanto, está preparando más exposiciones de sus fotografías en diferentes países para informar a la gente sobre la lucha del pueblo kurdo:

“Me gustaría volver. De hecho estoy planeando estar en el campo de refugiados para escribir un libro con fotografías sobre una familia refugiada específica.”

*“Displaced” se expuso del 20  de febrero al 6 de marzo en la Gallery 32 de la Embajada de Brasil. El 20% de las ventas de fotografías fue destinado a las familias refugiadas de Kobane.

(Fotos suministradas para la prensa)

 

 

Share it / Compartir:

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

*