Globo, Mundo, Reino Unido

Covid-19 en África: se avecina una catástrofe

El tiempo para actuar y prevenir una catástrofe se acorta. Si Europa y Estados Unidos dicen que para ellos lo peor está aún por venir, imaginemos la tragedia incalculable vivirá este continente. Las consecuencias económicas de la actual pandemia ya se hacen sentir a todo nivel, y esta emergencia sanitaria de incalculables consecuencias, también tendrá implicaciones políticas.

 

Ángel Villa Hernández

 

Tras siglos de esclavitud, colonialismo, discriminación y atraso, el continente africano llegó al siglo XXI con nuevos bríos para demostrar que se puede transformar la vida de sus millones de ciudadanos. E incoando 2020 empezaron sus esfuerzos por concretar el Área de Libre Comercio Continental -apoyada por un crecimiento económico sostenido superior al 4% – y el Mercado Aéreo Común.

Pero apareció, oficialmente, el Covid-19.

Y al mundo parece no importarle. Aunque hace mucho el mundo parece haber olvidado que en África las principales causantes de muertes son la malaria, la tuberculosis, el VIH-sida y otras enfermedades. Y casi olvidado su terrible crisis de ébola entre 2014 y2015 en África Occidental, renovada en menor grado el pasado año con el brote en la República Democrática del Congo.

Hoy la atención mediática mundial se concentra principalmente en China, Europa y

Estados Unidos, a partir de las visibles realidades que enfrentan las principales economías del mundo, supuestamente mejor preparadas para una contingencia como el coronavirus.

Hay importantes voces -incluida la OMS-, que encienden las alertas sobre África, continente que hoy acusa niveles aparentemente bajos de infestación y muertes, sin reportes masivos de transmisión autóctona, pero que evidentemente parece esconder cifras espeluznantes a partir de su realidad socio-económica.

Aunque ya la mayoría de los 55 Estados poseen laboratorios para detectar este virus, no en todos se hacen pesquisas masivas ni otras acciones agresivas para descubrir los potenciales casos, a partir de las políticas gubernamentales existentes, que en parte se restringen por la no disponibilidad de kits de diagnóstico, las limitadas capacidades para su procesamiento y la imposibilidad de brindar atención médica a un aluvión de contagiados.

Ante la actual crisis de Covid-19, los gobiernos africanos adoptaron políticas diversas que van desde el cierre total de fronteras, la suspensión de clases y la paralización de actividades, hasta la realización de campañas centrales de concientización sobre el virus.

Sin embargo, en África muchas poblaciones se mantienen marginadas del acceso a electricidad, agua potable, servicios de salud, educación e internet, entre otros.

Lo anterior sume en la pobreza real a millones de personas, para las cuales las decisiones tomadas por sus gobiernos relativas a la higienización y el distanciamiento entre las personas, constituyen quimeras inalcanzables en caso de que lleguen a conocerlas.

Por todo ello, si Covid-19 logra transmisiones locales en África -como es muy previsible-, habrá que esperar que las cifras de desnutridos, desplazados, analfabetos, refugiados y otros grupos extremadamente vulnerables encabecen las listas de víctimas mortales.

Tanto el ébola como Covid-19 han demostrado que las tradiciones y costumbres en África son excelente vehículo para su rápida propagación, por lo que por más cierres que se establezcan, ningún Jefe de Estado africano logrará sensibilizar a toda su población sobre la necesidad de no abrazarse y besarse.

También de lavarse frecuentemente las manos y de mantener distancia, cuando les fuerzan a hacerlo los hábitos, las arraigadas creencias religiosas, los rituales tradicionales, las extremadamente abarrotadas aulas de las escuelas, los precarios servicios de salud, los folclóricos y desbordados medios de transporte, los frecuentes y masivos funerales. Mientras, el personal calificado y los recursos para enfrentar situaciones de esta naturaleza generalmente escasean.

Si los que tienen acceso a las altas tecnologías médicas, con poblaciones en muchos casos inferiores a las de África, no han podido hacer frente a esta enfermedad con el decoro que se esperaba, imaginemos qué pasará en esta zona del mundo.

A lo anterior hay que añadir el que quienes tradicionalmente han donado recursos a África se encuentran hoy en el epicentro de la crisis.

Ello reduce significativamente las posibilidades de garantizar ayudas inmediatas para esos países, y obliga a diferir o condenar al olvido las acciones preventivas y de cura que se pagarán con creces a mediano y largo plazo.

Hoy se ve en distintos confines de la geografía africana a iglesias que, desoyendo las directivas gubernamentales, llaman a acudir masivamente a orar porque el virus no les afecte, a países que en su afán de imponer medidas centralizadas cerraron su comercio exterior y ello afecta incluso las posibilidades de recibir ayuda exterior de emergencia.

En tanto, en muchos otros no existe un protocolo bien definido para tratar esta enfermedad, mientras pululan engendros de la medicina tradicional que bien podrían evitar la influenza, pero no el nuevo coronavirus. (PL)

(Fotos: Pixabay)

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