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Riéndose de la vida, llorando también

Un anciano, el barón del título del libro, regresa a su Hungría natal desde Buenos Aires. De alguna manera, -ya que, entre otras cosas, este es un libro que trata de historias falsas-, una historia sobre la gran riqueza del barón recoge credibilidad.

 

Laszlo Krasznahorkai. Foto suministrada por la editorial

Sean Sheehan

 

Se dice que él distribuirá generosamente su riqueza alrededor de su ciudad natal en mal estado y se hacen los preparativos para una fiesta oficial de bienvenida para cuando llegue en tren.

El barón ha escrito al amor de su infancia, que nunca abandonó la ciudad donde crecieron, pidiéndole verla una vez más.

La mujer tiene ahora más de sesenta años y casi no puede recordarle, pero ahora divorciada y decepcionada con los hombres, la carta despierta su capacidad latente para el romance y se convierte en parte de la elaborada ceremonia de bienvenida en la estación de ferrocarril.

Hay una emoción palpable cuando llega el tren que transporta al barón. Todos han llegado a echar un vistazo a este plutócrata que transformará sus vidas.

Es anunciado como un mesías monetizado. Un carruaje decorado por cuatro caballos lo está esperando y el grupo local de motociclistas fascistas se reúne también para saludarlo.

El grupo de motociclistas aparece en una sub-trama que involucra a un profesor retirado que se ha convertido en ermitaño en las afueras de la ciudad.

Este botánico de fama mundial sufre una crisis intelectual, habiendo perdido toda creencia en la ciencia empírica y busca inmunizarse a sí mismo del pensamiento como solución radical a su pérdida epistemológica de la fe.

El profesor restringe su pensamiento a unas pocas horas al día, de 3 a 5 p.pm, filosofando para sí mismo sobre las matemáticas de Cantor y los infinitos múltiples. Él ha concluido que la ciencia sólo puede manejar lo que es finito y considera el miedo, la vida y la muerte como una explicación vital de la triste situación de la humanidad.

Surge una similitud reveladora entre las reflexiones nietzscheanas del profesor y la compresión del barón de que su regreso a casa sólo ofrecía una ilusión de encontrar algún significado a su vida.

Ambos personajes alcanzan un punto terminal en su conciencia de la locura de la existencia; no pueden entender por qué tienen que existir. Marika, el amor de la infancia del barón se une a ellos para examinar lo que sus años vida les han enseñado.

Foto: Pixabay

Todo esto puede parecer una lectura sombría y miserable, pero no es nada por el estilo.

El libro es, en muchos sentidos, una comedia estimulante y aunque la historia se basa en un entorno contemporáneo- hay teléfonos inteligentes y refugiados para recordarnos que este es nuestro mundo-, las oraciones se desarrollan de una manera tan elocuente y lánguida que parecen bastante anticuadas.

Este estilo de escritura es engañoso, enmascarando una presentación poco sentimental del desaliño de la vida de tantas personas.

El interés propio, la estupidez y la desvergüenza están en todas partes y si no puedes reírte de ello, pasarás demasiado tiempo apenándote por ello.

“Baron Wenckheim’s Homecoming”, de László Krasznahoraki es una publicación de Tuskar Rock Press

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