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El impacto social por la demanda del ‘oro verde’ de Sudamérica

Ese oro verde es el aguacate, fruta originaria de Mesoamérica, rica en grasa vegetal, vitaminas, ácidos grasos, proteínas y minerales. La alta demanda está impulsando la deforestación de selvas y bosques por toda Latinoamérica, para crear más zonas de cultivo y obtener mayores cosechas, al tiempo que la exportación de la verde fruta es un importante foco de contaminación.

 

Marnie Fiallo Gómez

 

Su aceite, de propiedades antioxidantes, es utilizado en mascarillas faciales, tratamientos capilares y cremas corporales, aunque el aguacate es consumido principalmente como alimento, ya sea en ensaladas, como guarnición y en guacamole, la reconocida internacionalmente salsa mexicana.

Esta fruta, conocida también como el “oro verde” se cultiva en distintas variedades con diferentes características, como el color, grosor de la piel, tamaño, e incluso hasta sus hojas son aprovechables frescas o secas como condimento de varios platos. La gran demanda de aguacate ha hecho que sus plantaciones transformen grandes extensiones de ecosistemas nativos y muchos se preguntan si es sostenible este cultivo, el cual necesita de 800 litros de agua por cada kilogramo.

En Europa, el consumo de la tropical fruta ha multiplicado las importaciones en los últimos años y en la principal zona de producción de la región: la Axarquía malagueña, se ha desatado una guerra por el agua.

Ya es un negocio en España cultivar aguacates, al punto que muchos agricultores andaluces arrancaron sus olivos y encinares centenarios de secano para plantarlos y en Valencia se queman hectáreas de naranjos para dedicarlas al nuevo cultivo.

En la ciudad chilena de Petorca ya empiezan a notarse los efectos de la sobreexplotación agraria provocada por la alta demanda de aguacate. Los ríos y reservas de agua subterránea se han secado y provocado una grave sequía en la región que muchos achacan al riego de de ese cultivo.

La alta demanda está impulsando la deforestación de selvas y bosques por toda Latinoamérica, para crear más zonas de cultivo y obtener mayores cosechas, al tiempo que la exportación de la verde fruta es un importante foco de contaminación.

El transporte suele hacerse por avión entre lugares muy distantes (de Latinoamérica a Europa, China o Estados Unidos), lo que genera una gran cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero que empeora el cambio climático, tesis que fundamentó una investigación de la estadounidense Universidad Estatal de Michigan.

Mientras en los Estados Unidos el consumo aumentó un 443% en los últimos 20 años y en China, el país más poblado del planeta, también se ha puesto de moda.

En México, además del desencadenamiento de la forestación y el abuso de recursos hídricos, la cosecha del aguacate llama la atención de la delincuencia que han depredado a agricultores al grado de sustraerles, vía secuestros, extorsión y otros delitos, más de 150 mil dólares anuales, según el portal Insight Crime.

Incluso medios de prensa de México han divulgado que en San Juan Parangaricutiro pequeños agricultores hacen turnos para gestionar la seguridad de un puesto de control contra ladrones y extorsionistas de los cárteles de la droga que asaltan los sembrados y contrabandean la fruta.

Estas situaciones provocadas por el auge del consumo de aguacate no solo están trastocando el ecosistema, sino que el desvío de grandes cantidades de agua para el riego de las plantaciones va en detrimento también de los sistemas hídricos y de otras actividades y comunidades.

Incluso la fauna ha sufrido y un ejemplo es la mariposa monarca. El cambio en el ecosistema perjudicó directamente a la conocida como “ruta de la monarca”: un corredor migratorio para estos insectos que abarca miles de kilómetros y que transcurre desde Canadá a México.

Muchas personas en el mundo piden a los gobiernos de los países más productores acciones apropiadas para atender y frenar los problemas y excesos, así como que el mercado del aguacate a nivel global sea autoregulado de modo que sea una actividad sustentable, justa y protegida de abusos.

Ya es un hecho la sensación de miedo de los productores y habitantes de las zonas linderas a las plantaciones, ya sea por la violencia o por la sequía de la tierra y la escasez de agua para la población que genera la producción de aguacate. En esencia, hay que movilizarse por solucionar los problemas de delincuencia, daño ecológico o injusticia laboral que afectan a la industria del aguacate. (PL)

(Fotos: Pixabay)

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