Cinema, Migrantes, Multicultura

La caravana migrante a través Centroamérica

Estas caravanas son actos masivos de resistencia. El cine se convierte en activismo mostrando a las personas que viajan y su propio poder como protagonistas. La historia de una mujer y sus hijos pone de manifiesto la pobreza, la huida de la violencia doméstica y los prejuicios contra el colectivo LGBTQ.

 

Graham Douglas

 
20.000 personas hicieron un recorrido de 4000 km, pasando numerosos puntos de control y tomándoles 10 semanas: suficiente para que los cineastas establecieran estrechas relaciones.

Con tanto material, decidieron hacer dos películas.

La actual es un retrato íntimo que se centra especialmente en una mujer, Lilian, su familia y amigas. La segunda mostrará la caravana en el contexto más amplio de la migración en la región, la violencia doméstica y los fracasos del estado y de sus autoridades.

Es aquí donde los directores creen que la película puede ser más influyente: ‘para mostrar la realidad de la vida migrante a las personas que no la conozcan, especialmente a los grupos que trabajan con ellos’.
Como afirmó uno de los niños: “Guatemala está más vacía que nuestra nevera”.

Jakob Krese

La película Lo que queda en el camino”(“What remains on the way”), fue realizada por Jakob Krese y Danilo do Carmo, codirectores, mientras que Jakob y Annika Mayer dirigen una pequeña productora, Majmun films en Berlín. Y este fue su primer gran proyecto, después de un cortometraje, “La espera. The Prisma habló con Jakob tras la proyección de la película antes invitados reconocidos en el festival Visions du Reel. Esta se estrenará en una fecha futura.

¿Cómo y por qué?

Estuve viviendo en México y América Central durante un par de años, y quedé impresionado por las caravanas como actos de resistencia colectiva. Un amigo estaba organizando la parte LGBTQ de la caravana, así que decidimos ir a Tijuana cuando llegó en octubre de 2019.

Las caravanas son muy importantes para las mujeres, porque además del dinero que pagarán a los contrabandistas, corren un riesgo mucho mayor viajando solas. También sufren violencia doméstica y el marido tiene todo el dinero, por lo que no pueden ahorrar, pero cuando escuchan en las noticias que una caravana se va, simplemente hacen sus maletas y se van con sus hijos, sin decírselo a nadie.

Los tres teníamos solo $ 2500, cuando nos enteramos de que otra caravana se iba. Teníamos suficiente para el billete de avión, así que fuimos a Honduras, y nos encontramos con personas que se unían en la estación de autobuses.

¿Dónde durmieron durante el trayecto?

Estuvimos con la caravana todo el tiempo, durmiendo en parques o donde fuera. Alojarse en hoteles está bien para un periodista, pero no si estás realizando una película íntima como esta. Además, ¡teníamos poco dinero! Cuando uno de nosotros estaba enfermo – pues la higiene no era muy buena- cogíamos una habitación pequeña para ellos. Teníamos mucho equipaje, por lo que después de dos días decidimos turnarnos para viajar en autobús, mientras yo me quedaba todo el tiempo en la caravana con la cámara y el equipo de sonido. Verás como la imagen se mueve mucho al inicio del viaje.

¿Cómo contactaron con las mujeres del centro de la película? ¿Organizó una ONG la caravana?

Fue organizada por las propias personas, con un colectivo hondureño llamado Pueblos sin Fronteras. Era orgánico, e implicaba conflictos. La mayoría eran trabajadores hondureños y guatemaltecos que no tenían ninguna experiencia en activismo político.

¿Cómo influyó la presencia de la cámara en las respuestas de la gente y de las autoridades?
Teníamos una cámara grande, que proporcionaba alguna protección porque cuando la veía la policía, cambiaba su actitud, y eso nos hizo más bienvenidos entre las personas de la caravana.
Por lo que las autoridades parecían menos problemáticas. Siempre había periodistas presentes, y a veces las personas se cubrían el rostro para no ser vistas en televisión, hasta que les dijimos que no era una filmación para las noticias. ¡Y decían a los periodistas: “No, tenemos nuestro propio equipo de rodaje”!

Caminando 40 millas cada día y durmiendo en parques creas una conexión muy fuerte, cuando la gente ve que no desapareces para ir a un restaurante o a un hotel cada noche. Evidentemente, teníamos libertad para irnos en cualquier momento, por lo que no digo que viviéramos como ellos.

Preferíamos a personas que no estuvieran interesadas o no se sintieran molestas por la cámara, porque nos volvíamos más invisibles y la película, más íntima. Pero después tuvimos que hablar sobre la edición con ellos, ya que a veces se daban detalles muy íntimos.

¿Les dijeron donde se mostraría la película: que ellos podían tener problemas unos meses después?

Con Lilian esto no fue un problema, porque su marido ya lo sabe, están en contacto en Facebook. Pero tenemos mucho más material que usar en otra película, sobre dos hermanas que entraron en los EE.UU. y tenemos que ser muy precisos sobre el proceso de asilo.
¿Cuál fue la actitud de las autoridades,  en general?

Honduras cerró la frontera con Guatemala para personas sin pasaporte, lo cual es ilegal ya que hay un convenio CA-4 que permite a las personas desplazarse entre esos países, Nicaragua y El Salvador. Y pararon a mujeres con hijos sin autorización del padre, lo que para muchas de ellas era imposible. Hubo enfrentamientos con gases lacrimógenos y fuimos por el bosque con algunas de las mujeres.

Dentro de Guatemala, la política era mantener a la gente en movimiento y no llamar la atención negativa de los medios de comunicación como sucedió anteriormente. Después de las elecciones mexicanas, el presidente dio la bienvenida a personas como familia y dio 10.000 visas permitiendo a la gente moverse libremente en México e incluso a trabajar durante un año.

Todos llamaron a sus familias, pero muchos llegaron sin papeles y se les negó la entrada. Y el alcalde de la ciudad fronteriza guatemalteca organizó turbas de vándalos que empezaron a golpear a los migrantes con palos y a empujarlos fuera del país. Incluso algunos de los oficiales fronterizos huían, y el gobierno tuvo que abrir las instalaciones fronterizas para lidiar con los números.

Ellos pensaron que concediendo el permiso podían mejorar su imagen y dispersar la caravana, pero la gente tenía miedo del viaje en solitario y no tenía dinero; alrededor de 7000 tomaron autobuses a Tijuana, mientras los demás continuaban caminando. El gobierno mexicano fue de gran ayuda al principio y la policía pedía a los camioneros que llevaran a la gente, -impensable en Europa- pero el último mes después de la Ciudad de México fue la parte más difícil, solo desierto y cactus.

Entonces Trump comenzó a presionar al gobierno mexicano y de repente no se les permitió a las personas hacer autostop o subir a los trenes.

¿Existe un papel político para este tipo de documentales?

El resultado más importante es que los grupos que trabajan con migrantes, en EE.UU. y en otros países, vean y escuchen las experiencias de los migrantes. El mejor antídoto contra el racismo es el contacto, por lo que películas como esta pueden mostrar la realidad de la vida migrante a personas que no la conocen. Los festivales de cine son agradables, pero son eventos de clase media.

También repetiremos el recorrido proyectando la película en los albergues a lo largo de la ruta, pues tiene que volver a la comunidad. Cuando exhibimos partes de la película durante el viaje, la gente la discutía mucho, y esto es muy importante. Es aquí donde la gente ve su poder como protagonistas, ese es el punto principal de la película.

Esta película se centra en la historia de Lilian, pero tenemos mucho más material que queremos usar para mostrar el contexto más amplio de la caravana. También realizamos un cortometraje, La Espera, que ha sido bien recibido en los festivales, que trata sobre una sola noche del viaje.

¿Su próximo proyecto?

Estamos editando la segunda película con el título provisional de “Caravaneras”. Y tengo un proyecto personal para contar la historia de mi familia a lo largo de tres generaciones, empezando con los partisanos en Yugoslavia en la Segunda Guerra Mundial. Mi madre, que estaba en Sarajevo cuando esta fue ocupada, se mudó a Alemania, donde yo crecí, ya que la situación era insostenible, por lo que la migración es un tema personal para mí.
Estamos haciendo además un cortometraje sobre la violencia doméstica en Alemania.

No sabemos cuándo “What remains on the way” estará disponible en streaming, pero se puede seguir el progreso en Maimunfilms.

(Traducción de Lidia Pintos Medina) – Fotos: Majmun Film, suministradas por el entrevistado.
 

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