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La pandemia y La Peste

Cuando hago la compra en el supermercado local con mi mascarilla puesta me siento como un criminal o un espía, encubierto, al acecho entre los estantes, tratando de permanecer socialmente distanciado, fuera del espacio personal de la gente.

 

Steve Latham

 

Este es el futuro-presente. Incluso ahora, que se están relajando las restricciones, nos han marcado de forma permanente, o por lo menos hasta el próximo año.

Durante la pandemia, muchos de nosotros buscamos recursos que nos ayudaran a navegar por la incertidumbre. He leído otra vez La Peste, de Albert Camus, (¡en inglés, no en francés!), publicado en 1947.

La Peste se interpreta a menudo como una alegoría de la Francia de Vichy y su colaboración con los invasores nazis alemanes; y, por extensión, como una crítica de todo totalitarismo, incluyendo la Rusia soviética.

También es un folleto existencialista que expone la superficialidad de la vida cotidiana. Camus ataca la forma en que esta ciudad no tiene “ni idea” de nada más allá, de algo más significativo que ganar dinero.

Sin embargo, leerlo de nuevo durante el Covid hace que su imagen de la epidemia en la ciudad argelina de Orán (que se encontraba entonces bajo el control colonial francés) resuene de manera relevante en nuestros tiempos.

Este es, después de todo, el distintivo de un clásico literario, en oposición a la literatura barata: permite una variedad de lecturas más profundas cada vez que uno vuelve a él.

En la novela, la peste dura alrededor de un año, igual que nuestra propia pandemia. Y las medidas progresivas adoptadas para combatirla se parecen a las nuestras. Camus escribe sobre ese periodo como un “exilio”, un tema que explora en su colección de cuentos cortos de 1957, «El exilio y el reino», que examinan la soledad existencial y el aislamiento en la sociedad.

Pero en La peste es un “exilio en casa”, ya que la gente permanece en cuarentena en sus propias casas. Sin embargo, hay una gran diferencia con nuestro propio “confinamiento” y “distanciamiento social”.

En Orán solo encerraron a los enfermos. En contraste con nuestra difícil situación, el libro detalla la continuación de las reuniones sociales en bares y cafés a lo largo de la crisis.

¿Quizás porque eran franceses? Pero a nosotros, por otro lado, nos han prohibido en todo el mundo tales contactos y nuestros bares y restaurantes han permanecido cerrados.

También señala que la gente fue apartada del consuelo de sus familiares y amigos y se refiere a ellos como los “separados”.

No obstante, hubo otro intelectual francés antes de Camus que escribió sobre la peste. Antonin Artaud, fundador del teatro de la crueldad, dio una conferencia en 1933 sobre «El teatro y la peste». Vio que las transformaciones que tenían lugar en la sociedad durante los periodos de peste eran similares a los cambios que el teatro podía evocar en la gente.

Esto no era una novedad. San Agustín señaló el mismo potencial que tienen las obras de teatro para perturbar y transformar; aunque este lo vio como algo negativo y Artaud como algo positivo.

Para Artaud, la peste y el teatro podrían acabar con la complacencia de la sociedad burguesa, promoviendo una aprehensión metafísica, mística, ajena a las limitaciones superficiales del racionalismo.

En el caso de Artaud, este deseo condujo a nuevos ataques de esquizofrenia y a la encarcelación en hospitales psiquiátricos.

Pero, ¿es posible que nuestra peste actual nos lleve a explorar aspectos espirituales más profundos de la vida, reemplazando la sofocante superficialidad de nuestra civilización materialista anterior a la crisis?

(Traducción de Iris María Gabás Blanco – irisbg7@gmail.com) – Fotos: Pixabay

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