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Vivir en la Alemania nazi

Jack Nicholson, en la película de 1975 “The passenger”, interpreta a un personaje que cambia su identidad por la de alguien recientemente fallecido.

 

Sean Sheehan

 

Una novela con el mismo título, “The passenger” (El pasajero), fue escrita casi cuatro décadas antes, pero permaneció prácticamente desconocida durante setenta años.

Su protagonista es un judío alemán, Otto Silbermann, que también intenta desprenderse de su identidad actual.

En el caso del papel de Nicholson, la causa es una angustia metafísica indefinida, pero para Silberman es la presencia física de los matones nazis golpeando la puerta de su casa. Obligado a huir, Silbermann se convierte en pasajero de los trenes que le llevan a cualquier lugar de Alemania, excepto a algún sitio que pueda ofrecerle refugio de la persecución.

Ulrich Alexander Boschwitz escribió “The passenger” después de los acontecimientos de Kristallnacht (la Noche de los Cristales), pero como judío alemán se había dado cuenta tres años antes de que necesitaba salir de su propio país.

Se dirigió a Inglaterra, pero fue deportado a Australia como “extranjero enemigo” hasta que en 1942 se le reconoció su estatus. Desgraciadamente, el barco que le llevaba de vuelta a Inglaterra fue hundido por un submarino alemán y perdió la vida.

Boschwitz murió como refugiado y supo lo que significaba sentirse como tal en su propio país. Fue testigo de la creciente severidad de las leyes antisemitas, promulgadas en los años posteriores a la llegada de Hitler al poder en 1933, y su personaje Silbermann las experimenta cuando se ve obligado a vender su negocio a precio de saldo por un socio comercial oportunista que creía que era un amigo.

Géraldine Schwarz, en sus memorias “Those who forget” (Los que olvidan), descubre que su abuelo era exactamente el tipo de hombre que estafa a Silbermann.

Encuentra un contrato que estipula la venta en 1938 a su abuelo de una pequeña empresa petrolera de dos hermanos y su cuñado. Eran judíos.

“The passenger”  es una ficción que anticipa el horror que representaron los nazis mientras que “Those who forget” es un relato de la vida real de alemanes que no pudieron, o decidieron, no ver lo que estaba sucediendo en su país.

No tuvieron que unirse al partido nazi para convertirse en participantes voluntarios de lo que sería el Holocausto.

Sólo tenían que hacer la vista gorda cuando los conciudadanos que llevaban la estrella amarilla eran acorralados, y sus casas, objetos de valor y negocios eran vendidos a los no judíos.

Sólo tuvieron que ignorar los rumores de atrocidades en Europa del Este.

Schwarz amplía su relato para analizar el modo en que la Alemania de la posguerra ignoró inicialmente, pero llegó a reconocer gradualmente, lo que había sucedido.

Sin embargo, se equivoca al reaccionar con la previsible repulsión liberal ante la Fracción del Ejército Rojo, al no advertir que sus miembros y partidarios eran hijos de la generación que permitió el triunfo del nazismo.

Su reconocimiento de esto fue clave para su violenta oposición a la hipocresía que consagraba el Estado alemán occidental.

“The passenger”, de Ulrich Alexander Boschwitz, y “Those who forget”, de Géraldine Schwarz, son publicados por Pushkin Press.

(Traducido por Mónica del Pilar Uribe Marín)

 

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