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Soñar con los ojos abiertos

El capítulo inicial de esta extraña novela, «Un viaje a Arcturus», describe una sesión de espiritismo en Londres, a la que asisten dos personajes llamados Maskull y Nightspore.

 

Sean Sheehan

 

Se pide al médium que explique su confianza en que se producirá una manifestación. Responde: «Sueño con los ojos abiertos y los demás ven mis sueños».

Esta es una forma de intentar comprender el relato del viaje de Maskull a un planeta que orbita alrededor de Arcturus y sus experiencias allí.

Se encuentra con algunos seres peculiares, empezando por Joiwind, una mujer cuya belleza y nobleza no se ven afectadas por el hecho de tener un órgano extra que sobresale de su frente.

Ella le presenta dos plantas, el ulfire y el jale, con nuevos colores que él sólo puede describir por analogía: «Así como el azul es delicado y misterioso, el amarillo claro y poco sutil, y el rojo sanguíneo y apasionado, el ulfire le pareció salvaje y doloroso, y el jale onírico, febril y voluptuoso».

Maskull también se fija en una planta, con raíces púrpuras que giran como los radios de una rueda sin aro y que impulsan su movimiento.

Maskull disfruta del estilo de vida vegano de Joiwind, pero cuando más tarde se encuentra con otra mujer, Oceaxe, se ve obligado a comer carne, pero «la comida tenía un sabor nauseabundo e incluso caníbal».

Oceaxe, que vive en una parte del planeta habitada por insectos homicidas que drenan a los humanos de su sangre, tiene un conjunto de valores muy diferente y tiene un inequívoco interés sexual en Maskull.

Tydomin, otra mujer de mentalidad fuerte -obliga a Oceaxe a suicidarse caminando por un acantilado- tiene una actitud impresionantemente audaz ante la vida: «Siento que lo único por lo que vale la pena vivir es ser tan magnánimos que el propio destino se asombrará de nosotros. Entiéndame. No es cinismo, ni amargura, ni desesperación, sino heroísmo».

Maskull se asombra, como es lógico, de las criaturas con las que se cruza, como cuando se encuentra con un monstruo en un arroyo y sufre una visión borrosa y luego se encuentra con que puede mirar a través del cuerpo del animal y ver sus venas de sangre. La sangre aparece descompuesta en una miríada de partículas, cada una de ellas como un sol brillante.

Esto es sólo el comienzo de su conocimiento de cientos de organismos extraños que suponen una burla a la taxonomía utilizada en la Tierra para clasificar las formas de vida.

El desconcierto se extiende a lo que llamaríamos vida humana: hay un tercer sexo que requiere un nuevo pronombre, «ae», porque no puede considerarse simplemente masculino o femenino. Otro personaje entiende la gravitación como el planeta que emana partículas femeninas que las partes masculinas de las rocas y los cuerpos vivos intentan alcanzar continuamente.

A medida que la odisea de Maskull continúa, la historia se vuelve cada vez más disparatada, como si Lindsay hubiera consumido demasiados hongos mágicos y leído demasiado a Nietzsche, pero sus excentricidades hacen que la lectura sea compulsiva.

Las escenas finales de la novela son tan descabelladas como el lector espera que sean y el lector tiene que preguntarse si es mejor dejar los sueños para el mundo del sueño con los ojos cerrados.

“A voyage to Arcturus”de David Lindsay, está publicado por Penguin Books.

(Traducido por Monica del Pilar Uribe Marin) – Fotos: Pixabay

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