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Noticias que siguen siendo noticias

Merece la pena leer toda la ficción de China Miéville por sus resonancias políticas, filosóficas y culturales. “The City & The City” y «Embassytown» son extraordinarias.

 

Sean Sheehan

 

También es un convincente escritor de no ficción, y “A spectre, haunting”  (Un espectro que acecha), una especie de precuela de su anterior «Octubre», es un libro maravilloso sobre otro texto magnífico, uno que «se aferra incansablemente a la liberación y arde de furia ante la injusticia»: «El Manifiesto Comunista» de Karl Marx y Federico Engels. Tanto el Manifiesto como el libro de Miéville son acontecimientos y constituyen lo que Ezra Pound decía de la literatura: «noticias que siguen siendo noticias».

El «Manifiesto Comunista» se inscribe en la venerable tradición del panfletarismo religioso-político, pero nada en esta genealogía ha alterado tan permanentemente nuestra forma de pensar el mundo.

Al igual que la declaración de una Irlanda republicana independiente leída en una calle de Dublín en 1916, es un acto de habla. Con apenas 12.000 palabras y una tirada inicial de unos 4.000 ejemplares, el Manifiesto se reproduce al final de “A spectre, haunting” .

Miéville describe el contexto que condujo al encargo del Manifiesto, por parte de un grupo de emigrantes que pasaron desapercibidos, antes de ofrecer un resumen anotado del texto.

En él se destaca el asombro ante el vuelco económico, social y cultural del mundo por parte de la burguesía («todo lo sólido se funde en el aire»), el ethos primario de esta clase («cálculo egoísta») y su barrido globalizador («debe anidar en todas partes, instalarse en todas partes, establecer conexiones en todas partes»): En una palabra, crea el mundo a su imagen y semejanza».

Se aclaran los malentendidos del Manifiesto; su llamamiento a abolir las relaciones de propiedad no significa el fin de las posesiones personales. El comunismo hace que los conceptos de democracia, individualidad y comunidad sean dignos de su nombre. Se evalúa lo que resiste la prueba del tiempo en el texto y lo que es una aspiración en el Manifiesto. Su aparente falta de dimensión ética se ha confundido con su animadversión a la moralización, mientras que las críticas a su optimismo frente a la historia real de la URSS se cuadran.

Se abordan las objeciones sobre la base de que pone en primer plano de forma reductiva la clase: Marx y Engels nunca afirman que la guerra de clases consciente se produzca constantemente, sino que se puede insistir legítimamente, sin ser simplistas, en la realidad del conflicto de clases como motor de la historia. Se reconoce que el Manifiesto infravalora la fuerza conservadora del nacionalismo y que no da suficiente importancia a la clase.

“A spectre, haunting”  es una rara combinación, a la vez erudita y emocionante de leer. El calibre de la capacidad analítica y de diagnóstico de Miéville es necesario para hacer justicia a un manifiesto que es una llamada a las armas retórica, poética, airada, melodramática, intervencionista, polémica prometeica, lírica, persuasiva, asombrosamente premonitoria en su percepción de un capitalismo globalizador, voraz y adaptativo. Miéville reclama más y mejor odio de clase; un odio guiado, como señaló el Che Guevara, «por un gran sentimiento de amor».

“A spectre, haunting”, de China Miéville, ha sido publicado por Head of Zeus.

(Traducido por Monica del Pilar Uribe Marin) – Fotos: Pixabay

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