A excepción de la Acrópolis de Atenas, el yacimiento de la Antigua Grecia más visitado es Delfos. Pero existió otro oráculo que ofrece una visión igualmente fascinante de una cultura diferente.
Sean Sheehan
Un oráculo, dotado de clarividencia, puede profetizar, y esta capacidad de predecir el futuro no es poca cosa. Todos podemos apreciar su atractivo, pero el estatus de los oráculos en la antigua Grecia es totalmente diferente y mucho más intrigante que el encanto superficial de los horóscopos o los desvaríos de las sectas cristianas, cuyos anuncios sobre la llegada del Apocalipsis podrían merecer cierto respeto si sus predicciones se basaran en la ciencia climática.
Se piensa que Dodona, el lugar más importante dedicado al culto a Zeus, data de la Edad del Bronce (hacia el 3000 a. C.). La referencia más antigua al santuario se remonta al siglo VIII a. C. Tres siglos más tarde, Heródoto lo considera el lugar de adivinación más antiguo de Grecia. Se trataba de un santuario al aire libre, y las ceremonias tenían lugar en torno a un roble sagrado rodeado de calderos apoyados sobre trípodes de bronce; al estar en contacto entre sí, el sonido producido en un caldero resonaba en los demás.

Desde la ciudad moderna de Ioánina, en el noroeste de Grecia, se tarda una hora en automóvil para llegar a Dodona, pero en la Antigüedad se necesitaban dos días de viaje desde el puerto más cercano, Ambracia.
El trayecto por mar desde Atenas hasta ese puerto habría llevado mucho más tiempo. La ubicación sigue siendo relativamente aislada y poco conocida, e incluso para los visitantes de hoy en día, la sensación de llegar a un lugar considerado sagrado es palpable.
Apenas quedan restos de los edificios de piedra, pero un roble crece donde se plantó el original y lo que se ve se asemeja más al santuario al aire libre que existía antes de que se añadieran los edificios entre los siglos IV y II. Las peticiones de profecías se escribían en trozos de plomo. Mas lo que hace que Dodona sea tan singular es la forma de responder. En el libro XIX de “La Odisea” se dice que el héroe acude a Dodona «para preguntarle a las hojas susurrantes del roble» si debía regresar a Ítaca disfrazado o no. La acústica del árbol era interpretada por el sacerdote o la sacerdotisa, o mediante una comunicación directa con quien preguntaba.
Al igual que con adivinación de ifa en Cuba, aquí hay en juego una pretensión de verdad que no debe descartarse como irracional solo porque se trate de una verdad no representacional que no puede ponerse en duda ni falsificarse de las formas que hoy damos por sentadas.

El oráculo de Dodona debe entenderse de la misma manera que Nastassja Martin aborda el animismo en “East of Dreams”: una forma de ser diferente a la nuestra, pero no intrínsecamente inferior ni primitiva. Los ensayos de este libro contribuyen a corroborar la veracidad de esta conclusión.
«Visiting the oracle at Dodona: contexts of unknowing in ancient Greek religion», editado por Hugh Bowden y Esther Eidinow, es publicado de forma libre y gratuita por Cambridge University Press.
(Traducido por Monica del Pilar Uribe Marin)











