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Pragna Patel: «Hoy hay más racismo y presión para callar»

La activista a favor de los derechos de la mujer ve en su labor diaria cómo la presión religiosa en las minorías étnicas va en aumento, agravando la situación para la víctimas de violencia de género que reciben amenazas si rompen su silencio.

 

Noelia Ceballos Terrén

 

Pragna Patel nació en Kenya en una de muchas familias hindúes que allí trabajaban, y llegó a la edad de cinco años en los 60. Sabe lo que es crecer en una comunidad étnica en el Reino Unido, y por eso, al acabar la universidad, se involucró en el movimiento feminista Southall Black Sisters. Más de treinta años después sigue dirigiendo esta organización con el compromiso de ayudar a las mujeres de cualquier minoría víctimas de violencia y discriminación.

Su experiencia le ha enseñado que en el Reino Unido las mujeres inmigrantes corren el peligro de ser doblemente víctimas. A la presión psicológica y religiosa por parte de algunas familias se añade el racismo de unas instituciones que en vez de ayudar prefieren perseguirlas por su estatus migratorio.

En la conversación que mantuvo con The Prisma, Pragna Patel destacó un panorama preocupante en el que, asegura, hay más racismo que antes. Esto aviva las tensiones étnicas y religiosas en el Reino Unido y alimenta un fundamentalismo que, con la complicidad del Estado, está ganando terreno, advierte.

¿Cuáles son los principales problemas que enfrentan las mujeres de minorías étnicas?

El asunto principal es el racismo. Por supuesto el racismo en la calle cuando eres víctima de ataques o lenguaje racista.

Pero también el racismo institucional: en el sistema educativo, en el sistema de la justicia criminal incluyendo a la policía y el sistema de inmigración.

Pero por otro lado, hay problemas que las mujeres sufren dentro de sus propias comunidades, como la violencia de género y la desigualdad. Por tanto una mujer puede sufrir violencia de su marido y cuando trata de denunciarlo a la policía se enfrenta al racismo.

¿Hay alguna minoría particularmente vulnerable?

Creo que dentro de las minorías existen distintos niveles de poder. Las mujeres de una minoría son en general más vulnerables a la violencia dentro de sus familias. Por tanto pueden ser invisibilizadas.

¿Qué ejemplos de racismo encuentran?

Las maneras en que la policía puede ignorar a una mujer asiática que llama porque ha sido víctima de violencia. La policía puede decir «¿Puedo ver su pasaparte?». La policía o los servicios sociales pueden estar más interesados en lo que su marido hace para ganarse la vida y así arrestarlo por otros motivos.

Tampoco se aseguran de que haya un intérprete profesional. A veces la autorizan a que su hijo traduzca, aun cuando los niños no deberían verse envueltos en estos asuntos. Otra forma es cuando arrestan a la mujer porque su estatus migratorio no es válido.

¿Hay ahora más o menos racismo que antes?

Creo que hay más y lo que estamos viendo en toda Europa es un desplazamiento hacia la derecha. En las elecciones europeas, el UKIP ha logrado muchos votos. En Francia, el partido de Le Pen. Eso crea un clima general de intolerancia y culpa a los inmigrantes por los problemas de la sociedad, por el paro y la falta de viviendas. Los rumanos o los gitanos sufren mucho esta intolerancia.

¿También contra las familias que llevan aquí 40 años o más?

Incluso en esos casos, vemos racismo. Esto no quiere decir que algunos miembros de dichas comunidades no sean ellos mismos racistas con otros. Vemos que comunidades que están más instaladas no aceptan a los nuevos inmigrantes por miedo de perder sus trabajos y sus casas, sus derechos a las ayudas sociales. Estos son miedos construidos por los políticos que quieren ganar votos.

Pero la violencia contra las mujeres dentro de las minorías étnicas no tiene que ver con el racismo.

No, eso tiene que ver con la violencia que enfrentan por ser mujeres, desde la violación dentro del matrimonio hasta violencia doméstica, y otras formas culturalmente más específicas como el matrimonio forzoso o la mutilación genital. Allí donde el racismo entra en juego es cuando intentan pedir ayuda al Estado y éste no les ayuda. Pero la violencia contra las mujeres ocurre en todas las comunidades y sociedades. Atraviesa barreras nacionales, étnicas y de clase. Es un error atribuir la cultura a la violencia. La cultura en sí misma no es necesariamente la causa de la violencia, pero ésta puede manifestarse de formas distintas en cada cultura.

Entonces, las mujeres de minoría étnica sufren más violencia que las mujeres blancas británicas.

No es tanto que sufran mayor violencia, sino que hay más factores que les dificultan denunciarla. Les dicen que si no se callan están traicionando a la comunidad o alimentando el racismo. Porque muchos medios de comunicación y políticos dirán «Mirad lo que los hombres negros hacen a las mujeres».

¿De dónde procede esa presión?

De los líderes religiosos o de la comunidad, o de la familia, concretamente de los miembros mayores. Todas estas personas presionan para que no busquen ayuda.

¿Qué tipo de represión puede sufrir una mujer por parte de su comunidad?

La presión puede consistir simplemente en decirle que es una mala mujer, que si habla estará traicionando a la comunidad y su tradición. Pero también puede consistir en presión física, dándole a entender «si hablas te encontraremos y te mataremos, o te haremos daño».

¿Tienen las mujeres que romper con su propia comunidad y cultura para liberarse?

Algunas mujeres. Pero no rompen con todos los aspectos de su cultura. Critican las partes que dicen «Es aceptable pegar a una esposa». Quieren asegurarse de que sus hijas llegan a la educación superior, tienen sus propias carreras y son idependientes.

Pero es cierto que algunas mujeres tienen que dejar sus familias atrás porque no las aceptan. No es que la mujer corte sus raíces, sino que la comunidad las margina.

¿Hay alguna cultura o religión especialmente opresora con las mujeres?

No. Es un gran error decir que hay una religión o cultura peor que las demás. En todas las sociedades las mujeres son vistas como ciudadanas de segunda clase. Pero en algunas comunidades el poder de la religión es más fuerte. Al ser tan pequeñas, los líderes religiosos pueden ser bastante poderosos, lo que hace más difícil para las mujeres escapar.

¿Conoce los problemas de las mujeres latinoamericanas?

Se enfrentan al mismo tipo de dificultades. Algunas de las mujeres de Latinoamérica nos han hablado de la cultura del machismo muy fuerte, ligada al catolicismo y los valores familiares tradicionales.

¿Hace la religión más daño que bien?

Así lo creo. No digo que en ninguna religión haya buenas personas. Cuando la religión se convierte en un eje de movimientos progresistas, como la Teología de la Liberación en Latinoamérica, la Iglesia se ponía del lado de los pobres. Pero en todas las religiones existe un contenido discriminatorio hacia las mujeres.

Derechos reproductivos, aborto, control de natalidad, sexualidad. Todos estos son temas cruciales en los que todas las religiones están de acuerdo.

Occidente mira con sospecha al Islam por la posición dada a las mujeres. ¿Cuál es su experiencia con mujeres musulmanas?

Las musulmanas que vienen aquí insisten en que el problema no es el Islam en sí. Dicen «Mi religión es mi relación con mi Dios, pero no quiero que esos líderes, hombres, interpreten por mí lo que he de hacer. Porque nunca lo harán de una forma que me ayude». Por tanto el problema es la religión como poder institucionalizado. Aquí hay líderes religiosos, ya sean musulmanes, hindúes o sijs, que quieren ver su influencia crecer en las escuelas y la ley, y eso es discriminatorio. Las escuelas del Reino Unido están muy separadas según las religiones y el Estado lo propicia.

¿Cuál es el rol de las nuevas generaciones nacidas en el Reino Unido?

Para ellos es muy importante no olvidar su identidad y cultura. Pero desgraciadamente muchas de las nuevas generaciones están retrayéndose hacia ideas e identidades reaccionarias. Se están radicalizando y volviendo más conservadores que sus padres. No todos, pero los hay.

¿Es esto prueba de un fracaso de la educación pública?

No creo que la clave esté en la educación pública. El problema es que el Estado está permitiendo que las escuelas permanezcan divididas, financiando escuelas confesionales y organizaciones, escuchando a líderes religiosos y no aceptando las voces contestatarias. También lo está propiciando en el resto de la sociedad, permitiendo la existencia de escuelas católicas, judías, etc. Muchos padres blancos son muy racistas por lo que optan por estas escuelas solo para que sus hijos no se mezclen con los demás.

(Fotos: Pixabay)

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