Globo, Latinoamerica, Reino Unido

Un nuevo desarrollismo para Colombia

El programa del nuevo gobierno de Colombia, liderado por Gustavo Petro Urrego, supone comenzar con la superación del actual modelo neoliberal y su reemplazo por otro que devuelva al Estado un protagonismo decisivo en el funcionamiento de la economía.

 

Juan Diego García

 

Este desafío tiene muchos elementos del modelo desarrollista que supuso en el pasado el impulso de las producción local de artículos de consumo sin renunciar a la exportación de materias primas como uno de los elementos centrales de la economía.

Esa industrialización desarrollista supuso en Colombia impulsar sectores que ya tenían precedentes en el siglo XIX pero que se ampliaron notoriamente en el  XX, transformando la estructura misma del país. Así ocurrió con el desarrollo local de las industrias del metal y del textil,  y con la producción de muchos artículos de consumo cotidiano, aunque nunca se consiguió elaborar los medios de producción necesarios (maquinarias, equipos y tecnologías), que siempre siguieron importándose.

El actual modelo neoliberal eliminó esos logros.

El caso de la producción agrícola en Colombia es un ejemplo que demuestra la perversión del modelo neoliberal: de ser un país prácticamente autónomo en producción de alimentos y muchas materias primas, se convirtió en importador de buena parte de los mismos. Los artículos “más baratos” no compensan en nada los numerosos desempleados que el neoliberalismo provoca en campos y ciudades.

La anterior es la razón principal de las migraciones internas y externas que han afectado negativamente a millones de personas; en unos casos han sido desplazados “pacíficamente” por la dinámica propia del capitalismo, pero en otros, son víctimas de una violencia extrema, oficial y privada ejercida contra los sectores populares y la oposición política.

Por contraste, la defensa cerrada de su mercado interno constituye la esencia de la política económica de las naciones metropolitanas, las mismas que imponen de mil maneras la apertura de fronteras y la libertar de mercado a los países de la periferia del planeta.

Si el nuevo presiente Gustavo Petro se propone avanzar en el desmantelamiento de este sistema perverso va a encontrar la cerrada oposición de la gran burguesía local (cuyas declaraciones parecen amenazas)  y el sabotaje de las empresas  transnacionales que hoy se benefician del neoliberalismo.

No será  una tarea fácil para nuevo gobierno. Tendrá que contar con un apoyo popular cada vez más amplio y con el respaldo efectivo de los empresarios locales del campo y la ciudad (sobre todo medianos y pequeños), tan perjudicados por las políticas neoliberales. Ese impulso de la producción nacional, unido a una reforma fiscal puede asegurar al nuevo gobierno fondos suficientes para adelantar buena parte de las medidas anunciadas.

El país cuenta con recursos suficientes aunque es obvio que Petro y su equipo tienen que calcular con enorme pragmatismo cómo hacer uso de los mismos para responder a las enormes demandas populares de los muchos millones que hoy carecen de lo más elemental  en salud, educación, vivienda, alimentación, empleo digno, etc. sin descuidar las necesarias inversiones.

Calcular cómo distribuir los recursos disponibles entre un gasto social indispensable y urgente, y la necesaria inversión económica que genere la base sólida del desarrollo nacional (cuya importancia casi siempre solo se manifiesta a mediano y largo plazo) es un reto ya conocido que aparece siempre en todos los procesos de cambio substancial de un orden social dado; y Colombia no sería la excepción.

Para consolidar el acuerdo nacional que permita alcanzar el necesario equilibrio entre gasto e inversión de forma que amplios colectivos asuman los sacrificios que implica posponer ciertos consumos en aras de la necesaria inversión, el nuevo gobierno debe impulsar formas nuevas de participación social que aseguren un diálogo constructivo entre el gobierno y los diversos colectivos sociales. De esta forma se producirá la necesaria relación entre las leyes y normas que se aprueben en las instancias tradicionales (Parlamento, etc.) y la voluntad ciudadana.

Esta será una nueva y decisiva forma nueva de hacer política, la de la relación del gobierno con las muchas formas de la participación popular (sindicatos, asociaciones, juntas  vecinales, grupos étnicos, etc.). Esto es lo que llevó a Petro al poder, además de los acuerdos con los grupos empresariales y otros similares para asegurar un equilibrio suficiente.

Será un paso importante para superar la nefasta política neoliberal que deposita todo el poder en los mercados y reduce al Estado al simple control policial, demonizando de paso toda forma independiente de organización popular (los sindicatos, en particular).

Devolver al Estado sus funciones y dar a las formas de organización popular un protagonismo decisivo permite, por ejemplo, decidir democráticamente qué producir, qué no producir y en qué proporciones se debe hacerlo; permite superar el actual consumismo e intentar armonizar la actividad productiva con la satisfacción urgente de las necesidades básicas de la población al tiempo que alcanzar una sana relación con el medio natural y los recursos.

Si esto es compatible con el funcionamiento del capitalismo es una cuestión a debatir y un reto para el nuevo gobierno de Colombia.

Visto el programa de Petro y sus propósitos parece claro que se apuesta por un capitalismo reformado, democrático y diferente en lo fundamental al modelo neoliberal actual.

Las propuestas del gobierno que acaba de posesionarse parecen apostar por un nuevo desarrollismo, adaptado a las nuevas condiciones sociales y políticas (locales e internacionales).

En esa dirección irían igualmente las propuestas del nuevo gobierno por avanzar en la integración regional, como un necesario mecanismo para fortalecer  la capacidad regional en los proceso de negociación de temas tan complejos como la deuda externa, la inversión extranjera, las nuevas relaciones económicas con las llamadas potencias emergentes (China, en particular) y una revisión necesaria de los vínculos actuales con las potencias del capitalismo tradicional.

Un nuevo desarrollismo no solo es necesario sino indispensable para superar el actual cuadro de atraso, pobreza y de dependencia desventajosa con el mercado mundial.

Por supuesto sería un avance mayor si a la soberanía alimentaria y el desarrollo industrial (tanto como la modernización del comercio y los servicios) se agregara como tarea estratégica la elaboración sobre todo de medios de producción, indispensable para elaborar los medios de consumo. Equipos industriales, tecnología y ciencia en buena medida siguen siendo monopolio de los países avanzados y romper ese privilegio es un reto al que no se puede renunciar.

(Fotos: Pixabay)

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