Bolsonaro no aceptará el resultado de las elecciones en Brasil si es derrotado y busca movilizar desde ahora a sus partidarios para intentar repetir en Brasil un movimiento violento de fanáticos y lúmpenes, inspirado en la invasión del Capitolio de Washington por seguidores del entonces presidente estadounidense, el 6 de enero de 2021.

José R. Oro
Ya se vio durante la celebración del bicentenario de la Independencia.
La presentación de la candidatura de Bolsonaro a la reelección fue marcada por vituperios contra el Tribunales Supremo y Superior Electoral, contra el PT (Partido de los Trabajadores) y el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y por una convocatoria a manifestaciones el 7 de septiembre (Día de la Independencia de Brasil), en una probable repetición de los actos golpistas o al menos de carácter violento ocurridos en Washington el año pasado. Bolsonaro no va a entregar el poder de forma tranquila y respetuosa después que ocurra una muy probable derrota electoral. Además, puede terminar en la cárcel, por tantas arbitrariedades que ha cometido durante su mandato.
En el Palacio de la Alvorada (residencia oficial en Brasilia), ante unos 40 diplomáticos extranjeros, el exmilitar repitió el 18 de julio pasado sospechas sin fundamento y ya desmentidas sobre las urnas electrónicas supuestamente “hackeables” y su influencia en el proceso electivo, “curándose en salud” ante su segura derrota.

El derechista grupo mediático Folha advierte que “fruto de la coyuntura política y del desorden republicano provocado por Bolsonaro, la comodidad de no verse debidamente investigado debe cambiar en caso de una eventual derrota electoral”, en octubre. Es decir que por sus patrañas va a pagar si pierde las elecciones.
Por su parte, el diario O Globo denuncia el riesgo de un golpe militar de los bolsonaristas (partidarios del excapitán del Ejército).
La agenda del jefe de Estado está aún más clara que después de las mentiras sobre las urnas electrónicas proferidas al cuerpo diplomático acreditado en Brasilia.
El golpismo de Bolsonaro “es una amenaza aguda a la democracia, que necesita ser enfrentado con energía y determinación”, remarca el periódico, tradicionalmente defensor de los candidatos de la oligarquía. Uno de los problemas principales que confronta Bolsonaro en su intento Trumpiano de retener el poder a como dé lugar, es que ha perdido el apoyo de elementos críticos de la oligarquía y el establishment brasileño, como por ejemplo la cadena O Globo, del grupo Folha y otros de ese tipo.
No es solo que Bolsonaro ha perdido todo control de sí mismo, toda credibilidad y respeto hasta en sectores históricamente derechistas. Es también que huele a muerto, y los “medios canallas” no quieren cargar con cadáveres políticos.

Ya lo demostró en el primer debate televisivo del 28 de agosto pasado, donde dio un tremendo ejemplo de falta de control personal, llamando a Lula “ex- presidiario y corrupto” e insultando a los periodistas presentes al mostrar exasperación e impotencia en cada una de sus intervenciones.
Sin embargo hay una diferencia importante entre los berrinches políticos de Trump y Bolsonaro, y es que este último tiene una influencia en las Fuerzas Armadas a la que su ídolo estadounidense no se atreve ni a soñar. Y eso hay que tenerlo muy en cuenta y estar muy alertas ante el peligro de golpe militar. PL
(Fotos: Pixabay)











