Globo, Latinoamerica, Reino Unido

Cuando la democracia es una farsa

La democracia representativa es una farsa bien montada. Desde hace ya más de dos siglos, desde la Revolución Francesa o la independencia de Estados Unidos, se nos ha ido instaurando, casi a la fuerza, que «democracia» es el ejercicio de ir a votar cada cierto tiempo.

 

Marcelo Colussi

 

Si eso se realiza periódicamente sin interrupciones, con lo que se cambian mandatarios, estamos en democracia. Si no es así: ¡dictadura! Pero los problemas económico-sociales que nos afectan realmente no cambian, aunque cambiemos de presidente cada cierto tiempo.

Es evidente la farsa, la burla a la que nos someten. Dicho sea de paso, en dos encuestas realizadas estos últimos años en Latinoamérica, por amplia mayoría la población expresó que le da lo mismo el tipo de gobierno que exista (democracia representativa o autoritarismo dictatorial), si eso resuelve sus penurias económicas. ¿De qué democracia hablamos entonces?

En Guatemala hace ya casi 40 años que se vota periódicamente y se cambia el presidente de turno cada cuatro años, y las injusticias estructurales se mantienen inalterables. Eso es igual en cualquier país capitalista del mundo, rico o pobre.

En Estados Unidos, la principal potencia capitalista mundial, hace 227 años que cada cuatro también cambia el mandatario, siempre ha escogido entre dos partidos: Republicano y Demócrata, pero la situación del país no varía. Con cualquier presidente continúa siendo un imperialismo feroz, manteniendo un alto nivel de consumo para su clase trabajadora, mientras que las principales decisiones las sigue tomando siempre o Wall Street (los oligarcas que manejan el dinero) o el complejo militar-industrial, que fija su rapaz política exterior como nación imperialista.

Karin Herrera y Bernardo Arévalo. Foto: Gobierno de Guatemala /Flickr.  Creative License Commons.

En las pasadas elecciones de Guatemala, ese contubernio mafioso que dirige el Estado desde hace algunas administraciones llamado ‘Pacto de Corruptos’, enquistado en todos los ámbitos gubernamentales, pensaba volver a ganar poniendo a alguno de los suyos en la segunda vuelta.

Los factores de poder real del país, alto empresariado y embajada estadounidense, le dieron su beneplácito, pues esas mafias aseguran la continuidad de la acumulación capitalista. Sin embargo, para sorpresa de todos, quien triunfó fue el Movimiento Semilla con el binomio Bernardo Arévalo-Karin Herrera, quien básicamente levanta banderas anticorrupción. El elenco gobernante actual tembló ante la posibilidad de verse desplazado y comenzó a hacer todas las maniobras inimaginables para no perder su ubicación privilegiada. Y es el Ministerio Público el instrumento que ahora lleva adelante los ataques, constituyéndose en un virtual golpe de Estado técnico, un completo atropello al voto popular violando la Constitución, apelando a las más sucias argucias.

Pero Estados Unidos pareciera estar dejando de darle su apoyo al Pacto de Corruptos, y star defendiendo ahora a Semilla. El Secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, acaba de declarar que “Estados Unidos sigue preocupado por las continuas acciones de aquellos que buscan socavar la democracia de Guatemala. Tal comportamiento antidemocrático, incluyendo los esfuerzos del Ministerio Público y otros actores para suspender al partido político del presidente electo e intimidar a las autoridades electorales, socava la clara voluntad de los guatemaltecos y es inconsistente con los principios de la Carta Democrática Interamericana.” ¿Por qué este apoyo del imperialismo norteamericano al Movimiento Semilla?

Se repite un poco la historia, guardadas las proporciones, con el anterior gobierno demócrata de Washington, con Obama a la cabeza: hay un intento de “mejorar” en parte las condiciones socio- económicas de Centroamérica, pues con la alta corrupción gubernamental existente las grandes mayorías no reciben satisfactoriamente salud, educación, vivienda e infraestructura básica.

Por ello el objetivo de Estados Unidos sería propiciar un proceso de reformas generadoras de alternativas de trabajo y mínima estabilidad para evitar el aumento de las migraciones hacia el Norte, lo cual sería posible impulsar con Semilla en el gobierno. Algo así como lo que hizo la CICIG en su momento: un freno a la corrupción. Por supuesto, ello deja de lado al Pacto de Corruptos, que vería el fin de sus negocios.

La población votante en Guatemala se siente vilmente estafada por estas maniobras ilegales del Ministerio Público que pretende evitar que s posesione Bernardo Arévalo. Hay un calor popular generalizado  que pide el retiro de la Fiscal General, Consuelo Porras, así como el de algunos de los operadores corruptos que la acompañan, viviéndose una fuerte defensa del proceso democrático. El fuerte la defensa del proceso democrático. Sin dudas, la actual administración hará lo imposible por no perder sus negocios, que seguramente se deberían transparentar con la llegada de Semilla a la presidencia.

De todos modos, la situación de pobreza en que se encuentra el 70% de la población no acabará con una cruzada anticorrupción, como la que podría impulsarse con el nuevo mandatario.

Está claro, además, que el Movimiento Semilla, que incluso trata de no presentarse como una fuerza de izquierda, no promete ningún cambio estructural.

Sin ningún lugar a dudas, la población votó hastiada de la corrupción y la impunidad que se está viviendo, esperando un cambio. Pero no parece que ese cambio pueda ser profundo, estructural, con el nuevo gobierno; por un lado, porque el ‘Pacto de Corruptos’ seguramente no lo dejará gobernar. Y por otro, porque asume bastante (muy) condicionado por quienes le apoyan (sectores del alto empresariado nacional y Washington). Se dice, por ejemplo, que buena parte del presupuesto lo destinará a la generación de energía eléctrica, negocio donde el mismo empresariado que lo apoya tiene intereses.

Está claro que esta democracia no es, en sentido estricto, “el gobierno del pueblo”, pero en la actual coyuntura abre un escenario más prometedor que el denominado ‘pacto de corruptos’.

(Fotos: Pixabay)

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