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Obras maestras, rehenes del mercado clandestino

El robo de cinco pinturas en el Museo de Arte Moderno de París alimentó hace varios años teorías que van mucho más allá del simple hurto. Se habló de un mercado donde las obras de arte pueden servir como garantía para operaciones criminales, instrumentos de especulación o activos imposibles de vender, pero demasiado valiosos para devolver.

 

Fausto Triana

 

Si las características de las cinco pinturas robadas hace unos años en el Museo de Arte Moderno de París señalan que son invendibles, entonces parecen destinadas a convertirse en rehenes de la especulación.

Claro que se trata de otro tipo de especulación, es decir la nueva o más bien ya firme modalidad del mercado de las artes. Los cultores de la plástica no atinan a otra cosa que halarse los pelos, en el sufrimiento de que las obras puedan dañarse.

El director del Palais de Tokyo, Pierre Cornett de Saint-Cyr, en cuya instalación se ubica el Museo de Arte Moderno, calificó a los ladrones de imbéciles. «Devuelvan los cuadros, jamás podrán venderlos», dijo con cierto dramatismo.

Cinco joyas valoradas en 500 millones de euros que aparentemente no tendrían salida en el comercio ilegal por su clasificación, estilos, aseguradoras y la intensa investigación que realizarán los más reputados detectives del mundo, además de la Interpol.

De la elegante zona conocida como ‘Colina de los Museos», a pocos metros del puente del Alma donde murió Lady Di y del cabaret nudista «Crazy Horse», con el Sena a sus espaldas y no lejos de la Torre Eiffel, fueron sacudidos maestros de la pintura. Le pigeon aux petits pois, de Pablo Picasso, La pastorale, de Henri Matisse, L’olivier prés de l’Estaque, de George Braque, La femme à l’éventail, de Amedeo Modigliani, y Nature morte aux chandeliers, de Fernand Léger.

Hay un cierto común denominador en los cuadros robados, el cubismo. El francés Braque es considerado junto a los españoles Picasso y Juan Gris, del trío básico de creadores del cubismo. El también galo Léger cultivó igualmente el género.

Matisse (Francia) y Modigliani (Italia), son dos casos excepcionales. Matisse fue uno de los padres del arte moderno y se le identificó en un inicio con el fauvismo por el empleo generoso y prolifero de los colores.

La tormentosa vida de Modigliani le dejó el camino a la fama tardíamente, después de su muerte, pero se le considera uno de los grandes de las artes plásticas de todos los tiempos. Se inspiró en Cezanne, el cubismo y la época azul de Picasso.

Con todos estos elementos, es difícil creer que fue un robo al azar y por el contrario esconde propósitos definidos que algunos relacionan con los barones del narcotráfico. Sin embargo, el asunto no es tan simple.

Investigadores franceses deslizaron el multipropósito que tienen hoy en día las pinturas, sobre todo en el oscuro mundo de las drogas. Sirven de garante para grandes negocios de tráfico de estupefacientes, o se utilizan en transacciones, opinaron.

Lo mismo de cortina de humo. En una voluminosa operación de traslado de drogas, el señuelo de cuadros robados camuflados en aeropuertos o terminales marítimas enloquece a la policía y deja abierta y libre una segunda brecha por donde sale la droga, argumentaron. Otra hipótesis apunta a una suerte de «retención» de obras que sin dudas ganarán mucha más notoriedad en el futuro y, por supuesto, permitirán escalar cifras obscenas en materia de seguros.

El Museo de Arte Moderno de la Ciudad Luz tiene rango de pinacoteca. Fue inaugurado en 1961 y alberga obras del fauvismo, cubismo, dadaísmo, surrealismo, escuela de París, abstracción y «arte povera».

Se enlaza, además del Palais de Tokyo, con los museos de Arquitectura y Patrimonio, de la Marina y el Hombre, de la Plaza de Trocadero, en el círculo del Palacio de Chaillot, y en las proximidades del Quai Branly.

El edificio del Museo de Arte Moderno fue concebido por los arquitectos Dondel, Aubert, Viard y Dastugue en un estilo imperial-racionalista, abierto en 1937 con motivo de la exposición universal.

En agosto de 1938 fue entregado a la urbe, que no pudo disfrutarlo en razón de que la ocupación nazi alemana se apoderó de la instalación. Con altas y bajas inició su verdadera historia en 1961, con una colección de más de ocho mil obras. Se unen a Picasso, Matisse, Modigliani, Léger y Braque, Maurice Utrillo, Suzanne Valadon, Gris, Alberto Giacometti, Pierre Soulages, Raoul Dufy, Pierre Bonard, Maurice de Vlaminck y André Derain, entre otros. PL

(Fotos: Pixabay)

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