La marcha por Palestina del 18 de enero puso al descubierto la actitud agresiva de la policía. Los medios de comunicación y las élites políticas y económicas, cómplices y partidarias del genocidio israelí, se han levantado en armas. La detención de manifestantes pacíficos demuestra que se ha caído la fachada democrática.

Juanjo Andrés Cuervo
Desde octubre de 2023, millones de personas han participado en todas las manifestaciones contra el genocidio cometido por Israel contra el pueblo palestino.
He asistido a muchas de esas marchas junto a personas de muy distintos orígenes: judíos, árabes, europeos blancos, africanos, asiáticos, jóvenes y mayores, hombres y mujeres… La diversidad de las personas enriquece nuestro compromiso y conecta con nuestro principal objetivo: acabar con la opresión sistemática que sufre el pueblo palestino desde hace muchas décadas.
En esas marchas siempre ha habido música, cánticos, puños cerrados y abrazos. Pero también discursos emotivos que han hecho llorar a mucha gente. Recuerdo una protesta en octubre de 2024, cuando alguien leyó un poema escrito por un palestino, que incluía muchos nombres de niños. Todos ellos asesinados por el ejército israelí. La última marcha, sin embargo, fue ligeramente diferente. Fue la primera vez que, en las calles, se podía sentir la actitud explícitamente agresiva de la policía. La semana de la protesta se prohibió concentrarse frente a la BBC, ese aparato mediático estatal que ha desplegado un enfoque sesgado del genocidio de Gaza, siguiendo los intereses del capital.
Ideas orwellianas como «La guerra es la paz» y «La ignorancia es la fuerza» parecen haber sido el lema de la BBC para preservar los intereses de la clase dominante. A decir verdad, debido a la enorme presión popular ha cambiado ligeramente la narrativa sobre el genocidio en Gaza. Es decir, no critica las acciones cometidas por Israel ni el apoyo recibido de EEUU o el Reino Unido.

El medio de comunicación más famoso de Gran Bretaña, junto con sus políticos y las élites económicas, entiende muy bien a qué nos enfrentamos. Se trata de una lucha de clases y saben muy bien que, para preservar sus privilegios, necesitan permanecer unidos.
De ahí la prohibición de la protesta frente a la BBC. Qué simbólico habría sido tener a miles de personas frente a un edificio tan importante en el imaginario colectivo de la población británica.
Detenido por defender la paz
Mientras la policía impedía a la gente salir de Whitehall, decidí con otros ir al edificio de la BBC. La escena era desalentadora. Una pantalla anunciaba que la gente sería detenida si se reunía allí. Unas 20 personas, algunas con símbolos palestinos, miraban con rabia y tristeza cómo esposaban a tres mujeres jóvenes sentadas en el suelo.
Las mujeres articulaban un discurso claro con connotaciones históricas y políticas: En las sociedades humanas, los cambios se han producido gracias a la solidaridad y la protesta de personas que no seguían las normas’.
Tenían razón, y la última manifestación por Palestina fue muy ilustrativa en ese sentido. Mientras las marchas se mantengan alejadas de instituciones simbólicas como la BBC, está bien que protestemos. Pero si nos atrevemos a acercarnos a donde reside el poder para adoptar una postura contra el apoyo constante de las élites a Israel, hay un problema. Las élites no van a tolerar este ejemplo de desobediencia civil.
Mientras gritábamos «Palestina libre» y «qué vergüenza» a la policía por llevarse a las tres mujeres en el furgón policial, grabamos la escena. A woman was weeping with incredulity, unable to understand why the policemen were so rude and could not at least empathise with the suffering of Palestinian people.
‘Women and children are being killed,’ she pointed out, desperately. One of the policemen replied that ‘it is not just women and children, is it?’, implicitly suggesting that the killing of alleged terrorists justifies any means employed. Collateral damage as the war criminal George Bush would say.
A Zionist then came to laugh at the woman. A colleague faced him with bravery, surrounded by many policemen. She left him speechless. Eventually, the policemen made us leave ‘politely’ as one of them suggested. ‘We have strong suspicions that you are here protesting for Palestine,’ he astutely remarked, surrounded by his colleagues. A fascist state in Britian will always be nice in its manners.
The police advanced towards us and we were forced to leave. We hugged and shared kind words with the other protesters who had gathered there.
Nos fuimos con un sentimiento de frustración, pero sin mucha sorpresa. La historia nos ha enseñado que en las sociedades capitalistas las élites mediáticas, económicas y políticas siempre se alinearán contra el pueblo.
Cuando las cosas se ponen difíciles abrazan la violencia, la represión y la vigilancia. El fascismo es el capitalismo en decadencia, como lo expresó brillantemente Lenin.
La erosión de la libertad democrática, una tendencia común en sociedades como Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania, representa el amanecer de una era peligrosa. ¿Qué hacer? Mantenernos unidos, actuar colectivamente, resistir e imaginar un nuevo horizonte de posibilidades.
(Traducido por Camila Márquez) – Fotos Juano Andres Cuervo y Pixabay.











