Rodrigo Vázquez ha arriesgado su vida en América Latina y Gaza filmando zonas de guerra y humanizando a personas que algunos grandes medios de comunicación han reducido a animales y terroristas. El nuevo largometraje del director de Al Jazeera en su Argentina natal, sobre un niño desaparecido durante la dictadura de 1986-73 se estrena a finales de este año.

Zac Liew
La pantalla se apagó y las luces se encendieron para mostrar a Rodrigo Vázquez. Había acudido al estreno en el Reino Unido de su documental «Hijxs de la revolución» (2023) y estaba dispuesto a responder a las preguntas del público una vez terminados los créditos.
Alguien preguntó por las últimas noticias sobre los tres protagonistas. Amanda, Yuheni y Juan eran tres guerrilleros que dejaron las armas después de que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) firmaran un acuerdo de paz con el Gobierno colombiano en 2016. Un silencio se apoderó de la sala cuando Vázquez dio la mala noticia. Juan está ahora en la cárcel por alzarse de nuevo en armas, Yuheni está presa acusada de reclutar para las disidencias de las FARC y Amanda está exiliada en Suiza.
En declaraciones a The Prisma, Vázquez afirma: «Cientos de combatientes de las antiguas FARC han sido asesinados desde el acuerdo de paz. Parte del acuerdo era que iban a estar protegidos de represalias como ésa».
«El gobierno no les apoyó para que se reinventaran de alguna manera y entonces empezaron a matar a sus amigos, pero la gente espera que se queden sentados en casa esperando a que aparezca alguien y les meta una bala en la cabeza».
Juan se había convertido en un defensor de la paz, pero fue perseguido por los paramilitares. Sobrevivió a dos tiroteos y volvió a empuñar las armas. Varios jóvenes habían preguntado a Yuheni sobre la posibilidad de unirse a un grupo guerrillero y Vázquez dice que cualquier señal de una respuesta positiva por su parte habría bastado para que el gobierno la encerrara.
Algunas personas se han molestado porque Vázquez hizo un documental sobre ex guerrilleros de las FARC. Un comentario en un vídeo de YouTube sobre el tráiler dice: “En nombre de Dios, ¿qué es esto? Jajaja, ¡romantizar a esos asesinos! Este vídeo ha sido denunciado».
Vázquez no se inmuta ante este tipo de comentarios que recibe a menudo.
«¿Qué diferencia hay entre los soldados de las FARC y los soldados estadounidenses que fueron a la guerra de Irak con la falsa pretensión de que había armas de destrucción masiva?», se pregunta.
«¿El francotirador estadounidense que mata a un niño iraquí se vuelve más legítimo cuando es retratado en una película por Bradley Cooper?». Si Vázquez hiciera un documental sobre un francotirador estadounidense sabe que no sería criticado con tanta dureza. Pero dice que no le corresponde a él decidir lo que piensa la gente. En su lugar, busca humanizar a personas que han sido «marginadas» por los medios de comunicación.
«He entrevistado a personas que cometieron genocidio e incluso en estos casos he tratado de encontrar su humanidad. No son monstruos.Son seres humanos, de eso se trata», afirma.
En «Hijxs de la revolución», Vázquez capta momentos divertidos en el campamento de las FARC en la selva, que hablan de la humanidad de los guerrilleros. En una escena, Yuheni se ducha en ropa interior y bromea diciendo que el camarógrafo está cohibiendo a todo el mundo.
«El humor es una de las formas más subversivas de exponer los hechos, desafiar el statu quo y llegar a una forma de pensar correcta», dice Vázquez.
«A veces es la única forma de transmitir una perspectiva diferente y hacer que la gente se cuestione sus creencias».
Añade que si dejamos de cuestionar nuestras ideas nos convertimos en la persona que hizo el comentario en el vídeo de YouTube sobre que los guerrilleros eran asesinos e indignos de que se contara su historia.
Una red de mentiras en la selva colombiana
El director lleva diez años filmando en la selva colombiana, donde guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes se disputan el territorio. En 2005 fue detenido por los paramilitares mientras realizaba un documental para el programa Unreported World, de Channel 4.
«Un alcalde de uno de los pueblos nos dijo que no fuéramos a una zona concreta porque estaba inundada. Sospechamos que había gato encerrado y cuando fuimos nos encontramos con paramilitares», cuenta.
El alcalde le había dicho a Vázquez que ese distrito estaba limpio de narcotráfico, pero al llegar los paramilitares confesaron que trabajaban con un cártel. Entonces lo detuvieron.
«Fue entonces cuando vi de cerca cómo el Estado está en complicidad con los paramilitares y los narcotraficantes».
Había llegado a la región tras recibir un chivatazo de que esos mismos paramilitares habían masacrado a 30 personas en un pueblo de la zona vestidos con uniformes de las FARC.
Los territorios de las FARC ocupaban el 60% de las tierras dedicadas a la producción de coca, y cuando se disolvieron surgieron otros grupos insurgentes para ocupar su lugar. Uno de ellos es el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Vázquez visitó al grupo guerrillero ELN para filmar para Vice News e investigar cómo el crimen organizado estaba tomando una nueva forma en el Valle del Cauca colombiano.
La película reveló que el ELN libraba una guerra contra los narcotraficantes como parte de su programa de revolución socialista. Esto no sentó bien a Vice News.
«Vice retiró el vídeo al cabo de un día, diciendo que uno de sus periodistas en Colombia pensaba que no era lo bastante objetivo, que yo tergiversaba al ELN», dice Vázquez.
«Vice quería difundir la idea de que el ELN es una guerrilla narcotraficante, que es una noción que sacaron del New York Times. (Es el argumento esgrimido por el ejército colombiano)».
Vázquez había arriesgado su vida para hacer la película, en la que se le ve entrando en territorio enemigo con el ELN y recibiendo gritos para que se quedara atrás mientras se oían disparos.
Sin embargo, Vice optó por alejarse de su experiencia de primera mano y apoyarse en el editorial del New York Times, que es la línea oficial del ejército colombiano (independientemente de la agenda que pueda tener sobre la guerra de Colombia contra las drogas).
«En el periodismo de investigación, si te dan la biblia de lo que se supone que tienes que decir y de lo que se supone que no tienes que decir antes incluso de empezar a investigar, ¿cómo podrías llegar a la verdad?», se pregunta Vázquez.
“Sea cual sea la verdad, es mejor que una mentira”
El cineasta de investigación regresó a su Argentina natal para iniciar el rodaje de un nuevo documental que se estrenará a finales de este año. Bajo el título “Argentina’s stolen identity”, cuenta la historia de Daniel Santucho, que a los 46 años descubre que su madre fue capturada durante la dictadura cuando estaba embarazada y enviada a un campo de concentración, donde nacería él.
Daniel conoce a su familia biológica y visita con ellos este campo de concentración.
“Estuve llorando detrás de la cámara todo el tiempo. Había estado en campos de concentración antes -uno de mis tíos fue torturado en Paraguay, y lo llevé allí por primera vez, 25 años después-, pero nunca lo había hecho así, con una familia entera, con niños allí”, dice Vázquez.
“Es una experiencia que me cambió tanto como cuando fui a Gaza en 2001”.
El cineasta de investigación dice que fue una experiencia muy bonita ver cómo Daniel veía confirmadas sus sospechas sobre quién era y validados sus instintos.
“Sea cual sea la verdad, es mejor que una mentira”, afirma.
(Traducido por Monica del Pilar Uribe Marin) – Fotos facilitadas por Rodrigo Vázquez y autorizadas para su publicación











