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Arte y resistencia en Centroamérica

Para apreciar la importancia de esta publicación -el primer libro sobre arte centroamericano- eche un vistazo a su introducción, disponible para su lectura en el sitio web de la editorial. La introducción contiene los nombres de los 40 artistas que aparecen en el libro y algunas imágenes de sus obras.

 

Sean Sheehan

 

La autora, Kency Cornejo, cuya familia es centroamericana, lleva veinte años viajando por la región y descubriendo artistas que trabajan allí.

Hablar con algunos de ellos tras la guerra civil salvadoreña le ayudó a darse cuenta de cómo la violencia contra los pueblos indígenas y las comunidades LGBQT, la criminalización de los jóvenes y la separación de las familias por la experiencia migratoria darían forma al enfoque de su libro.

El título, “Visual disobedience” (Desobediencia visual), es totalmente merecido por la asombrosa diversidad de las imágenes de las ochenta obras de arte que llenan sus páginas.

Algunas de las obras son performativas, como cuando Regina José Galindo lleva y coloca en el suelo un cuenco ensangrentado en el que mete los pies.

La obra de Galindo muestra constantemente cómo el legado del colonialismo está ligado a la violencia de género: «centra su cuerpo», escribe Cornejo, «como lugar de intervención para revelar la estructura más profunda del feminicidio, como desobediencia decolonial contra el patriarcado». En la introducción del libro también se muestra un ejemplo de la obra de la nicaragüense Elyla (Fredman Barahona), «Ni azul blanco ni rojo negro», y se explica su iconografía. La performance de Elyla para la XI Bienal de Nicaragua fue prohibida horas antes de su presentación, pero siguió adelante y se convirtió en un detonante para cuestionar «las narrativas heteronormativas de Nicaragua como Estado-nación revolucionario».

También se muestran fotogramas de la obra en vídeo del artista costarricense Marton Robinson, que pone de manifiesto la antinegritud de su país. De niño, Robinson se vio obligado a leer Cocorí, un libro infantil sobre un niño, racializado, tosco y sucio (como “Memín Pinguín” en México), que se enamora de una niña blanca que llega en barco a la costa donde vive. Civilización y modernidad, al parecer, llegan de Europa.

La obra de Edgar Calel «B’atz constelaciones de saberes», elegida para la portada del libro, resume los temas de la migración y el desafío de la resistencia creativa que se celebra en «Desobediencia visual». En la página web de la Tate Gallery puede verse un vídeo, «No todo está en venta», sobre Calel y su respeto por las comunidades indígenas de Guatemala.

Kency Cornejo observa cómo el arte centroamericano ha sido invisibilizado por el mundo del arte y la cultura en general. Su libro es un paso adelante vital y bienvenido en la lucha contra este olvido.

Al igual que la fotografía de Myra Barraza que aparece en el libro, en la que voluntarios escriben mensajes a los migrantes en globos antes de soltarlos al aire, “Visual disobedience” envía una señal visual a cualquier persona interesada en el arte latinoamericano.

“Visual disobedience: art and decoloniality in Central America”, de Kency Cornejo, ha sido publicado por Duke University Press. El periódico Morning Star publica otra reseña.

(Traducido por Camila Marquez) – Fotos: Pixabay

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