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 Ecuador sitiado: crisis, militarización y retorno de la injerencia

El país andino se hunde en una multicrisis sin precedentes: inseguridad, pobreza extrema, desmantelamiento del Estado y sumisión a poderes externos. Entre privatizaciones, persecución política y retorno de bases militares, Ecuador se convierte en un terreno clave para los intereses de Washington y la confrontación con China en América Latina.

 

Luis Ernesto Guerra

 

Mucho ha cambiado en este país latinoamericano en los últimos años.

De hecho se ha convertido en un laboratorio regional de asedio e injerencia del imperialismo estadounidense que se encuentra en policrisis sistemática y estructural, con un guerra arancelaria o guerra económica, generada por el segundo mandato del supremacista presidente estadounidense, Donald Trump. Tal política ha desatado un desmadre en el orden unilateral salpicado de injusticia social y la lucha de clases que es invisibilizada, con caída de hegemonía sin retorno. Mientras, el pueblo ecuatoriano carga sobre sus espaldas la desinstitucionalización del Estado, una multicrisis de inseguridad con una tasa de violencia criminal, la más alta de la región: 40 muertes violentas por cada 100 mil habitantes.

También lleva una crisis socioeconómica, caída del empleo, cerca de tres millones de personas en extremo empobrecimiento, caída de sistema educativo, de la salud.

Por su parte, las empresas públicas estratégicas energéticas y petroleras van rumbo a un proceso de monetización, concesión o privatización, sumadas las relacionadas a las de telecomunicaciones y del espectro radioeléctrico.

Es decir: devastación de los derechos fundamentales y humanos, con masacres carcelarias, torturas, desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y la activación recurrente de la persecución política selectiva o Lawfare, y una estructura mediática y comunicacional que respalda la narrativa de Carondelet envallado.

Igualmente, el movimiento indígena en el Ecuador, a través de su brazo político evidencia el sometimiento y subordinación al poder político-oligárquica, corporativo y familiar de la ultraderecha, denominada “Nuevo Ecuador”. Éste desnuda un profundo proceso de derechización, de claudicación de los denominados derechos colectivos, en los que se ha plasmado una lucha histórica. Por otro lado está la agenda para eliminar subsidios al gas y diésel, incrementar el Impuesto al Valor Agregado (IVA), incrementar los años para la jubilación y de las pensiones de la seguridad social.

A esto se adhiere la propuesta y oferta de campaña electoral del actual presidente de la república, Daniel Noboa Azín, de una Constituyente de plenos poderes para desmontar el Estado de justicia, social y de derechos.

Daniel Noboa. Foto Presidencia de la Republica de Ecuador / Flickr. Creative Commons License.

Además la Comisión Ocasional de la Asamblea Nacional (AN) tumbó el art. 5 de la Constitución que decía que: “El Ecuador es un territorio de paz. No se permitirá el establecimiento de bases militares extranjeras ni de instalaciones militares. Se prohíbe ceder bases militares nacionales a fuerzas de seguridad extranjeras.”

Por lo tanto, se han abierto las puertas para que vengan bases militares estadounidenses y no se descarta del sionismo israelí- que está cometiendo genocidio y exterminio del pueblo palestino- bajo el paraguas de cooperación en el tema específico para combatir la inseguridad. El presidente Noboa, en un periplo por algunos países de la vieja Europa neocolonial y del Medio Oriente, entre ellos Israel, en diálogo con el primer Benjamín Netanyahu, manifestó: “Los enemigos de Israel son nuestros enemigos”.

Las bases militares cumplen un objetivo geopolítico, geoeconómico y geoestratégico tanto en Manta como en Galápagos.

Desde la base militar de Galápagos se controla el acceso hacia el Caribe, desde la de Manta en el Pacífico Sur, antes que el combate a las estructuras narcodelictivas.

La Base Militar Norteamericana en Manta (Ecuador) cerró en septiembre de 2009, después de 10 años de operaciones. La salida fue oficializada con una ceremonia cívico-militar en la que las autoridades ecuatorianas asumieron el control de las instalaciones. La base, originalmente un Puesto de Operaciones de Avanzada (FOL) para combatir el narcotráfico, fue establecida en 1999 a través de un acuerdo entre Ecuador y Estados Unidos en un régimen neoliberal.

Durante su permanencia en Manta quedaron impunes algunos delitos cometidos por los marines estadounidenses: prostitución, violaciones de adolescentes, de derechos humanos, desaparición forzada de pescadores artesanales, quedando impunes, debido a su jurisdicción penal.

Ya en lo que se refiere a políticas internacionales, China y otras naciones están en el punto de mira.

El objetivo medular es la contención de la presencia de China, que se convierte en la primera potencia económica mundial, tecnológica y científica, pues en la región ha firmado Tratado de Libre Comercio (TLC) con algunos países latinoamericanos y ha consolidado su liderazgo en los BRICS. Su posición de ataque se extiende a Cuba, Nicaragua y Venezuela. PL

(Fotos: Pixabay)

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