Tras perder su empleo en España, un ecuatoriano emigró al Reino Unido sin contactos ni planes definidos. La ayuda inesperada de desconocidos transformó su experiencia migratoria y cambió su visión sobre la amistad y la solidaridad.
Tiene 44 años y se encuentra agotado a pesar de su robusta estatura – mide poco más de un metro sesenta y cinco, y pesa ochenta kilos – , como resultado de su viaje.
Las cuatro maletas tamaño XL le custodian y guardan los últimos recuerdos de una vida que ha dejado tan atrás como la estela del Airbus A319 que lo trasladó desde la terminal de Madrid-Barajas hasta el aeropuerto de Standsted.
Ecuatoriano, nacido en Guayaquil, Rafael Lucona es moreno, tiene hombros anchos y escaso cabello.
Su semblante bonachón conserva un aire de juventud saludable y pese a los contratiempos del viaje causados por el idioma, su actitud es positiva.
“Mi nivel de inglés es bajo, y he tardado cuatro horas para venir desde el aeropuerto al centro de la ciudad… Todavía no despierto, acabo de llegar y parece que estoy durmiendo. El inglés de aquí comparado con el de España… es un reto para mi”, dice mientras sonríe. Viajó a Madrid hace 12 años para estudiar, trabajar y buscar una vida mejor, pero últimamente no le iba bien. “Trabajaba en la construcción, pero perdí mi empleo por que la empresa necesitaba reducir la plantilla. Decidí entonces venir a Londres”, comenta Rafael, quien espera poder conseguir un puesto similar.
“Vine a Londres sin buscar información por internet y sin saber nada. Encontré a una amiga aquí, y luego a Alberto, un vendedor de Elephant and Castle. Me dicen que es un poco loco llegar a Londres sin tener nada preparado”, afirma, y agrega que la ayuda desinteresada de estas personas le ha motivado más para buscar trabajo.
A Rafael este viaje no solo le ha supuesto un reto personal, también le ha abierto los ojos ante lo que realmente supone la palabra “amistad” cuando uno pasa por diferentes circunstancias adversas durante la vida.
“A estas alturas de la vida son solo conocidos los que dejo atrás. Cuando uno pasa por situaciones así, se da cuenta de que las personas en las que confiabas te dan la espalda y son los desconocidos los que te ayudan… Gente a la que nunca he visto en mi vida es la que me está echando una mano”, comenta. En ocasiones hay personas que se lanzan a una aventura que puede salir mal. Eso le decían a Rafael antes de dejar España.
Pero a veces esas son las personas que marcan la diferencia. Sabe que uno no puede sentarse en el sofá a esperar.
Tiene que luchar, ganar o fracasar, pero sentir que está vivo, y eso es algo que diferencia al ser humano de los animales. Arriesgar es el primer paso para encontrar el cambio.
A pesar de que no sabe mucho inglés, y de que está esperando un lugar donde poder pasar las primeras noches, sus ganas de vivir y de superarse le dan fuerza para seguir adelante, para empezar una nueva etapa en Londres cargada de deseos y oportunidades.
“Alberto, mi amigo… me va a ayudar a sacarme el número de la Seguridad Social, la cuenta en el banco para poder poner mi situación en regla y a empezar a trabajar lo antes posible. Es un reto para mí”, comenta Rafel. Ahora se conforma con cualquier tipo de trabajo para empezar. “He venido a Londres con lo poco que me quedaba y con algo de dinero que conseguí reunir, pero soy un trabajador, y yo creo que todo tiene un motivo y que cada uno labra su destino a su manera”, expresa. Memorias The Prisma.
*Nombre ficticio, hechos reales.
(Fotos: Pixabay)











