Victor Serge nació en Bruselas en 1890, pero llegó a vivir en muchas ciudades. Fue, como señala una destacada nueva biografía, un «revolucionario indisciplinado».
Sean Sheehan
Sus padres eran inmigrantes rusos y, en París, su hijo se involucró en círculos anarquistas y comenzó a escribir para uno de sus periódicos desde los 19 años. Fue arrestado en 1912 y pasó cinco años en prisión, instalándose en Barcelona tras su liberación.
La Revolución Rusa le presentó una oportunidad para marcharse, y en Rusia pronto comenzó a trabajar para los bolcheviques, «sin abdicar de mis ideas [anarquistas]”, como escribió, «salvo de lo que había en ellas de utópico al contacto con la realidad».
El levantamiento de 1920 en Kronstadt por marineros revolucionarios fue aplastado sin piedad por el gobierno de Lenin, costando la vida de quizás hasta 10,000 personas, y cientos de insurrectos capturados fueron ejecutados.
Serge se puso del lado del gobierno, pero a partir de 1923 comenzaron a crecer sus dudas sobre la naturaleza de la Rusia soviética de la posguerra civil, y cinco años después fue encarcelado por la policía secreta y retenido durante más de un mes. Lo inevitable ocurrió y, en 1933, fue arrestado, acusado de actividades contrarrevolucionarias y condenado a tres años de aislamiento en los Urales, a unos 1,500 km al sureste de Moscú (pero en una casa con su esposa, Liuba, y su hijo pequeño).

La familia se trasladó a Bruselas tras su liberación, y él se mezcló con camaradas socialistas, enfrentó su silencio anterior sobre Kronstadt y continuó con la escritura de novelas. Con el avance nazi en Francia, huyó al sur, hacia Marsella, y consiguió pasaje en un barco que cruzaba el Atlántico. A bordo con él iban el pintor André Breton y el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss (de camino a Brasil). A su llegada a México con su hijo en 1941, sus papeles de registro consignan los idiomas que hablaba (francés, ruso, español, inglés y alemán) y su estatura de 1,66 m.
Liuba se quedó en París. El trato de la Rusia soviética a su esposo y familia, así como numerosos abortos, la afectaron profundamente, y décadas de enfermedad mental la llevaron a residir en hospitales psiquiátricos en Rusia y, permanentemente, en Francia. El capítulo sobre Liuba en esta excepcionalmente buena biografía de Serge es de una gran tristeza; sin olvidar jamás a su esposo ni el afecto que sentía por él, le sobrevivió treinta y siete años.

En México, Serge escribió la que consideraba su mejor novela, «El caso del camarada Tulaev» y, habiendo redescubierto sus afinidades libertarias, encontró camaradas con cuya política comulgaba.
El signo de interrogación en el título de uno de los capítulos finales de esta admirable biografía, «¿Anticomunista?», proporciona una comprensión matizada de cómo juzgó la Revolución de Octubre de 1917. Muchos de sus antiguos compañeros habían sido asesinados en la era estalinista y él les rinde homenaje: «estaban movidos por una gran voluntad de liberación», pero el autoritarismo que lo provocó, aceptaba, se estableció mientras Lenin aún vivía.
«Victor Serge: un revolucionario indisciplinado», de Mitchell Abidor, es publicado por Pluto Press.
(Traducido por Camila Marquez)











