Ecuatoriana, migrante, activista y académica. Mayra dejó su país a los 22 años y construyó una carrera en salud comunitaria en Reino Unido. Cansada de promesas rotas, se presenta a concejal en West Ham. Su bandera: soluciones tangibles y devolver la confianza a los vecinos.

No es común encontrar a una candidata a concejal que cite a un nutricionista británico censurado por las corporaciones azucareras en el mismo párrafo donde denuncia las fisuras del sistema político. Pero Mayra Crean no es una candidata común. Es, ante todo, una mujer que ha convertido la necesidad en resistencia, la academia en activismo y, ahora, su desilusión en una oportunidad para transformar Newham, el barrio londinense que la acogió hace más de dos décadas.
Llegó al Reino Unido desde Ecuador. Tenía 22 años y entonces su fuente de comunicación eran sólo tres palabras en inglés: hello, goodbye y thanks. Pero su firme objetivo era el de progresar. Los primeros años fueron una prueba difícil: inglés, estudios, ahorros perdidos en desventuras familiares. Transcurrieron ocho años hasta que pudo regresar a su tierra por primera vez.
«Cuando llegas a otro país los estudios anteriores no sirven y el idioma es un gran impedimento», confesó hace un par de años a The Prisma en una entrevista. Pero ella, obstinada y brillante, construyó desde los cimientos. Se hizo higienista dental, terapista, luego Licenciada en Estudios Odontológicos y, finalmente, obtuvo un Máster en Salud Pública. Desde 2018, es docente en la Universidad de Essex, donde siembra en sus alumnos una idea revolucionaria: que la salud es, ante todo, una cuestión de justicia social.
Sus clases son una trinchera. Les habla del Fondo Monetario Internacional, de los tratados de libre comercio, del lobby de las multinacionales y de cómo el azúcar, ese polvo blanco que endulza la vida, es también un arma letal para los más pobres. Porque Mayra descubrió, en un giro inesperado de su propia salud (un susto con el colesterol y la diabetes), que «las industrias azucareras son corporaciones muy poderosas, que tienen mucha influencia en los gobiernos». Su activismo, por tanto, es didáctico: educar para liberar.
Pero la política, como la mala salud, siempre ha estado latente en su vida. Antes de irse de Ecuador, ya había militado. En Londres, se organizó con la diáspora para apoyar a Rafael Correa, para luego sentir la «traición» del gobierno de Lenín Moreno. Esa experiencia con la desilusión no era nueva. También la vivió en el Reino Unido, dentro del Partido Laborista. Creía en ellos, hasta que Tony Blair justificó la guerra de Irak. Regresó con la ilusión de Jeremy Corbyn, un faro de «integridad y justicia social», solo para encontrarse con la exclusión y el desaliento a nivel local por apoyarlo.
«Debido a mi apoyo al Sr. Corbyn, sufrí exclusión de reuniones y, a veces, un trato desalentador y difícil», denuncia en su manifiesto político. Esa es la semilla de su candidatura actual. Mayra ha decidido que ya no puede esperar a que los partidos tradicionales saneen sus propias heridas. Por eso, junto a otros vecinos con su misma historia de desencanto, fundó Newham Independents. Su objetivo, dice, es ofrecer «una alternativa constructiva y responsable que ponga a los residentes en el centro de la toma de decisiones».
Hoy, Mayra Crean se postula para concejal en West Ham. No lo hace desde la propaganda, sino desde la cruda experiencia de quien ha visto de cerca la desigualdad. Su diagnóstico para Newham es claro: la delincuencia, la basura en las calles, la falta de vivienda digna y hasta el aumento de plagas de roedores son síntomas visibles de un «progreso estancado».
Para ella, que ha dedicado su vida a entender la relación entre el entorno y el bienestar, la solución no es compleja. Se trata de volver a lo básico. «Nuestro objetivo es ofrecer mejoras tangibles», escribe en su declaración. Eso significa calles más limpias, barrios más seguros y, sobre todo, devolver la confianza entre el representante y la comunidad. Un guiño directo a su filosofía de vida: del mismo modo que nos enseña a volver a la comida de los ancestros, de la tierra a la mesa, ella propone volver a una política de cercanía, transparente y honesta.
«La participación democrática no debe darse por sentada; debe ganarse», sentencia Mayra, fusionando el discurso de la académica y el coraje de la activista. Quizás por eso, al despedirse en esa entrevista, lanzó un mensaje que está vigente y fortalecido: «Que luchen, que se organicen, que busquen la transformación de nuestras comunidades a través de la información y el cuidado del otro». Su carrera como profesional de la salud y su memoria como inmigrante se unen en este nuevo camino. Mayra Crean no solo quiere gobernar; quiere curar a su comunidad de la indiferencia. Y lo hará, como siempre, desde la trinchera.
(Fotos suministradas por la entrevistada y autorizadas para su publicación en The Prisma)











