El cine como ajuste de cuentas 5 décadas después de la Guerra Sucia. Mientras el presidente Milei se toma autofotos con Netanyahu, una temporada de películas reflexiona sobre las cinco décadas que han llevado a Argentina hasta donde está hoy.
Abla Kandalaft / The Canary
La guerra sucia y sus consecuencias
La Temporada de Cine Argentino en The Garden Cinema conmemora el 50 aniversario del golpe militar del 24 de marzo de 1976, patrocinado por Estados Unidos. Ese día, las fuerzas armadas derrocaron a un gobierno elegido democráticamente e instalaron una dictadura. Esto fue parte de la guerra contra el comunismo en América Latina del secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger. El régimen militar desató una «Guerra Sucia» durante la cual desaparecieron 30.000 personas. Los militares ejecutaron y encarcelaron a muchos, y forzaron a otros al exilio. Además, la dictadura fracturó la sociedad civil y desmanteló sindicatos y movimientos sociales. Su fin en 1983 dio paso a políticas económicas neoliberales que exacerbaron las desigualdades. Avancemos hasta 2026 y Milei está desregulando leyes laborales y recortando derechos ambientales.
Además, en las décadas siguientes, la omertá que rodeó a ese período tuvo duraderas consecuencias legales y psicológicas. Los esfuerzos oficiales por lograr justicia han sido irregulares. El primer gobierno posdictadura tomó medidas iniciales, como el Juicio a las Juntas. Sin embargo, se aprobaron leyes posteriores para apaciguar a los militares que limitaron esas iniciativas. Fueron sobre todo activistas y organizaciones civiles quienes buscaron activamente justicia para los «desaparecidos«. Grupos como las Madres de Plaza de Mayo lucharon durante toda la Guerra Sucia y desde el retorno del país a la democracia en 1983 para revelar la verdad sobre su destino. Y ahora, 50 años después, Milei está restando importancia activamente a las atrocidades y desmantelando los esfuerzos por preservar la memoria histórica.
En marzo, un grupo de expertos de la ONU advirtió sobre «retrocesos alarmantes» en el compromiso del país con la memorialización y la justicia: «Aunque ha habido oscilaciones y vacíos, durante décadas el país ha logrado importantes avances en la lucha contra la impunidad y para garantizar los derechos a la verdad y la memoria. […] Desafortunadamente, hoy vemos un rápido deterioro del liderazgo global de Argentina en esta área».
Argentina: el cine como válvula de escape
Sin embargo, en esas décadas, el cine argentino resurgió con una fuerza extraordinaria, enfrentando el trauma de aquellos años. El programa muestra las complejas maneras en que la sociedad argentina ha lidiado con las consecuencias de la dictadura. También ofrecen un relato matizado del posterior y siempre cambiante panorama socioeconómico. Articulan tabúes, frustraciones y cuestiones demasiado ausentes en la política y los medios, desde la falta de rendición de cuentas hasta los derechos de la población indígena de Argentina.
La temporada se abre con la proyección del hilarante éxito de antología «Relatos salvajes» («Wild tales»). Su impacto cultural en el país fue tal que los nombres de los personajes entraron en la jerga cotidiana. El «Bombita» de Ricardo Darín se convirtió en un atajo para referirse a alguien que enfurece contra los excesos burocráticos. Los periodistas retomaron su representación de personas que se rebelan contra un sistema roto para criticar a las autoridades. Darín también protagoniza otras dos películas. Es un estafador en el clásico de robos con giros «Nueve reinas» y un asesor jurídico jubilado en la ganadora del Óscar «El secreto de sus ojos». Un thriller altamente pulido y con un guion ajustado, la película reflexiona sobre tres décadas de inmunidad militar y violencia patrocinada por el Estado.
Alegoría de la guerra
Es una de una serie de películas que abordaron la Guerra Sucia «alegorizando» la violencia mediante tropos del género cinematográfico tomados del terror, el crimen y la comedia. Incluyen el (recientemente fallecido) Luis Puenzo con «La historia oficial», que aborda la situación de los desaparecidos a través de un relato ficticio de una madre que sospecha que su hijo adoptado pudo haber sido secuestrado al nacer.
La galardonada sátira del cine dentro del cine «La Película del Rey» permite al director Carlos Sorin trazar una línea desde la violencia colonial hasta la violencia actual patrocinada por el Estado. Del mismo modo, la fascinante alegoría de Lucrecia Martel «Zama» refleja el trauma subyacente del legado colonial del país y la disfunción burocrática.
La temporada se extiende del 8 de mayo al 19 de junio. Para la programación completa, visite The Garden Cinema.
*Artículo publicado originalmente en The Canary.
(Traducido por The prisma – The Multicultural Newspaper) – Fotos: Pexels y Pixabay











