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Desencanto británico alimenta populismo de derecha

El auge de Reform UK y el declive del Partido Laborista y los Conservadores revelan una fractura cada vez más profunda en todo el Reino Unido, donde la inmigración y el desencanto dominan ahora el debate político. Hoy, millones de británicos ya no creen en los partidos que dominaron el país durante décadas.

 


Kennedy Ogenna

  

Reaccionando a los resultados de las elecciones locales del 7 de mayo de 2026, el Primer Ministro Keir Starmer declaró: «Los resultados son duros. Son muy duros, y no hay manera de endulzarlos. Hemos perdido a brillantes representantes laboristas en todo el país». Su partido acababa de sufrir su peor resultado en unas elecciones locales en décadas — perdiendo más de 1.100 escaños mientras Reform UK ganaba más de 1.400 y se hacía con el control de 14 concejos.

Durante décadas, Gran Bretaña estuvo dividida entre izquierda y derecha pero unida en su creencia en un sistema bipartidista. Ahora, con el resurgimiento del nacionalismo y los partidos tradicionales en crisis, nuevas divisiones tajantes definen el país, y la inmigración está en el centro de todo. El análisis de 1.282 distritos en las elecciones de 2025 muestra que el voto combinado de conservadores y laboristas cayó hasta el 36,8% — el más bajo en 80 años de elecciones locales.

Disfrutando de la reciente hazaña electoral de su partido, Nigel Farage escribió en The Times: «Nuestra capacidad para atraer a votantes desencantados de los dos principales partidos políticos ha sido sencillamente asombrosa».

Hoy, el populismo tanto de izquierda como de derecha se apoya en tres argumentos emocionalmente atractivos: culpar a personas de otras nacionalidades de la frustración nacional; prometer un regreso a un pasado utópico; e insistir en que los desafíos complejos tienen soluciones simples y divisorias. La aritmética detrás de esta fórmula es sorprendente. Una encuesta de Gallup publicada en febrero de 2026 halló que el Reino Unido lidera el mundo en preocupación por la migración, con un 21% de los británicos nombrándola como su principal problema nacional — frente a una mediana global de solo el 1%. El Índice de Problemas de Ipsos encontró que para septiembre de 2025, el 51% de los británicos citaba la inmigración como una de sus principales preocupaciones, la cifra más alta desde 2015.

Para Donald Trump, el objetivo son los mexicanos; para Nigel Farage, los inmigrantes. La fórmula es la misma en todas partes: emocionalismo disfrazado de reflexión serena, pensamiento crítico reemplazado por un único enemigo.

Un estudio que analizó casi dos millones de discursos parlamentarios en la Cámara de los Comunes halló que los legisladores utilizan un lenguaje significativamente más emotivo en debates de gran repercusión, desplegando estratégicamente lo que los investigadores denominan «retórica emotiva» para apelar más allá de su base electoral inmediata. El contexto más profundo es un colapso de la credibilidad institucional: el Índice de Veracidad de Ipsos 2025 halló que solo el 9% de los británicos confía en que los políticos digan la verdad — igualando la puntuación más baja conjunta desde 1983. Cuando el argumento no logra ganar confianza, el sentimiento llena el vacío. Los políticos con una historia emocional clara siempre han tenido ventaja: Thatcher contaba una historia de declive nacional; Blair, una de la dureza de corazón de los Tory; para Farage se trata de que Gran Bretaña empuñe el «gran garrote» y recupere sus fronteras. Recientemente alarmó diciendo que «la [crisis migratoria del Canal] va a empeorar mucho».

Nigel Farage. Foto de  Gage Skidmore / Flick. Commons License.

Mientras tanto, Tony Blair comentó una vez que en política «empiezas siendo más popular y menos capaz, y terminas siendo más capaz y menos popular».

Una encuesta de Ipsos de abril de 2026 halló que dos tercios de los británicos carecían de confianza en que el gobierno del Reino Unido estuviera dirigiendo el país con integridad o competencia.

El propio reconocimiento de Starmer de que la vida de la gente no está cambiando lo suficientemente rápido es, en términos de Blair, el sonido de la capacidad llegando lentamente mientras la popularidad se marcha silenciosamente. Hay momentos de auténtico estadismo: al justificar su negativa a unirse a Estados Unidos en acciones militares, Starmer declaró que nunca permitiría que el país fuera arrastrado a una guerra que no fuera de su interés — una lección directa de Irak. El propio Blair nunca logró pronunciar esas palabras. Sin embargo, la sabiduría en política exterior rara vez supera a la ansiedad doméstica, y la inmigración ha dominado ese debate.

La líder conservadora Kemi Badenoch acusó a Starmer de haber engañado repetidamente al Parlamento sobre asuntos de seguridad nacional relacionados con el nombramiento de Peter Mandelson, y de haber despedido a todos los que lo rodeaban para encubrirse a sí mismo — argumentando que la Primera Ministra «debe ser sometida a los mismos estándares a los que ella sometió a los anteriores Primeros Ministros».

Es precisamente cuando un líder cree que la rendición de cuentas se aplica a todos menos a sí mismo que la capacidad se convierte en lastre. A 14 de mayo de 2026, casi 100 diputados laboristas han pedido la dimisión de Starmer o que fije un calendario para su marcha, según el seguimiento en directo de LabourList. La exvicepresidenta Angela Rayner advirtió en una declaración formal: «Lo que estamos haciendo no funciona, y necesita cambiar. Esta puede ser nuestra última oportunidad».

Reform UK disfruta actualmente de la posición más embriagadora de la política: la libertad de la oposición sin la carga de la responsabilidad nacional. Sus promesas permanecen sin probar y sus fracasos, aún, inexistentes. La paradoja de Blair no perdona a nadie — espera. La verdadera prueba para Reform UK no llegará en la campaña electoral, sino al otro lado del poder. Ahí es donde las historias terminan y la gobernanza comienza. Y la gobernanza, como Blair sabía mejor que nadie, es donde la popularidad va a morir.

(Traducido por Camila Marquez) – Fotos: Pixabay

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