Miguel Lawner, arquitecto y funcionario del gobierno de Salvador Allende, fue detenido tras el golpe de 1973 y confinado en Isla Dawson. Allí restauró junto a otros prisioneros una iglesia abandonada, antes de partir al exilio y regresar a Chile en 1985.
Carmen Esquivel
En esa zona de la Región de Magallanes, caracterizada por fuertes vientos y temperaturas por debajo de cero grados, el régimen de Augusto Pinochet creó un campo de concentración para presos políticos, donde los reos fueron obligados a trabajos forzados.
“Después de estar unos días en el Estadio Nacional y en la Escuela Militar nos condujeron a un aeródromo de la Fuerza Aérea, aterrizamos en Punta Arenas con un despliegue del ejército enorme, nos llevaron a un puerto y embarcaron con dirección desconocida y al día siguiente llegamos a un lugar donde había nieve”. “No podíamos hablar entre nosotros. Nos hicieron caminar hasta una instalación militar y el comandante que estaba a cargo nos dijo: Ustedes están aquí en calidad de prisioneros de guerra. Están en la Isla Dawson”.
Así lo recordó el arquitecto y dirigente comunista en una extensa entrevista concedida a Prensa Latina. Hijo de migrantes judíos, Miguel Lawner egresó en 1954 de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile. Después de obtener el título dio clases en la propia casa de estudios y, junto a su esposa Ana María Barrenechea, creó la oficina profesional BEL Arquitectos.
Cuando Allende asumió la presidencia, en 1970, lo designó como director ejecutivo de la Corporación de Mejoramiento Urbano (Cormu).
“Ya yo había acompañado a Allende en sus cuatro campañas presidenciales: 1952, 1958, 1964 y 1970”, precisó.
Entre sus obras de ese período figuran el diseño y ejecución de diversos conjuntos habitacionales en Santiago, incluyendo la Villa San Luis (Las Condes) o el proyecto habitacional Cormuval, entre Santiago y Valparaíso.
También participó en la planificación del edificio para la III Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), actual Centro Cultural Gabriela Mistral.
“Nosotros levantamos la consigna de renovación urbana sin erradicación ya que, en el anterior gobierno de Eduardo Frei Montalva, la única experiencia de remodelación San Borja había significado la expulsión de 300 familias”.
La Cormu en cambio, dijo, pagó a los propietarios para la adquisición de los terrenos donde había viviendas en mal estado y las reparamos, y todo eso era en beneficio de la población residente y no en perjuicio de ella.
El gobierno de allende
Salvador Allende asumió la presidencia de Chile en 1970 y durante sus tres años en el poder adoptó un programa de gobierno para favorecer a las grandes mayorías. En opinión de Miguel Lawner, “es difícil encontrar una figura política que haya trascendido más que Allende.
En muchos países del mundo hay calles, plazas, escuelas, hospitales y barcos bautizados con su nombre. Es un fenómeno único en la historia de la humanidad”.
Para Lawner la idea de construir el socialismo por una vía pacífica fue planteada primero por el Partido Comunista de Chile y asumida plenamente por Allende, que la hizo suya y en cuanto tomó el poder la asumió de verdad.
Fue la primera experiencia en la humanidad en que se produjo un cambio tan sustancial, una revolución, por vía pacífica, recordó. Su gobierno, dijo, siempre se desarrolló como él decía en pluralismo, democracia y libertad. Del legado de Allende la medida que más impacto causó fue la nacionalización del cobre, principal recurso del país y viga maestra de la economía.
Otra medida de gran repercusión fue el medio litro de leche para cada niño. Hay que reconocer que este fue un esfuerzo descomunal porque el país carecía de la capacidad de producción de leche y hubo necesidad de hacer importaciones, a pesar de las dificultades en materia de divisas.
A esto hay que añadir la conclusión de la reforma agraria, la universalización de la salud, la creación de balnearios populares para los trabajadores y las mejoras en salarios y pensiones.

El 11 de septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas, con el apoyo de la oligarquía, partidos políticos de derecha y el aval de Estados Unidos, protagonizaron el golpe de Estado contra el gobierno de la Unidad Popular.
Comenzó así una dictadura de 17 años, encabezada por Augusto Pinochet, que dejó más de 40 mil personas detenidas, ejecutadas extrajudicialmente y torturadas, además de unos 200 mil exiliados.
En el campo de concentración
“En Isla Dawson estábamos como prisioneros de guerra y obligados a realizar trabajos forzados. El primero que nos tocó hacer fue plantar unos postes de seis metros de alto a orillas del Estrecho de Magallanes porque se iba a construir allí una línea eléctrica”.
“Nosotros creíamos que la isla estaba desierta, pero avanzando en esa tarea divisamos una localidad y la silueta inconfundible de una iglesia que estaba abandonada desde hacía décadas y era un Monumento Histórico”.
Cuando regresó a la prisión, Lawner les comentó el hallazgo a sus compañeros y de ahí surge la idea de restaurar la iglesia. El arquitecto logró convencer al comandante Jorge Fellay para reparar la iglesia y él le permitió ir al lugar a hacer el levantamiento y luego le facilitó lápiz y papel, un par de hojas de envolver y una escuadra pequeñita escolar con la cual pudo hacer el plano.
“Lamentablemente hasta el día de hoy los militares se niegan a devolverme ese original, a pesar de todos los gobiernos que han pasado”, denunció.
El 8 de diciembre, Día de la Inmaculada Concepción, la iglesia se inauguró en un ambiente innecesariamente tenso, ya que los maestros restauradores fueron invitados a asistir a la ceremonia desde las alturas, bajo atenta vigilancia armada y severas instrucciones de permanecer en silencio.
En ese apartado paraje estuvieron presos entre 500 y 600 personas de Punta Arenas, pero a los funcionarios del gobierno, que eran como 30, los mantuvieron siempre separados.
El destierro y el retorno
De Isla Dawson nos sacaron a los ocho meses. Estuvimos en distintas instalaciones de las Fuerzas Armadas, después nos confinaron un año en un antiguo balneario popular habilitado como centro de detención, antes de enviarnos a Tres Álamos, el sitio donde la dictadura nos concentró antes de expulsarnos del país. Yo logré que me ofrecieran asilo en Dinamarca y tuve la suerte de que, a los dos meses de haber llegado, mi esposa y yo fuéramos contratados por la universidad como profesores porque ese mismo año habían creado el Departamento de Alumnos Extranjeros, donde se ofrecía un curso sobre vivienda y desarrollo urbano en los países en vías de desarrollo. En 1985 la dictadura publicó una nómina grande de personas autorizadas a regresar a Chile en la que nosotros estábamos incluidos y retornamos. De manera que debimos estar cinco años bajo la dictadura aquí en Chile.
A su vuelta, Lawner, junto a dos de sus compañeros, decidieron fundar el Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz (ICAL), un centro de pensamiento e investigación social y política que perdura hasta hoy.
“Fue una iniciativa en ese momento espectacular porque estábamos en plena dictadura, logramos adquirir un inmueble en el centro de Santiago, y eso se transformó en una tribuna de oposición al régimen en el plano intelectual que tuvo enorme trascendencia”.
En 2020 Miguel Lawner recibió el Premio Nacional de Arquitectura por sus constantes aportes tanto a esa disciplina como por sus numerosos y emblemáticos proyectos arquitectónicos y habitacionales, con un fuerte contenido social. PL
(Fotos: Pixabay)











