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De empleada doméstica en Dubái a un futuro en Londres

Tras casi cinco años trabajando sin vacaciones en Dubái, Ligaya Reyes aprovechó un viaje a Londres para escapar de su empleadora. Ahora disfruta de mejores condiciones laborales, mantiene a parte de su familia en Filipinas y planea regresar con su marido cuando hayan reunido suficiente dinero para emprender.

 

Javier Duque

 

Tiene un nombre que parece latinoamericano o español, pero es filipina, tiene 34 años y llegó a Londres en el año 2009 tras huir de Dubai, donde trabajaba anteriormente.

Cuando alguien vive en un país pobre, o que no aprovecha bien los recursos que tiene, como es el caso de Filipinas, lo normal es que muchos de sus ciudadanos intenten marcharse y buscar un lugar en el que puedan prosperar.

Eso es lo que hizo *Ligaya Reyes, una filipina que, a sus 26 años, abandonó su país en 2004 con destino a Dubai para trabajar. “Un amigo que ya estaba allí me dijo que me podía conseguir algo”, comenta. Y así fue: desde el país árabe le arreglaron el tema de la visa y le compraron el billete de avión para ir a cuidar la casa de una señora. Pero el futuro mejor que buscaba no fue tal: el salario no era lo que esperaba y no disponía de tiempo libre para sí misma ya que trabajaba todos los días de la semana. “No tenía vacaciones y, además, hacía mucho calor y era un país muy aburrido”, afirma Reyes.

A pesar de no estar muy a gusto en su trabajo en Dubai, Ligaya aguantó casi 5 años. Concretamente hasta 2009, año en que llegó a la capital inglesa.

La llegada de Reyes al Reino Unido no fue por motivo de vacaciones. Bueno sí: pero de su empleadora, la cual tenía ganas de visitar la isla.

Una vez en Londres, a la que vino con una visa de 6 meses proporcionada por la señora para la que trabajaba en Dubai, Reyes aprovechó para huir.

De nuevo a través de un amigo consiguió un trabajo en una casa de unos judíos, situada al lado de Regent´s Park, como ama de llaves.

A día de hoy sigue con ese empleo y se muestra encantada: “Son muy buenos, me pagan bien, me dan vacaciones e incluso me costean el tiquete a Filipinas para ir a ver a mi familia una vez al año”.

En una de esas visitas decidió casarse con Eric, su actual marido, y a través de su empleadora le proporcionaron los papeles necesarios para que él pudiese, por fin, aterrizar en Londres y unirse a ella el pasado mes de diciembre.

Familia

Ligaya se encuentra bien en Londres ya que cree que en la ciudad se puede ganar dinero, hay trabajo y puede disfrutar de los fines de semana yendo a hacer alguna compra o acudiendo a la iglesia a rezar por sus familiares.

Una familia en la que ella es la mayor de seis hermanos y a la que ayuda enviando dinero todos los meses. “Si no le enviase dinero a mi madre, no podrían comer carne”. Aunque ahora, asegura la filipina, su familia está bien porque dos de sus hermanos trabajan de profesores y también aportan dinero. Peor suerte corre un primo suyo que tiene 12 hijos y al que el salario le llega para darles arroz y pan.

De momento, Ligaya y su marido pretenden estar unos pocos de años más en Londres. Los suficientes para ahorrar y poder volver a Filipinas para montar su propio negocio. “Una tienda de ultramarinos, por ejemplo”, sentencia Reyes.

(Fotos: Pixabay)

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