Antes de su próxima exposición en Ciudad de México, la artista multimedia nacida en Río, Pauline Batista, habla de su anterior muestra, “Methylene Blue Dreams”, y de cómo su obra mezcla medicina, fantasía y la forma humana para desafiar nuestro constante impulso hacia la autooptimización.

Clelia Reka Frondaroli
Un frasco de azul de metileno permanece suspendido en una caja de hojalata, colocado sobre un fondo blanco y austero. Otras formas y esculturas llenan el espacio expositivo: un banco de sala de espera, un modelo de órgano; todas ellas, formas humanas y no humanas que están a punto de resultar a la vez reconocibles e indiscernibles para el público.
Esta es la obra más reciente de la artista nacida en Río Pauline Batista, exhibida en Somers Gallery (un espacio de proyectos dedicado a destacar el arte latinoamericano) el pasado verano.
Tras haber pasado varios años formativos en Estados Unidos, Berlín y ahora Londres, la artista brasileña se ha labrado un nombre con obras de arte multimedia que combinan ideas del cuerpo con la tecnología, la maquinaria y el ámbito médico.
La idea de “Methylene Blue Dreams”, nombre tomado de un compuesto médico sintético, se le ocurrió a Batista hace unos seis años. En aquel entonces, la sustancia solo podía encontrarse fácilmente como producto químico para limpiar acuarios o como colorante médico. Desde entonces, y en particular durante los últimos dos años, el término ha empezado a reaparecer: esta vez, utilizado por la industria del bienestar.
Batista explica: “Ellos [la industria] dicen que si tomas suplementos de azul de metileno, tu función cognitiva será mejor, no tendrás niebla mental, tu memoria se potenciará, y así sucesivamente”.
La reaparición del término en el discurso en línea llevó a la artista, de 38 años, a creer que era el “momento adecuado” para empezar a desarrollar más su exposición, reuniendo piezas a lo largo de ocho meses.
Y el resultado es una mezcla de objetos “humanos” reconocibles con elementos no humanos, fantásticos y de ciencia ficción.
Sobre un banco de sala de espera descansa un órgano del que emerge un tentáculo; algunos espectadores lo perciben como un cerebro y otros, como un estómago. Una sustancia negra similar al limo también aparece a lo largo de la muestra, sobre la que Batista escribe: “Mientras el azul de metileno busca revelar, el limo negro oculta y vuelve las formas cada vez más ilegibles”.
Sin embargo, mezclar la forma humana con elementos no humanos es un tema familiar para la artista multimedia, que reaparece una y otra vez en varias de sus obras. Exposiciones anteriores, como “Is Your System Optimized?” y “The Algorithm Will See You Now”, exploran ambas ideas de mejora física, a menudo hasta el punto de resultar perjudiciales para nosotros mismos. Cuando se le pregunta si su obra pretendía desafiar este constante impulso hacia la autooptimización, Batista señala que sus proyectos anteriores eran “definitivamente” críticos con la tendencia.
Hace una pausa por un momento. “Parece una locura”, dice, “que, en lugar de arreglar el entorno en el que vivimos, ahora recaiga en cada individuo la responsabilidad de dar lo mejor de sí mismo, tomar todos estos suplementos, registrarlo todo y optimizar, optimizar, optimizar”.
La autooptimización, cree, es problemática en sí misma. En última instancia, es inalcanzable para la mayoría, porque, como señala la artista, no existe una definición única de “bueno” u “óptimo”. A pesar de ello, su obra reciente adopta un enfoque más lúdico, en el que quiere que el público encuentre alegría, esperanza y quizá solo un poco de incomodidad en las obras que tiene delante.
Volviendo al uso del cuerpo en su obra, Batista cree que al principio no fue del todo intencional. Más bien, su arte puede haberse inspirado inconscientemente en sus propias experiencias vitales al lidiar con una enfermedad crónica.
Explica: “Tiene sentido, porque gran parte del lenguaje visual que me ha rodeado desde que era niña ha estado vinculado a los hospitales y a los distintos tipos de maquinaria que entran en tu cuerpo o lo documentan.
Y creo que fue una experiencia formativa que se filtró en mi práctica”.
Pero la diferencia, señala, es que dentro del arte y de la práctica artística, el espectador tiene la libertad de cuestionar las cosas de maneras “que no puedes hacer cuando eres paciente dentro del complejo médico-industrial”.
Batista sabe que el cuerpo seguirá desempeñando un papel prominente en su obra. Pero será la forma en que se represente lo que cambiará. Explica con más detalle: “Creo que el cuerpo se ha disuelto de algún modo, incluso en esta exposición, y no sé si volverá a aparecer alguna vez como un todo”.
Pero incluso a través de esta deconstrucción, la forma humana sigue siendo un anclaje central, abriendo nuevas puertas y nuevas direcciones para que su obra evolucione. Ahora, Batista se prepara para su residencia en el Vermont Studio Center, antes de su próxima exposición en Ciudad de México en febrero de 2027.
(Traducido por Camila Marquez) – Fotos facilitadas por la entrevistada.














