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Un inmigrante que emigra: “UK ya no es país para viejos”

Gustavo*  es un colombiano que ha vivido la mayor parte de su vida en Londres. Ahora piensa regresar  a su país de origen porque cree que Reino Unido ya no es país para viejos.

 

Javier Núñez

 

Retornar a su país de nacimiento ha sido una decisión difícil de tomar para este colombiano,  pues estuvo por fuera cerca de 33 años y piensa que adaptarse a su nueva vida en Colombia le puede tomar un tiempo bastante prolongado.

“Yo antes iba y visitaba a mis padres una vez por año y máximo me quedaba tres semanas, un mes,  como  turista. Pero ahora se trata de radicarme definitivamente”.

Gustavo nunca quiso salir de Colombia. A la edad de 17 años tenía su novia, cientos de amigos y una vida alejada de preocupaciones, “pero mi familia decidió  por que yo enfrentara  rumbos diferentes”.

El  choque cultural y climático lo sintió apenas  arribó a Londres: “Yo llegué  una tarde de junio  y la imagen que tengo es de una ciudad lúgubre, cubierta de nubes.  Recuerdo que le dije a mi hermano, quien ya llevaba  sus años en U.K: ‘¿Cuándo empieza el verano?’ Y él me respondió: ‘¡ya estamos en verano!´”.

Gustavo cuenta que el contacto con el idioma no fue inmediato: primero debía encontrar una fuente de ingresos  para su manutención, por lo que empieza  trabajando en los restaurantes de comida internacional, donde aprende  a descifrar la lengua de los cocineros provenientes de Italia, antes que la del país anfitrión. “La necesidad de hablar inglés surgió a los cuatro meses de haber llegado, cuando en la callé me abordó un hombre  para preguntarme la hora. Como no supe responder,  el muchacho  no tuvo más opción que cogerme del brazo, mirar el reloj e irse desconcertado”.

A los doce meses de estar en Londres se queda como ilegal porque no tiene los suficientes fondos para extender su visa.

De los tres años que permanece indocumentado, nunca experimenta  el peligro de ser deportado, como aquella  vez en que los agentes de inmigración llegan a una discoteca latina donde se encontraba departiendo con unos amigos.

Esa noche la policía acordonó el lugar y empezó a verificar pasaportes. “Yo recuerdo que una oficial era la que seleccionaba quien se  quedaba y quien se iban. Yo sólo esperaba mi turno, resignado a mi suerte”.

Pero en un descuido de la mujer, uno de los camareros disimuladamente se acerca y lo conduce a un pequeño escondite dentro del bar.

“El tiempo que estuve ahí (cuatro horas) fue una eternidad. Solo se escuchaban voces y murmullos, mientras yo me hundía en la  zozobra. Finalmente me salvé”.

El club latino sería el mismo sitio donde  meses más tarde conocería  a la mujer  que haría su esposa  y con la que tendría dos hijos: “Con Melanie tuve un noviazgo de un año basado en amor verdadero y decidimos dar el paso al matrimonio cuando quedó embarazada de John,  el hijo mayor.  Con ella conviví por 12 años”. Luego de resolver el estatus de residencia, Gustavo se hizo ciudadano británico y empezó a trabajar en una compañía de trenes.

Uno de los momentos más difíciles de su vida ocurrió hace dos años cuando perdió su empleo y al poco tiempo los bancos remataron su casa.

En la compañía de trenes, Gustavo era una de las nóminas más antiguas en su cargo, por lo que los directivos empezaron a dialogar con él para que aceptara su retiro, y a cambió recibiría una indemnización.

“La empresa quería retirar los empleados más antiguos porque  salían muy costosos, ya que habían sido contratados con mejores garantías laborales. Como yo no acepté,  me buscaron la caída de cualquier modo, y al final lo consiguieron”.

No obstante, lleva su caso ante la justicia, argumentando que su despido había sido injustificado, pero finalmente fracasa porque deja vencer los  términos para interponer la demanda correspondiente.

“Yo sabía que si perdía ese empleo  nunca volvería a encontrar algo similar. Y efectivamente fue así; la situación laboral en Reino Unido es tan difícil, que me he visto obligado a trabajar en cosas que solo hace un inmigrante cuando llega sólo, no conocer a nadie y no domina el idioma”.

Desde entonces, ha  estado preparándose para su  retorno a Colombia, donde espera iniciar  una nueva vida, pese a  las limitaciones que pueda encontrar en el camino. Le duele mucho  dejar a sus hijos, pero le tranquiliza un poco que ya se hayan hecho mayores de edad y cuenten con el respaldo de la madre.

“Yo sé que en Colombia me enfrento a un mundo muy competitivo, pero  también lleno de oportunidades, sobre todo en el campo de los idiomas. Allá podré ser traductor oficial, docente en academias de inglés y hasta trabajar para una compañía petrolera”.

*Nombre cambiado por sugerencia del entrevistado.

(Fotos: Pixabay)

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