“No te golpea por ser alta o baja, gorda o flaca, necia o inteligente, licenciada o analfabeta…Te golpea por ser mujer”… Esta frase representa la vida de muchas personas.
“Me agarraron, me tiraron al suelo y se me echaron encima. Hasta que perdí el conocimiento. Cuando volví en mí, quería irme. Me dijeron: ‘Sí lo cuentas, iremos por ti y te mataremos’. Nunca lo conté a nadie. Quedé embarazada”.
Esa la historia vivida por una joven de 16 años. Prefiere mantener su identidad en el anonimato y su rostro en la oscuridad. Cuenta su pesadilla ante las cámaras de la organización Médicos Sin Fronteras. Forma parte de las llamadas ‘víctimas invisibles’, mujeres que han sufrido la violencia sexual durante o después de un conflicto bélico. No extraña porque la violencia de género continúa siendo en el siglo XXI uno de los mayores problemas que atormentan a la sociedad actual.
Incluso, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha afirmado que los agresores no son castigados por la justicia debidamente.Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año mueren más de 5.000 mujeres en todo el mundo. En su informe publicado el mismo Día Mundial para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, especifica que una de cada tres víctimas “muere a manos de su pareja”. Además, señala que en las zonas conflicto armado se incrementa “el uso de la violencia sexual como arma de guerra”.
Es decir esa violencia denominada violencia de género, que consiste en todo acto violento que una mujer recibe por el simple hecho de serlo, y que va desde el maltrato verbal hasta el abuso sexual e, incluso, el mismo asesinato.
The Prisma ha tenido la ocasión de poder comentar y tratar la crítica situación que viven miles de mujeres alrededor del mundo, y en especial en Colombia.
Para ello también ha conversado con Linda Cabrera, abogada de Sisma Mujeres, organización que trabaja por la defensa de los derechos del género femenino.
Estados y organizaciones internacionales han adelantado acciones para reducir los casos de violencia contra la mujer. Sin embargo las estadísticas y las denuncias señalan un panorama donde dicha violencia es alarmante.
En efecto así es y así lo hemos constatado en los últimos años al hacer un análisis de los casos. Además, el fin de la guerra no significa la paz para las mujeres. Los casos de violaciones y maltrato continúan. Pese a existir muchas leyes para la protección de las víctimas, esto no es suficiente. Por ejemplo, en Colombia se presentan ochos casos relacionados con la violencia de género cada hora. Y cada tres días se produce un caso de femicidio. 2011 se cerró con 18.000 denuncias, un 11% más que el año anterior. El principal problema es que no se están aplicando las leyes. Existe una debilidad muy importante en este sentido.
¿Comparte la opinión de Ban Kin-moon de que los agresores no reciben el castigo merecido?
Efectivamente. En Colombia se da una tasa del 94% de impunidad, pese a todos los esfuerzos que se han hecho para agilizar la tramitación de los casos. El año pasado el tribunal estudió solo 8 procesos de femicidios, cuando cada mes se produce una media de 10. El problema es que la violencia que sufren las mujeres se considera como casos pasionales, es decir, el juez aplica a los denunciados principios de intencionalidad que dan flaqueza a la culpabilidad. Se dan casos en que las agredidas acuden a la Policía y no obtienen ninguna solución a sus problemas. En muchos casos no se atiende a las víctimas como es debido, y son juzgadas, se les pregunta a ellas como si fueran las culpables de su situación y, se les recriminan que vayan demasiado a pedir ayuda.
¿Qué penas debe recibir el agresor?
Nosotros no somos partidarios de cadenas perpetuas y de que una persona pase toda la vida en la cárcel. Solo queremos que se aplique la ley que existe, como se hace para otros temas tratados por la justicia. Pero consideramos que para ello debe haber un cambio en la mentalidad de la sociedad, que la gente no vea esto como algo normal, como una pelea de pareja. No lo consideran como un ataque a los Derechos Humanos y es un error. Se debe dar un giro a la tendencia actual, pocas denuncias y alta impunidad.
¿Cuál debe ser el papel de la sociedad para terminar este problema?
Muy importante, porque no se trata de un problema personal, es una cuestión de todos los ciudadanos de un país. Las sociedades deben ser las primeras en decir basta. Por ello hay que animarlas. Cuando más voces haya en la opinión pública que defiendan la igualdad y la equidad, cuando más se castigue a los agresores y, más se escuche el apoyo de toda la sociedad, mayor será el número de víctimas que decidan denunciar su dura situación. Pero hoy no se sienten respaldadas.
¿Qué relación hay entre agresor y víctima?
Puede ser desde la pareja sentimental (cinco de cada ocho casos), hasta cualquier integrante de la familia o incluso, una persona desconocida.
Se están produciendo constantes denuncias de actos que han tenido lugar en la vía pública, con ataques de ácido o abusos sexuales. Hace poco una mujer fue violada en un parque de Bogotá y la sociedad en masa salió a la calle en defensa de esta víctima. Esto queremos, que todos salgan a la calle, defiendan a las víctimas. Pero se tiene que luchar y alzar la voz por todas las mujeres que tienen miedo, que no pueden hacer pública su realidad.
¿Depende el tipo de violencia de la edad de la agredida?
La violencia no discrimina, se presenta a cualquier edad y en todas las condiciones socioeconómicas, con estudios o con trabajo, no se hacen diferenciaciones, todos podemos ser maltratados. Claro que las niñas llevan una carga adherida a su doble vulnerabilidad, por ser menores y por ser mujeres. Ello hace que estén más expuestas a la violencia y a que sus palabras no tengan tanto valor cuando dicen que algún familiar las ha agredido.
¿Una mujer que es víctima y que se ve obligada a emigrar con su agresor, cómo puede sentirse?
La salida de un país por motivos de violencia nunca es agradable. A nadie le gusta dejar su entorno. Todos tenemos el sentimiento de arraigo y de nuestra historia en el lugar donde nacimos. Las que se ven obligadas a cambiar de residencia, llegan a un entorno bastante complejo. Además de la condición de inmigrante (todos saben que a los latinoamericanos se nos trata como invasores y ciudadanos de segunda categoría) hay que sumar la condición sexual. En muchas ocasiones sufren otras formas de violencia: en lo laboral, en lo físico, en lo sexual o en lo económico. A ello se suma el que se está en una sociedad diferente, con cultura e idioma que se desconocen. La persona se puede sentir aislada y, puede encontrar más barreras para pedir ayuda y denunciar su situación.
¿Cómo ve la legislación en el Reino Unido?
Como en el resto de la Unión Europea, está mucho más avanzado que en América Latina. Aquí la sociedad está más sensibilizada y comprometida con este problema social, da la mano a las mujeres. Aún se dan casos, pero nada que ver con la realidad del Suramérica. Acá hay mejor respuesta a los casos de violencia contra la mujer, la justicia es mucho más estricta y justa. Eso es lo que reclamamos.
(Fotos: Pixabay)












