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Imperialismo norteamericano y el legado de la bomba atómica

Hiroshima y Nagasaki no fueron los únicos lugares donde se llevó a cabo una destrucción nuclear. La realidad ilustrada por John Pilger en el documental “The Coming War on China”, muestra la devastación causada por los Estados Unidos en las islas del Pacífico.

 

Juanjo Andrés Cuervo

 

Aunque la bomba atómica causó una hecatombe sin precedentes en Japón, no fue la última vez que un artefacto de características similares fue lanzado. Porque en las Islas Marshall, una región del Pacífico, el potencial nuclear fue probado en repetidas ocasiones.

Entre 1946 y 1958, los Estados Unidos hicieron explotar en estas islas numerosas armas de destrucción.

Eventualmente, la catástrofe ocasionada en ese período, fue el equivalente a la devastación causada si se hubiese lanzado, cada día durante esos 12 años, la bomba atómica que arrasó Hiroshima.

Esta realidad aparece en el documental de John Pilger, “The Coming War on China”, en el cual se ilustra el uso de armamento atómico por parte de los Estados Unidos en diversas islas del Pacífico.

Harry Truman

El periodista australiano es una eminencia en la lucha en favor de los Derechos Humanos, y ha sido mundialmente reconocido por figuras ilustres como Martha Gellhorn o Noam Chomsky.

Publicado poco después de la victoria de Donald Trump en las elecciones, John Pilger muestra como el lanzamiento de artefactos nucleares ha imposibilitado la vida en las islas.

Todo ello, a través de documentos desclasificados, entrevistas con nativos y miembros oficiales del departamento norteamericano. Por ejemplo, en Bikini Atoll, un arrecife coral que une 23 islas, sus habitantes tuvieron que abandonar la región en 1946.

Además, el 1 de marzo de 1954, los Estados Unidos lanzaron la bomba de hidrógeno más destructiva de la historia. Con el nombre Bravo, esta bomba arrasó tres islas, y tuvo una magnitud mil veces superior a la de las bombas que fueron lanzadas en Hiroshima y Nagasaki.

Obviamente, los habitantes de las islas tuvieron que huir, y se marcharon al arrecife de Rongelap. Sin embargo, allí también llegaron los efectos de la radiación, y las personas sufrieron enfermedades como cáncer de tiroides, mientras que los bebés nacían con deformidades, muchos de ellos sin poder moverse, como se detalla en el documental.

Por otra parte, un gran número de personas terminó falleciendo por la radiación, mientras que otras fueron analizadas por científicos, para comprobar el potencial de la bomba atómica.

Esta realidad no era desconocida en los Estados Unidos. De hecho, un oficial del país americano, experto en energía atómica, aseguró que la isla de Rongelap es “de lejos, el lugar más contaminado de la Tierra”.

De Truman a Trump

Tras el lanzamiento de la primera bomba atómica en Hiroshima en el año 1945, Harry Truman lanzó una advertencia a los japoneses: “Si no aceptan nuestras condiciones, caerá una lluvia infame desde el aire, algo nunca antes visto en la Tierra”.

Finalmente, la segunda bomba atómica cayó, esta vez en Nagasaki. Ese mismo día, poco antes del lanzamiento, un sacerdote protestante, llamado Samuel McCrea Cavert, rogó al presidente de que tuviese piedad y no destruyese la isla nipona.

No obstante, Harry Truman obvió sus peticiones, y dos días más tarde, le respondió que “el único idioma que entienden es el de las bombas. Cuando tratas con una bestia, tienes que tratarle como una bestia.”

Los más optimistas deseaban que nunca más se tuviese que ejercer una brutalidad tan desproporcionada. Sin embargo, la realidad fue diferente, pues la sed destructora del país norteamericano, como ha quedado patente en América Latina o Asia, es ilimitada.

A pesar de que la Segunda Guerra Mundial acabase hace 75 años, la carrera armamentística nunca se detuvo. Porque los Estados Unidos siempre quieren estar a la cabeza e intimidar a potencias rivales.

De hecho, no es casualidad que, en la isla más grande las Islas Marshall, Kwajalein, está una de las bases de misiles secretas de los Estados Unidos, apuntando a China, su máximo rival. Un enemigo siempre en la mirilla de Donald Trump.

(Fotos: Pixabay)

 

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