Derechos Humanos, Migrantes, Multicultura

Escribo desde la prisión…

 Jorge Iván López Alzate escribió a mano y a manera de diario su experiencia en las prisiones de Pentonville y Brixton, y decidió hacerla pública para “ayudar a otros latinos que puedan tener dificultades en Inglaterra y, por ende, llegar a estar en estas o cualquier otra prisión. Hoy, con su autorización publicamos apartes de su carta. 

 

Estación de policía Forestgate

El 14 de mayo de 2009 fui llevado a la estación de policía de Forestgate. Allí, una mujer oficial me tomó los datos y me informó de que se me tomaría una muestra de ADN (saliva) para determinar si tenía o había utilizado drogas. Un oficial me repitió lo de la prueba de ADN agregando que si hallaba trazas de cocaína o heroína se me acusaría de traficante de drogas.

1) Corte de Stratford

El 15 de mayo de 2009, antes de entrar a la corte en Stratford, hablé con la abogada que se me asignó, quien me explicó la gravedad de mi situación: podía recibir hasta 10 años de condena. Cuando entendí la gravedad de mi situación, pedí un traductor para entender todo lo que en mi caso se expusiera. Ella dijo que no era necesario porque mi inglés era bueno. Por tanto, estuve en la primera corte sin traductor.

2) Prisión de Pentonville

Me enviaron a esta prisión el 15 de mayo de 2009. Desde cuando me detuvieron (14 de mayo) hasta el 17 de mayo estuve con la misma ropa sucia (lo peor era la ropa interior, pantaloncillos y medias) y sin poder bañarme hasta el domingo, pues ese día daban la ropa y sábanas limpias.

Nadie explicaba nada, ni cómo se adquieren los elementos de aseo o a quién se les piden. El sábado 16 por la mañana un sacerdote fue para anotar la gente nueva que quisiera ir a misa y aproveché para pedirle un rollo de papel higiénico porque estaba que reventaba.

El domingo me dieron sabanas limpias, bóxers, medias y sudadera. No tenían cobijas limpias, por lo cual seguí durmiendo con las sucias que había dejado otro preso en la celda A4 25, que compartí con Mr. Snow, quién me explicó cómo funcionaba lo correspondiente a elementos de aseo, y a quién se le pedían éstos y, en general, cómo funcionaba Pentonville. Mr. Snow me explicó todo en inglés. Hasta ese día no había encontrado allí ningún latino que me ayudara. Si no hubiese entendido a Mr. Snow ¿qué hubiera hecho yo?

Solicité que me permitieran ir a clases de inglés; nunca me respondieron. En Pentonville hay que llenar dos formularios con tu información personal y algunas preguntas importantes. Pero no recibí una verdadera instrucción. Ni si quiera conocí la biblioteca ni su funcionamiento. Estuve encerrado dos meses sin ninguna actividad extra y sin poder leer nada.

Enfermé, me tomaron muestras de sangre para realizar unos análisis, pero cuando recibí la nota para ir a la segunda cita médica e informarme de los resultados, no me abrieron la puerta. Los oficiales te dicen que esperes diez minutos y no vuelven. Mi compañero me explicó que la alarma de la celda no se puede tocar sino en emergencias, por ejemplo, cuando alguien está en peligro.

Solicité la tarjeta internacional (cada preso extranjero tiene derecho a una tarjeta con tres minutos de llamadas gratis), pero nunca la recibí. Decidí comprarla por medio de la cuenta personal de cantina. Gasté en dos ocasiones diez y cinco libras, pero nunca me llegaron las tarjetas. Hice el reclamo y los oficiales me decían que fuese paciente. Nunca me dieron ni el dinero ni las tarjetas. Los oficiales siempre están con prisas cuando reparten los paquetes de las compras de la cantina y hacen firmar los recibos antes de revisar los paquetes, incluso algunos están de mal humor.

En la misma prisión de Pentonville fui llevado a otra sección; la llamaban “G wing”. Creí que las cosas serían distintas pero fue peor. Fui ubicado en la celda G4 29, la cual no tenía ventilación porque la ventana estaba cubierta con acrílico transparente. Pasaba la luz, pero no entraba ni salía aire. La celda era muy pequeña. Allí mismo estaba el sanitario y no había forma de que saliera el mal olor cuando uno de los presos lo usaba, y si las temperaturas eran altas, como lo fueron esos días, era horrible la situación.

Ese mismo día murieron dos perros policías dentro de un carro debido a la ola de calor que azotaba Londres. A medida que llegaba la tarde, la situación en la celda era intolerable por el calor. Yo pasaba todo el tiempo allí encerrado porque no me habían aprobado ninguna actividad extra. La hora de socializar era la única posibilidad para bañarme. Desafortunadamente, el agua de las duchas era demasiado caliente, pero no se hacía ningún caso a las quejas de todos. Las duchas se convertían en saunas y si se le sumaba el desagradable olor de la marihuana que algunos presos fumaban allí, eso se convertía en un verdadero infierno.

Recuerdo bien a los dos personajes que fumaban marihuana, pero nunca dije nada para evitarme problemas. Las peleas allí dejaban a la gente muy aporreada, hasta con heridas en la cara. Los dos meses en Pentonville fueron una verdadera tortura.

El 15 de julio fui llevado a Inner Craun Court London. Esta vez tuve traductor, y me representó un muy buen abogado que me consiguió el consulado colombiano.

Me dieron seis meses de condena: tres en prisión, dos en Pentonville y uno en Brixton (allí terminó su condena el 14 de agosto).

La prisión de HMP Brixton

En un primer instante me pareció muy organizada. Apenas llegué me dieron un set de ropa limpia, sábana, cobija, ropa y otros productos de aseo, inclusive papel higiénico. El día siguiente recibí una muy buena inducción sobre el funcionamiento de la cárcel y las actividades en las que podíamos ocuparnos.

Nos hablaron de terapias que ayudaban a dejar las adicciones, especialmente de alcohol y drogas. En una de las entrevistas me preguntaron qué no podía soportar. Les dije que el humo (En Pentonville estuve todo el tiempo con fumadores).

El 16 de julio me ubicaron en la celda A19, con la desagradable sorpresa de tener como compañero a un fumador compulsivo, en una celda más pequeña que la de Pentonville. Hasta el día de hoy he tenido 5 compañeros fumadores, uno con problemas de comportamiento. No hablaba, y de repente empezaba a convulsionar y a hacer unos ruidos rarísimos con la nariz; luego empezaba a reír fuertemente.

Esto sucedía día y noche. No podía dormir. Pedí que me cambiaran la celda, pues no me sentía seguro. En Pentonville había leído en un periódico que circulaba en la cárcel que un preso había ahogado a su compañero con una almohada para poder tener sexo con él. Entenderán que es normal que no me sintiera. Es verdad que mi compañero simplemente podía estar loco o epiléptico, pero yo no estaba para asumir ese riesgo. En varias ocasiones pedí que me enviasen a la “B wing” porque allí están todos los colombianos, pero no lo pude conseguir.

El 1 de agosto hablé con el oficial de turno en el nivel A2. Le dije que consideraba injusto el hecho de que yo llevara dos semanas tratando de obtener visita, sólo porque una noche antes de la visita me habían devuelto la orden de visita porque no tenía un código.

Obviamente no tuve tiempo de hacer nada y perdí la visita. El oficial me dijo que yo debía seguir las reglas. Eso lo entiendo, pero ellos muchas veces son injustos. Él sólo dijo:“Why did you brake the law?”, entonces entendí el pensamiento de ellos. Cuando uno ha cometido un delito, pierde todos sus derechos.

En esta prisión de Brixton he podido asistir a clases de inglés y hay muchas actividades a las cuales puedo asistir. Únicamente cuando estoy encerrado con fumadores se me hace la vida muy difícil, y respuestas como la que me dio el oficial me hacen sentir que en cada segundo puedo volver a ser juzgado, no por un juez, sino por un oficial de guardia y que la pena es la violación de mis derechos.

Gracias eternamente por leer mi carta y que Dios los bendiga hoy y siempre.

Jorge Iván López A.

P.D. Sigo sin poder llamar a Colombia. Aquí también pedí la tarjeta internacional que entrega la cárcel da y todavía no he recibido respuesta. No he intentado comprarla, porque compré un juego de estampillas y me robaron la plata. Hice el reclamo. Debo ser paciente.

(Fotos: Pixabay)

 

 

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