Con sólo 26 años ha tenido la oportunidad de conocer los conflictos del Sahara y de Kosovo de primera mano y de trabajar en México durante un año en las comunidades sin recursos del estado de Guanajuato. Natural de Bilbao (España), “del mismo centro”, reconoce con cierto orgullo, tiene muy claro cuál es su objetivo y sus gestos lo demuestran.
Juan Galbete
Estudió Derecho con especialidad en Economía en su ciudad natal y más tarde cursó el Máster Europeo en Derechos Humanos y Democratización en Venecia y Budapest. En el año 2008 tuvo la oportunidad de marchar a México, donde desarrolló una importante labor colaborando con mujeres de comunidades pobres.
En concreto, desarrolló su trabajo en la ciudad de Celaya, en el estado de Guanajuato, como asesora de grupos de mujeres para aconsejarles sobre temas sociales, económicos y de salud. “Son mujeres con problemas de autoestima, que sufren en sus hogares casos de violencia doméstica y necesitan un apoyo especial”, señala.
Otra de las importantes labores desarrolladas por el proyecto en el que trabajó consistía en ofrecer apoyo económico a través de la concesión de microcréditos a estas mujeres con el objetivo de financiar la creación de pequeños negocios o la inyección de capital de los que ya eran propietarias.
Reconoce que muchos maridos presentaron problemas porque no veían con buenos ojos la ayuda que recibían sus mujeres.
Guarda y cuenta con pasión sus recuerdos de México tanto los buenos como los malos pero, sobre todos ellos, destaca el trato personal. “La gente es increíble. Te abren sus puertas, son muy generosos y siempre te tratan como a uno más de la familia”, asegura. Al mismo tiempo, también rememora las sensaciones amargas, en particular por el sentimiento de lejanía con su familia. Tuvo la oportunidad de visitar en noviembre de 2004 los campos de refugiados de la comunidad Saharaui en el desierto del Sahara gracias a un grupo de trabajo organizado conjuntamente por los ‘Consejos de la Juventud, vasco, español y catalán. Junto con otros activistas convivió y colaboró con los refugiados en el campamento de Dajla y viajó a Esmara para después manifestarse, pacíficamente, frente al ‘muro de la vergüenza’.
Al igual que en su experiencia mexicana, destaca por encima de todo la generosidad de la gente humilde.
En el año 2008 viajó a Pristina, la capital de Kosovo, con sus compañeros de estudios de postgrado, dos semanas antes de que este territorio declarase su independencia de Serbia. Allí convivieron con la comunidad albanokosovar, donde un puente separa a ésta de la zona serbia.
Asegura que sintió “el odio” que existe entre las dos comunidades, pero se declara “muy afortunada” de haber podido conocer estas realidades. Con estas experiencias a sus espaldas está convencida de que “no debemos vivir centrados en nuestro mundo, en nosotros mismos y preocuparnos sólo de nuestro circulo”. “A pesar de las injusticias y de los malos momentos me quedo con el continuo aprendizaje y con la generosidad de la gente”, concluye.
(Foto: Pixabay)











