Cada año podemos estar seguros de encontrar estadísticas nuevas sobre el problema de los embarazos adolescentes en Europa.
Randelle Tanios Ellis
Las estadísticas muestran que la juventud británica está a la cabeza de este grupo en lo que una revista ha llamado una “tragedia global”. Mi nombre es Randelle Tanios Ellis y soy madre adolescente o, más correctamente, fui madre adolescente.
Ahora estoy cerca de los 25 años, con una hija de casi siete, y me gustaría tomarme un tiempo para compartir algunas de mis experiencias, tribulaciones y lo que he aprendido durante mi vida tras las estadísticas.
Di a luz a mi hija cuando tenía 18 años, la cola del sector demográfico de las madres adolescentes, y al mirar ahora las fotografías de mí misma con mi pequeña en los brazos veo lo que todos debieron de haber visto cuando me observaban: un bebé. Fue un parto de cuatro horas, sin drogas, con sólo un desgarro de primer grado y sin complicaciones. ¿Qué más podría pedir una madre primeriza? El padre de mi hija y yo estábamos enamorados; tan enamorados como pueden estarlo dos jóvenes sin experiencia, sabiendo tanto el uno del otro como era posible después de sólo unos pocos meses. Recuerdo estar acostada sobre su frágil cama universitaria. Habitación 19. Su televisión Grundig de 35 pulgadas proyectaba una suave luz azul sobre las paredes y sobre su cuerpo mientras yo lo observaba desnudo de pie junto al minúsculo lavabo en una esquina de la habitación y hacía inventario de las partes que sabía mi hija heredaría de él.
Rompimos. Ahora es padre de otra niña. Aún sigue enamorado de mí. Lo sé. Después de años de discusiones y peleas finalmente nos hemos perdonado el uno al otro y ahora ponemos por delante nuestro mayor amor, nuestro mayor logro; en lugar de nuestros amargos celos y nuestro punzante resentimiento.
Mi hija tenía poco más de un año cuando volví a la escuela para terminar mis A-Levels y pronto volveré para terminar mi carrera en septiembre de 2011.
Trabajo a tiempo parcial en un local de bagels cerca de Ealing. Voy a presentarme al examen de conducir por quinta vez. Ahorro.
Estoy intentando ejercer tanto la carrera de periodista como la de compositora y mi hija quiere ser la versión británica de Miley Cirus y espera poder ir a las pruebas de X-Factor el próximo año. Si no fuera por la fuerza del Todopoderoso y de la familia con la que me ha bendecido, no sería ni la mitad de madre y señorita que soy hoy en día. Ha sido una verdadera lucha; sufriendo en silencio la depresión post-parto, la adicción al cannabis, las inseguridades, los arrepentimientos, la pérdida de amigos, la pérdida de amantes. ¿No es vivir en ocasiones un desafío para todos nosotros? No, no aconsejo a nadie, no importa de qué edad, que tengan un hijo a menos que estén en un estado emocional, espiritual y físico apropiado en el que poder criarlo y darse a sí mismos la máxima estabilidad posible en este sistema viejo y roto, sin tener que enfrentarse a sentimientos doloridos ni a acciones e identidades pasadas. Así no cometerán contra sus hijos el injusto delito de sentir arrepentimiento y resentimiento por su existencia.
La unidad familiar está ahí por algo y me arrepiento, después de ser testigo de la lucha de mi madre con mis hermanas y conmigo, de no haber tenido un poco más de cuidado. Una vida es una vida y me he mantenido al lado del compromiso, aunque a veces he querido echar a correr, pero ¿correr hacia quién y hacia qué? No puedo responder. No concibo mi vida sin ella.
(Traducido por Vicente Rosselló – Email: v.rosselloh@yahoo.com) – Fotos: Pixabay











