Las mujeres inmigrantes que sufren abusos y violencia en un país desconocido, viven un infierno, aisladas, dentro de su hogar. No tienen a quién acudir y se ven obligadas a continuar con sus parejas de quien dependen económica y emocionalmente.
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Miriam Valero
Muchas de las mujeres inmigrantes que sufren la violencia que contra ellas ejercen sus maridos, nunca piden ayuda ni escapan de ello.
Comenzar a vivir en un país nuevo hace que la mujer sea mucho más vulnerable a las agresiones debido a la dependencia económica que muchas veces tiene de su pareja y a que las barreras del idioma y de no conocer la realidad legal del país hacen que no busque una salida. La organización de ayuda a la mujer Latin American Women´s Rights Service (LAWRS) atiende en Londres una media de 400 casos al año de abusos contra las mujeres.
Desde la asociación señalan la contradicción de que al emigrar y sufrir el maltrato, la mujer es una presa muy fácil de las agresiones, pero que a su vez, el entorno es mucho más favorable para salir del círculo de la violencia que en los países de América Latina.
De estas mujeres silenciadas y de su experiencia de más de 30 años ayudándolas, charlaron con The Prisma la directora de LAWRS, Carolina Gottardo, y la coordinadora del proyecto de prevención de la violencia contra la mujer de la organización, Myriam Bell.
¿Cual es la incidencia de la violencia en los hogares de latinoamericanos inmigrantes en Reino Unido?
Myriam Bell: Las tasas de maltrato hacia las mujeres en América Latina son altísimas y la experiencia migratoria hace que en el país al que se emigra sean aún mayores. Muchas mujeres que vienen aquí ya han sufrido la violencia en su país y otras que no lo han hecho comienzan a ser víctimas fáciles para los hombres porque su situación es muy vulnerable. Pertenecen a una comunidad que es invisible y minoritaria, no conocen sus derechos ni el sistema legal, tampoco el idioma y se da una situación de dependencia muy fuerte de su pareja. Están aisladas y atemorizadas. Si el maltrato lo ejerce una persona que no viene con ellas de su país de origen, sino que lo conocen aquí, igualmente están muy vulnerables porque no conocen sus derechos.
¿Cual es el pérfil de la mujer inmigrante maltratada?
M.B.: Pues tenemos casos de entre 20 y 65 años, pero yo diría que entre los 30 y los 45 años sería la franja de edad en la que habría más incidencia.
En el caso de las mujeres que llegan a Reino Unido con su pareja y no han sufrido maltrato hasta llegar al país, ¿por qué comienzan los hombres a agredirlas? ¿Cuales son las causas?
Carolina Gottardo: La dinámica del poder en la pareja cambia cuando se llega a un país nuevo. En algunos casos se produce lo que llamamos la amenaza a la masculinidad. Vienen de Latinoamérica donde el hombre ha tenido un control absoluto sobre la mujer.
Entonces, cuando ella se independiza económicamente y el hombre empieza a trabajar en trabajos mal pagados, de segunda, el varón siente que su poder ha disminuido después de la experiencia migratoria y la única manera de recuperarlo es recurriendo a la violencia. Además, la desubicación y la desestabilización que en todas las personas produce la experiencia migratoria también afectan a la hora de generar la violencia. Junto con todo ello, al pertenecer a una minoría étnica las personas están más aisladas.
¿Cómo se sienten las mujeres inmigrantes cuando sufren la violencia?
M.B.: Hay mujeres que vienen a hablar, tienen miedo, y no quieren actuar. Las mujeres pasan años sufriendo y sin decir nada. El ciclo del abuso implica aislar a la pareja y muchas de ellas no tienen loas herramientas para identificar que están en una situación de maltrato. Ellas saben que son infelices pero no tienen la información para poder actuar.
Nosotras estamos sorprendidas de la cantidad de escenarios en los que las mujeres latinoamericanas se encuentran en situación de abuso y maltrato. Son espeluznantes los niveles a los que se llegan. Es muy peligroso, por ejemplo, el caso de las mujeres indocumentadas, que están inmersas en maltratos en una subcultura invisible.
C.G.: No tienen donde acudir, no conocen el sistema. En sus países cuando estaban con su familia y sus amigos, conocían cómo funcionaba la ley y se encontraban más protegidas aunque, aún así, las proporciones del maltrato en Latinoamérica son altísimas. Es muy común que los hombres les digan a las mujeres usted diga algo y yo la denuncio y la deportan. La mujer simplemente piensa, yo no voy a mandar de vuelta a mis hijos a Latinoamérica donde no tienen oportunidades. Me aguanto y que me maltrate, me queda callada y así no me separan de ellos.
M.B.: Y a pesar de todo ello, aquí las mujeres tienen más oportunidades de salir de esta situación que en América Latina.
Es decir que el entorno en un país nuevo aunque las haga más vulnerables, ¿a la vez las ayuda a salir de la situación de maltrato?
M.B.: Hay muchos casos de mujeres que viajan aquí con su familia completa y que ya han sido maltratadas en su país, y cuando comienzan a trabajar, a tener su dinero, a saber cómo funciona el sistema legal del país que las puede proteger, se dan cuenta de que pueden ser cabezas del hogar y escapar del abusador. Y así salen del maltrato. En América Latina no existen las ayudas ni la protección que existe aquí, por eso cuando vienen no entienden el concepto de seguridad social, de protección. La sociedad latinoamericana en este sentido es cómplice de maltrato. Los hombres vienen de latinoamérica donde el maltrato es aceptado. O no hay leyes o las leyes no se cumplen.
En los casos que hemos tratado, cuando los hombres son reportados a la policía, el impacto es impresionante, porque no se lo esperan y les tienen terror. En este sentido, en términos de implementar la ley, en latinoamérica la policía también es cómplice. Y otros representantes como la iglesia católica tampoco ayudan. Su mensaje es reconciliación, perdón
¿Qué papel juegan los hijos en una situación de maltrato? ¿Cómo lo condiciona?
M.B.: Cuando hay maltrato en el hogar hacia las madres, los niños también son víctimas. Porque escuchan, sufren, hacen comentarios. Incluso en ocasiones los hijos actúan de forma agresiva contra ellas cuando deciden actuar para terminar con el maltrato. Para un niño que llegue la policía y arreste a tu padre tiene mucho impacto.
Además, cuando las mujeres consiguen romper el ciclo de la violencia, los hombres usan a sus hijos para continuar ejerciendo violencia contra ellas ya sea verbal o a través del aspectos económicos.
Hay un volumen de mujeres muy importante que nunca denuncia ¿Y los casos que se quedan ocultos? ¿Son cifras de mujeres similares a las que piden ayuda?
No podemos saber exactamente, pero sospechamos que hay un volumen muy alto, que hay un gran número de casos que nunca conoceremos. Claro que hay un porcentaje inmenso al que nunca llegaremos.
¿Qué sienten las mujeres cuando rompen con el maltrato y siguen adelante?
M.B.: Cuando consiguen ganar de nuevo el derecho a tener una vida, están en paz. Cuando se liberan ves como aprenden el idioma, comienzan a proyectarse, a tener ideales, proyectos, se desarrollan. Por primera vez tienen la oportunidad de vivir libres.
Si nosotros intentáramos medir el impacto que tiene el maltrato en la mujer… es tan devastador que la humanidad seguro que ha perdido a grandes escritoras, grandes artistas, por que eran victimas de maltrato y no han podido desarrollarse.
Y no es sólo el impacto que tiene desde el punto de vista emocional y psicológico, es que eso afecta a todo, a tu capacidad de desarrollarte, a tu potencial, a tu capacidad de concentración, a tu estabilidad física a dormir, a comer. C.G.: El problema para que la mujer salga de la situación es la información. La mayoría de las mujeres que atendemos logran salir del maltrato porque ven que tienen un futuro y que pueden hacerlo. Por ello los recortes en los sistemas públicos están teniendo ahora un efecto devastador en la seguridad e independencia de las mujeres.
¿Los hombres dejan de maltratar?
M.B.: Yo tuve un caso muy interesante. Era una mujer y un hombre indocumentados con tres hijos. El hombre empezó a beber y a maltratar a la mujer. Ella vino a LAWRS, se informó, y le puso al hombre sobre la mesa sus derechos y le dijo estas son las opciones que hay. Si un día más yo me siento amenazada por ti, llamo a la policía porque no quiero seguir en esa situación. Te deportarán a ti, y me deportarán a mí. Desde ese momento, él la dejó de maltratar.
(Fotos: Pixabay)











