Sentada en 110 Shoreditch High Street, observo a la gente pasar, que mira curiosa hacia dentro, confundida e intrigada; la mayoría demasiado tímida para entrar a la exuberante, única en su especie, casa de té ubicada en la mitad del Este de Londres.
Sofia Ahmad
Para mí, su asombro es totalmente entendible. Al pasar, conmovedores tonos de jazz, de una era pasada, resuenan y hacen que uno se paralice ante sus temas, y contemple el propósito de este edificio verde.
La puerta delantera, terminada con un picaporte dorado, da la impresión de que ésta es una casa de familia y que simplemente se olvidaron de cerrar la puerta. Los que son lo suficientemente osados como para entrar, sentirán como si hubiesen vuelto 60 años atrás en el tiempo y tropezado con la casa de alguien de los ‘40s. Muchas dulces mesas de tipo de roble llenan el espacio, donde los clientes se pueden sentar. Utensilios, antigüedades y recuerdos de la década de 1940 llenan los recovecos y las ranuras de la sala.
Objetos que se destacan incluyen un gran piano en la esquina, una gramola en el medio, discos de vinilo, y una motocicleta antigua arrinconada en la esquina junto con otros aparatos de la época.
Una vez adentro, no parece una casa de té si los clientes aún no han llegado, ya que el área de servicio está escondida detrás de la esquina, tal como una cocina fuera de la vista. Llego a “Time for Tea” a la 1 de la tarde, una hora antes de que abra sus puertas.
El dueño, Graham Hilleard, me recibe amablemente, vestido de pies a cabeza con un atuendo de los años 40, con bigotes y un corte de pelo que hacen juego.
Él encaja perfectamente con los alrededores, y soy yo quien, con el pelo tirante y un vestido de Zara, se siente fuera de lugar en ese ambiente.
Después de hablar con Graham se hace evidente que “Time for Tea” no es un truco comercial barato sino que, de hecho, representa una cierta elección de estilo de vida y filosofía que los dueños sostienen firmemente. “Time for Tea” es una protesta contra la acelerada sociedad consumista desechable en la que vivimos hoy. Estoy intrigada y quiero saber qué es lo que hace de los ‘40s y ‘50s un periodo tan especial. Graham me cuenta que para él “los ‘40s y ‘50s eran una época de glamour y un periodo donde la gente se podía tomar el tiempo y socializar relajadamente. Había una actitud respetuosa ante la vida y las cosas. Ahora todo el mundo gana tiempo comiendo un sándwich en su escritorio. No hay tiempo para vivir la vida.
Vivimos en una sociedad consumista desechable. Nada está pensado para que dure, los productos son hechos para una duración muy limitada, para que podamos actualizarnos y comprar la última versión después de un tiempo.
Es un ciclo de constante desecho. En aquellos tiempos las cosas estaban hechas para que duraran, y uno las podía usar por muchos años”.
Mientras él me explica su aborrecimiento por nuestra sociedad desechable, pienso en los ordenadores y los teléfonos celulares que he tenido y que, sin duda, no han sido de una larga vida útil.
Sus palabras son convincentes, y uno sólo necesita mirar alrededor de la casa de té para ver la abundante evidencia que apunta a su favor.
Está la gramola de los ‘50s que aún funciona, o la pesada y sólida (aunque algo desgastada) valija de los ‘40s en la esquina.
A lo largo de nuestra conversación, Gram resalta que “Time for Tea” se trata de “de-modernizar”, y de brindar una especie de “escapismo” del “alocado mundo exterior”, y de revivir una “institución británica que contrarreste el acelerado mundo moderno”. También tiene su propia misión de resistir las convenciones de la vida moderna. Su vestimenta diaria consiste en atuendos antiguos de décadas pasadas. Detesta la presión de tener que adaptarse a las nuevas reglas y continúa compartiendo su punto de vista en más detalle:
“Me ha pasado que gente en el colectivo y en la calle critica la forma en que me visto y cómo me veo, como si tuviera derecho a enojarse. Es tan típico de la sociedad de hoy, nadie es sí mismo, la gente está obsesionada con encasillarse en un cierto número de categorías, están atrapados por la convención. Mira Shoreditch, está repleto, viernes y sábado por la noche, de gente que se esfuerza por ser diferente, pero son todos iguales, vestidos con faldas a cuadros y pantalones ajustados. La gente no es libre. Trato de no ser atrapado y absorbido por el mundo. Busco escapismo en la vida, no tengo un televisor y trato de no seguir las noticias intensamente”.
“Time for Tea” está ambientada en una hermosa casa de la época, que estuvo abandonada desde 1941 hasta que sus dueños la compraron 11 años atrás.
Me lleva a recorrer la casa, y mientras me guía por la escalera de caracol, advierto que cada habitación ha sido remodernizada y transportada a un tiempo… 60 años atrás.
Las otras habitaciones de la casa han sido utilizadas de diferentes formas.
Recientemente, una banda brasilera alquiló el espacio ubicado encima de la casa de té para vivir seis meses mientras hacían su gira por el Reino Unido.
Anteriormente, la BBC alquiló el lugar para filmar, cuando estrellas como Duffy y Florence y Machine filmaron sus videos en “Time for Tea”, la cual también fue alquilada para un baño de bebé justo el día antes de que yo llegara. Después de bajar las escaleras me siento, ubicándome en una la esquina, y espero a que empiecen a llegar los clientes. Me intriga saber quiénes frecuentan este retrato de 1940, particularmente porque la gente que pasa parece intrigada mas no muy convencida de entrar.
Sin embargo, 50 minutos después de su apertura la casa de té está llena, la gente hace fila para conseguir una mesa y Graham y su hijo están muy ocupados atendiendo una casa de té repleta.
Me di cuenta de que no hay propaganda agresiva o, a decir verdad, ningún tipo de propaganda comercial.
Se hizo conocida de boca en boca y, usando las palabras de Graham, es “un acogedor lugar subterráneo”. Así es como le gusta.
Me cuenta que tienen sus clientes regulares de los domingos y que atrae tanto a londinenses como a turistas.
Es particularmente popular entre turistas franceses e italianos en busca de una experiencia británica tradicional.
Si bien las habitaciones pueden alquilarse cualquier día de la semana, la casa de té sólo abre de las 2pm a las 6pm los domingos.
Sin embargo, en esas pocas horas de domingo por la tarde, los clientes pueden elegir entre una amplia variedad de exóticos tes, que va desde el Dajeeling, Ooolong, Caravan Ruso, Lapsang Souchong y Earl Grey al té negro con pétalos de rosa, mientras se dan el gusto de saborear tortas y scones caseros.
Este refugio único en Shoreditch no es una empresa comercial, sino un proyecto nicho nacido de la pasión por una era de otro tiempo y la resistencia al mundo moderno. Se resiste a la convención y es un espacio sin fronteras. Disfrute de té y scones, alquile una habitación para vivir, filme un video musical o haga una fiesta. Escape del agitado siglo veintiuno y dedique un poco de tiempo para un té de domingo.
(Traducido por Silvia Guidobono – Email: silviaguidobono@gmail.com) – Fotos: Pixabay











