Países que una vez fueron hermanos a la fuerza debido al colonialismo y el tráfico de esclavos, encuentran ahora su conexión a través de iniciativas culturales y el idioma portugués. Los directores de cine independiente tienen un papel como promotores de la cultura africana y brasileña: de su importancia actual, no del cliché turístico.
Graham Douglas
El primer trabajo de Mario Patrocinio y su hermano Pedro fue Complexo do Alemao: un documental sobre cómo es la vida en una favela de Río de Janeiro.
Se destaca porque son las personas que allí viven, las que muestran de primera mano cómo es la vida en un lugar que los medios de comunicación tienden a reducir, simplemente, a un gueto infestado de drogas. Su segundo trabajo, I Love Kuduro, se rodó en la capital angoleña, Luanda, y prosigue con su postura de rechazo a los estereotipos. Desde su estreno en el Festival de Cine Internacional de Río de Janeiroen Brasil, I Love Kuduro se ha proyectado en el Festival de Cine Internacional de Guadalajara, México, (el más prestigioso de Latinoamérica) y en el HotDocs International Documentary Festival, Canadá, (el mayor de Norteamérica en cine documental). Ha ganado el premio a la Mejor Fotografía Documental en Cineport (Festival de Cine de habla portuguesa en Brasil) y se ha visto en Kenia, EE. UU., España, Alemania, Reino Unido, Sudáfrica, Cabo Verde y, como no, en Angola y Portugal.
Como dice Mario Patrocinio, su director, “el público no conocía el fenómeno del kuduro y su importancia en Angola. La fuerza y el alcance del movimiento ha sido sorprendente”.
De Kuduro a esta parte, ha estado interesándose por el surf; otro fenómeno cultural muy popular en varios continentes. Mario Patrocinio habló con The Prisma sobre su certeza de que la cultura tiene el poder de unir a la gente.
Angola es muy atractiva para los profesionales del medio porque alienta a la libertad creativa y tiene un ambiente de inversión muy dinámico, comparado con el estancamiento de Portugal.
Portugal está pasando por un momento de recuperación económica y las inversiones en este campo son escasas. Nuestro país está lleno de buenísimos profesionales pero la mayoría de los productores tienen todavía una actitud anticuada, y se centran en el mercado portugués.
Esto es un error estratégico porque el cine de nuestro país tiene alcance y calidad para producirse en el mundo entero. Portugal tiene infraestructuras estupendas, buenos profesionales, fácil acceso, una increíble variedad de paisajes y un clima maravilloso. Y por eso ha sido el escenario de innumerables producciones internacionales. Pero lo ha sido básicamente en el área de servicios, más que un país activo en el campo creativo.
Por suerte, los tiempos están cambiando y nuestra compañía, BRO, junto con otras compañías de producción, están haciendo cosas en Portugal y en el extranjero.
Angola está creciendo a un ritmo brutal, creando las infraestructuras necesarias para ser el país líder del continente africano. Existe una determinación política y corporativa para tomar ese camino. Están produciendo un cine que es reconocido fuera, y ya que Portugal tiene más profesionales de los que su mercado puede absorber, Angola se está convirtiendo en el país de preferencia para profesionales portugueses del sector audiovisual. Y de su colaboración con los profesionales angoleños está surgiendo un núcleo cinematográfico.
Yo creo totalmente en el roce y el flujo entre países de habla portuguesa. El idioma nos une, sí, pero hay además un entendimiento cultural. Soy un convencido de la influencia mutua y natural entre la gente, de compartir, de un mundo sin barreras donde podamos juntar nuestras cabezas y encontrar soluciones para vivir en armonía, sosteniblemente y con respeto mutuo.
¿Cómo reaccionó la gente de Londres al kuduro y al documental?
Fue muy especial, el público estuvo muy interesado en el tema y en la película, respondieron muy bien. Había gente de muchos sitios, y en el coloquio que hubo después de la proyección hubo un excelente intercambio de ideas y pudimos entender las diferentes decisiones y los caminos de cada cual.
¿Piensa que la conexión Angola-Brasil va a crecer en su intercambio cultural?
El flujo entre los dos países va a aumentar, pero para mí la conexión y el desarrollo van a englobar mucho más. Aparte de los intercambios culturales entre Angola y Brasil, yo creo en la sinergia de los países de habla portuguesa.
Cuanto más viajo, más me doy cuenta de lo mucho que tenemos que aprender unos de otros, y que compartir conocimientos no sólo nos ayuda a comprender mejor nuestro pasado común: nos ayuda a proyectar un mundo nuevo.
¿En qué está trabajando ahora?
2014 ha sido un año muy positivo para BRO. Hemos hecho varias películas de surf y hemos ganado premios. Mission Papoa, que dirigí con mi hermano Pedro, ganó el premio al Mejor Cortometraje en MADSWELL (Festival de Cine de Surf de Madeira) y el premio a la Mejor Producción de Cortometraje Nacional en SAL (Festival de cine surf de Lisboa). La rodamos durante una tormenta muy peligrosa, la Hércules. Fue muy difícil.
También hemos producido Grandpa (Abuelo) (http://vimeo.com/101584074), que es una película de un minuto dirigida por André Marqués para celebrar el Día de los Abuelos y Abuelas, y que ganó premios en Filminute (el festival de cine de un minuto más importante del mundo).
Otro proyecto con el que disfrutamos mucho fue The McNamara Surf Trip, para una serie de de siete episodios documentales para la red. Seguimos al famoso surfista Garret McNamara por diferentes regiones de Portugal. Lo promocionó la Oficina de Turismo.
Tenemos mucha ilusión con nuestro nuevo proyecto, O Anjo Surfista (El ángel surfista). Es un documental sobre Guido Schäffer, un surfista y médico brasileño muy joven que murió en 2009, días antes de ser ordenado como sacerdote.
El Vaticano ha abierto ahora un proceso de beatificación de Guido Schäffer y es posible que se convierta en el primer Santo del surf.
Tengo algunos otros proyectos, pero con el que estoy más contento es con mi primer largometraje de ficción, una adaptación de As mulheres do meu pai (Las mujeres de mi país), un libro del escritor angoleño José Eduardo Agualusa.
He leído una entrevista del director de una nueva película, Trash, sobre niños que trabajan en los vertederos de Brasil. Y señala que en Roma la película fue acogida como un documental social y ganó un premio. Sin embargo, en Brasil fue acogida como una comedia. ¿Refleja este dato la diferente manera en que los europeos y las personas de los países en vías de desarrollo ven la pobreza?
El conocimiento de la gente sobre un tema cambia de un continente a otro, de un país a otro.
Cuando estábamos haciendo I Love Kuduro, noté que en Occidente había una imagen estereotipada de África vinculada a la pobreza, la guerra, los modos de vida tradicionales, la naturaleza y los animales salvajes.
El hecho de que hiciéramos una película que refleja una realidad distinta, un fenómeno cultural actual en el que la creatividad y el ritmo son el centro, cogió a la gente por sorpresa. Muchos se preguntan “¿cómo es que no tenía ni idea de esto?”. A lo mejor, con esta pequeña muestra estamos contribuyendo a la difusión de esta nueva África, llena de gente joven creativa con mucho que ofrecer al mundo a través de la música, la pintura, las artes plásticas y la interpretación.
(Traducido por Pilar Serrano – Email: .p.serrano.arias@gmail.com) – Fotos facilitadas por el entrevistado y autorizadas para su publicación.











