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Asistencialismo: un análisis

El presupuesto reciente del gobierno conservador en Gran Bretaña, entregado por el canciller George Osborne, ha causado consternación.

 

Steve Latham

 

Los recortes sociales se han extendido sobre grupos cada vez más vulnerables, como  discapacitados y  padres solteros.

Pero la actual reducción en el gasto social no debería sorprender. Es la consecuencia totalmente comprensible de los acontecimientos históricos a largo plazo en la política británica.

Olvidamos que la creación del Estado de bienestar era sólo eso, una creación política, y no cualquier tipo de proceso «natural» de la evolución. Las clases dominantes del Reino Unido y el Imperio Británico no les dieron, voluntariamente, un pedazo de la torta nacional a las clases trabajadoras, simplemente porque sentían lástima por ellos.

No. Fue el resultado de años de presión política lo que obligó al establecimiento a aplacar el descontento, y la amenaza de una revolución, con concesiones sustanciales.

Aunque sin ser un total socialismo, el bienestar produjo una mejora material en la vida de las personas pobres. Algo sin precedentes en la historia del mundo.

A este factor interno, se añadió el conflicto externo con el fin del comunismo en la URSS y, más tarde, en China.

Mientras que representaban en su propia propaganda un falso paraíso de los trabajadores, estos regímenes totalitarios exhiben un polo ideológico al sistema de la empresa capitalista libre.

Con el fin de mostrar que su capitalismo era superior al marxismo, al proporcionar un grado de justicia e igualdad, las naciones occidentales promulgaron la legislación sobre el bienestar.

Esa amenaza externa se ha ido. Y también la oposición interna, el movimiento obrero castrado por deliberada promulgación de restricciones antisindicales de los Tory.

La clase obrera manual también se vio debilitada por la pérdida de su base de masas en la industria pesada, pues los negocios a nivel mundial buscaron mano de obra barata.

Sin embargo, fue posible el acuerdo histórico por la prosperidad relativa de Europa y, para Gran Bretaña, su dominación imperial y explotación de las naciones más pobres.

Apuntalado por el legado de la esclavitud, esto permitió a la clase dominante extraer su riqueza excedente, y establecer el estado de bienestar en un ataque de obligación noble.

Como resultado, el proletariado europeo se transformó en una aristocracia laboral global, con una participación en la perpetuación de los acuerdos comerciales desiguales. Hoy, sin embargo, los tiempos han cambiado y Gran Bretaña ya no disfruta de estas ventajas económicas heredadas, alcanzadas inicialmente por Estados Unidos y, más recientemente, por Asia y  China. Gran Bretaña está volviendo a descubrir lo pequeña que es, una pequeña isla frente a la costa de una península en el borde del mayor continente euro-asiático.

En este contexto, es inevitable que las élites reduzcan el gasto social, cuando ya no están obligadas a mantenerlo.

Esto no es un desarrollo «natural», sino una decisión política deliberada. Somos testigos de la re-imposición de la pauta normal (si no normativa) de potencia, común en todo el mundo.

Es un regreso al pasado, a  una era post-histórica. Pero no es la que debemos esperar. En cambio, la crisis exige un retorno a la política de lucha de clases, la que creó el Estado de Bienestar en primer lugar.

(Traducido por Mónica el Pilar Uribe Marín) – Fotos: Pixabay

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