Globo, Mundo, Reino Unido

Los efectos dañinos del Covid en la seguridad alimentaria

La pandemia hasta finales de este año podría arrastrar al hambre a 130 millones de personas, incluso es posible su recrudecimiento en el contexto de la Covid-19 y que esta cifra aumente.

 

Silvia Martínez

 

Así lo prevé el informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo” (SOFI) 2020, que también dice que su impacto puede agregar entre 83 y 132 millones de personas al número total de subnutridos, en dependencia del escenario de crecimiento económico.

Pero el 164 Consejo de la FAO ya había vaticinado un alza del hambre y la malnutrición por la ‘combinación   de los efectos de la Covid-19, las medidas de contención de la enfermedad y la consiguiente recesión mundial’. Lo atribuye a un incremento de la pobreza, sobre todo en países de bajos ingresos dependientes de las importaciones de alimentos; incluso avisó que una posible recesión mundial provocada por el nuevo coronavirus, puede cancelar un decenio de progresos en materia de reducción de la pobreza.

El análisis sostuvo que a diferencia de las crisis de precios de los alimentos de 2007 y 2008, hoy el desafío radica en el acceso a los alimentos y no su disponibilidad.

Según las estimaciones revisadas de la FAO, hasta 120,3 millones de personas podrían comenzar a padecer crisis de alimentos debido al descenso del crecimiento económico.

La caída de la demanda de las exportaciones de productos básicos, como el petróleo, el algodón y los minerales, el colapso del turismo y la reducción de los flujos de remesas afectan de un modo especialmente grave a los países en desarrollo. En su Programa integral de Respuesta y Recuperación Covid-19, destinado a prevenir una emergencia alimentaria mundial durante y después de la pandemia, para el cual solicita una inversión inicial de 1,2 mil millones de dólares, la FAO se enfoca en una ‘propuesta   global ágil y coordinada’.

Busca con esa propuesta garantizar el acceso a alimentos nutritivos mediante la movilización de recursos y asociaciones a nivel nacional, regional y mundial. Para el director general de ese organismo es preciso trabajar muy duro para limitar los efectos dañinos de la enfermedad en la seguridad alimentaria y la nutrición, y explicó que la tecnología digital es la única vía para abordar esos desafíos, incluso válida hasta para la ayuda humanitaria y el control de la langosta del desierto.

Hambre Cero

Apenas una década resta para la meta Hambre Cero en el mundo contemplada en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas (ONU), propósito que desde hace varios años da señales de inalcanzable.

Desde 2015, diversos organismos del ente mundial advierten del sostenido incremento del hambre, tras décadas de descenso, y cómo progresivamente se aleja el objetivo de lograr la seguridad alimentaria y erradicar todas las formas de malnutrición.

En ese empeño, más promover una agricultura sostenible, se centra el segundo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para una adecuada gestión de la agricultura, la silvicultura y la acuicultura, capaz de suministrar comida nutritiva, generar ingresos decentes y promover el desarrollo desde y para las personas del medio rural, sin daños al medioambiente.

Hechos y realidades de las que son parte los 17 ODS y sus 169 metas, que integran la Agenda 2030 de la ONU, aprobada en 2015 por sus Estados miembros, comprometidos con erradicar la pobreza y la desigualdad, garantizar derechos humanos y sociales, y fomentar el crecimiento económico sostenible, entre otros. Conflictos como guerras, choques tribales, medidas unilaterales coercitivas, así como el cambio climático y sus fenómenos extremos de sequías e inundaciones, son las causas más visibles de la persistente hambruna, sumados ahora el gran brote de la langosta del desierto y la Covid-19, que hacen trizas cualquier pronóstico.

Desde el informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo” (SOFI) 2017 se previene sobre lo ‘difícil de lograr el objetivo de un mundo sin hambre y sin malnutrición para el 2030’.

Actualmente, los expertos ven como dudosa la posibilidad de alcanzar ese objetivo, ante un panorama mundial de mayor crisis económica y social por causa de la enfermedad.

Así lo definió el SOFI 2020, elaborado por cinco agencias de ONU, el cual notifica que en 2019 casi 690 millones de personas pasaban hambre, cifra que representa respecto al año precedente 10 millones más, casi 60 millones en cinco años, y que sitúan la hambruna en los niveles de 2010/11.

El estudio incluso avisa que, en 2030, por el rumbo actual que marcha el mundo, 840 millones de personas tendrán serias limitaciones para alimentarse, en otras palabras, serán parte del vergonzoso ejército de hambrientos del planeta.

(Fotos: Pixabay)

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