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Inmigrantes y activistas: Inequidad es continuación del colonialismo

Carlos Cruz era muy niño cuando su padre fue amenazado de muerte y debió abandonar su país con rumbo al Reino Unido. Consciente de que el “el saqueo” de los países del Norte al sur global es la causa de su migración y de la violencia en esos países, decidió ser activista político como sus padres y apoyar a los movimientos sociales en América Latina.

 

Daniela Arias Baquero

 

“Adiós, a la madre patria”, dijo su padre después de que mataran a su mejor amigo y de que a él lo amenazarán por su labor como profesor, activista político y sindicalista en Colombia.

Y  empacó maletas y con su esposa y sus hijos llegó a Londres, más precisamente a Brixton, donde la diáspora estaba presente en rostros tan jóvenes como el de Carlos, que tenía entonces 5 años.

Carlos arribó a tierra ajena como parte de una segunda generación de inmigrantes latinos que se sumaban al gueto de los afrocaribeños en esa zona de Londres. Sin embargo, allí tampoco les esperaba el paraíso.

“Vivíamos en un barrio marginal, de clase trabajadora, de inmigrantes. Mis padres se preocupaban por nosotros. Eran activistas políticos que tenían principios y valores que nos enseñaron, pero el entorno y el barrio nos afectó, especialmente a mí pues me metí en pandillas cuando estaba joven. Fue una situación extraña: salimos de Colombia para una vida mejor pero aquí en Londres la cosa tampoco era perfecta”, cuenta Carlos.

La migración de colombianos al exterior se debe, entre otras causas, a un modelo de desarrollo establecido durante el Frente Nacional, una coalición política entre los partidos tradicionales de Colombia entre 1958 a 1974, como una alternativa para hacer acabar el periodo de violencia y retaliaciones partidistas que vivía el país.

Este periodo se caracterizó por la continua concentración de la tierra en pocas manos y una distribución inequitativa del ingreso, que lo era aún más en el sector rural.

Y en las décadas de los 80 y los 90, el narcotráfico, unido al paramilitarismo y a la guerra contra las guerrillas,  recrudeció la violencia política. Fue así como un número cada vez más alto de colombianos, al no tener una vida digna,  decidió emigrar hacia otros países. Lo hacían sin querer y se preguntaban por qué el progreso en Colombia, del que se vanagloriaban sus líderes, no se veía, y más bien ocurría lo que pregona un viejo aforismo: “A la economía va bien, pero al país va mal”.

Años más tarde Carlos Cruz se preguntaría lo mismo, pues a miles de kilómetros de distancia experimentaba lo que era ser inmigrante y activista colombiano en el Reino Unido.

Carlos Cruz

Colombia es el país con el que se siente más identificado y hacia el que siente “una lealtad política” alimentada  por el activismo de sus padres (Nelly Mosquera y Carlos Cruz) y la discriminación y la pobreza de los inmigrantes en Londres que “tienen que esforzarse el doble que la clase media y las élites”.

Sobre estas y otras causas que lo representan habló en entrevista con The Prisma.

¿Qué tanta influencia tuvo que sus padres fueran activistas?

Mis padres fueron los primeros en formarme políticamente. Ellos se conocieron en Pereira, una ciudad al oeste de Colombia, en el barrio Camilo Torres. Eran parte de una organización que construía viviendas a la gente de la clase trabajadora para que tuvieran acceso y pudieran comprar o rentar a un costo más bajo de lo normal. Mis padres nos enseñaron a pensar no solo en el individuo sino en la sociedad y lo hacían, no solo con la teoría sino también en la práctica.

Desde el comienzo, ya estando en Londres, nos llevaban a las marchas y protestas. Cuando llegaban colombianos o latinos sin hogar aquí a Londres, les ayudaban a conseguir vivienda o los traían a la casa para que tuvieran un lugar donde estar mientras se organizaban.

¿Cuándo empieza a ser activista?

A los 19 años, después de ir a Colombia por tercera o cuarta vez. Me impresiono mucho ver cómo vivía la gente. Tanto mi familia como otros campesinos en Pereira vivían en condiciones horribles y eso me afectó mucho. Entonces, cuando regresé a Londres, abrí un grupo de estudio con otros jóvenes colombianos y latinoamericanos. Queríamos entender la situación política de nuestros países de origen, además las razones por la cuales hemos sido forzados a salir de ellos. También queríamos vincularnos con los movimientos sociales en Colombia y Latinoamérica.

Con su madre, Nelly Mosquera.

¿Se ha logrado mejorar la situación de los inmigrantes en el Reino Unido?

La realidad es que aquí los inmigrantes no tenemos las mismas oportunidades que el resto de la población. La mayoría  estamos forzados a realizar trabajos mal remunerados. En una ciudad como Londres, donde todo es tan caro, lo que pagan por limpiar los baños de unas oficinas resulta insuficiente como para que un inmigrante pueda cubrir todos sus gastos.

La lucha de los inmigrantes es sobre todo por mejorar sus condiciones de trabajo y su salario. Pero hay que pensar más allá de lo que nos afecta inmediatamente. Obviamente queremos mejores condiciones de trabajo, pero también pensamos en el contexto político mundial, el por qué tenemos que venir a que nos den las migajas de lo que nos han robado los países del Norte a nosotros.

Por ejemplo, según un reporte, más de 100 empresas del Reino Unido operan en Colombia, incluyendo compañías muy conocidas como Virgin, BT y Shell. Y además de las compañías británicas, están otras como la Anglo gold Ashanti, que es de Sudáfrica, pero que está registrada en la bolsa de Londres y todas sus ganancias llegan acá.

La inversión extranjera no es siempre algo que va a beneficiar a todo el mundo, sino que las multinacionales están ahí porque tienen sus propios intereses económicos en el país.

Con su padre, Carlos Cruz

También hay compañías que pagan  a terceros para que se vayan contra los sindicalistas. Esa es la raíz de la situación internacional de la inequidad económica, que es parte de la continuación del colonialismo.

¿Qué tan es la relación comercial de países desarrollados con los nuestros?

La izquierda colombiana se ha enfocado históricamente en mostrar el papel militar de Estados Unidos en Colombia, que han usado proyectos como el Plan Colombia y la Guerra contra las drogas para justificar el entrenamiento de militares y combatir las guerrillas, e incluso combatir a movimientos políticos radicales. Pero más allá de eso, es el imperialismo económico, el comercio injusto que tenemos con Estados Unidos y con Europa, la raíz del problema.

Nuestra economía sigue estando al servicio del capital del Norte, mientras que los políticos que firman los permisos y algunos empresarios en Colombia se benefician; la mayoría de las ganancias se entregan a los países del Norte y a las compañías que pagan impuestos en estos países.

Para nosotros eso es un saqueo. No son apoyos para el desarrollo. Debemos parar esa relación injusta. Que nos devuelvan lo que nos han quitado en forma de ayuda para el desarrollo no va a ser suficiente.

¿En qué otras causas está usted involucrado?

Me identifico políticamente como socialista y soy internacionalista. La organización en la que trabajo se llama Anticonquista, un grupo muy destacado en términos de activismo político en Estados Unidos y en el Reino Unido, especialmente en términos de información. Nuestro trabajo es impulsar el socialismo en Latinoamérica. La gente que se suscribe, dona dinero mensualmente el cual enviamos a diferentes proyectos en Latinoamérica como a los Zapatistas en México o a los Mapuche en Chile. Creo que no solamente deberíamos estar interesados en nuestro país, sino también en otras partes del mundo donde se sufren situaciones similares, como ocurre en Palestina o en toda África, que es también producto de la continuación del colonialismo y particularmente del imperialismo económico.

¿Qué le dice a las generaciones más jóvenes en Colombia?

Lo que necesitamos en Colombia definitivamente es una transformación de las estructuras políticas, económicas y sociales. Nos tenemos que involucrar más al proceso político y ahora lo más importante son las elecciones presidenciales de 2022.

Debemos apoyar a los candidatos que realmente nos den la oportunidad de vivir a los jóvenes colombianos en un país más justo y pacífico. Nosotros, los jóvenes colombianos en el exterior tenemos que hacer lo mismo, apoyar ese esfuerzo y asegurarnos que el próximo año sea el principio de un proceso político que empiece a cambiar el país.

(Fotos suministradas por el entrevistado y autorizadas por él para su publicación)

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