Migrantes, Multicultura, Opinión

Diversidad: la tolerancia no es suficiente

El que nunca habrá igualdad, ya que los seres humanos somos diferentes entre nosotros, es una idea generalmente aceptada en los días que corren.

 

Mabel Encinas

 

Sin embargo, las consecuencias de esta diversidad, se asumen con distintos valores y a través de variadas acciones. Es decir, que también hay diversidad de percepciones (y actuaciones) en relación con la diversidad.

Entran en la diversidad asuntos relativos a etnicidad, género, clase social, religión, edad, habilidades físicas, orientación sexual, y otros aspectos que conforman nuestras identidades.

La combinación de estos aspectos genera aún más diferencias, como ya el feminismo ha señalado con el concepto de ‘interseccionalidad’, al destacar la variedad en las experiencias de opresión de las mujeres cuando entran en juego etnicidad, clase social y orientación sexual, entre otros aspectos.

Para algunos, aceptada la idea de lo diverso, simplemente se está hablando de diversidad, y las opresiones asociadas con ella, como hechos de la vida.

Así como en Londres llueve con frecuencia, o en Río de Janeiro hace sol, en el mundo de lo humano somos ‘diversos’, y si existe opresión, pues así es.

Esto es algo que, entonces, hay que aceptar sin mayores sentimientos o reflexiones. Curiosamente del clima es muy común quejarse.

Una mirada alterna a la diversidad es una mirada histórica. Por un lado, la historia es un desenvolvimiento del pasado. Las divisiones y las relaciones de dominación se han construido a través de largas combinaciones de hechos del pasado. Tales hechos, además, han sido interpretados y reinterpretados, y con ello han ganado mayor valor ciertos trabajos, ciertas características físicas ciertas actitudes, o ciertos atributos sociales, y no otros. La opresión se ha ido arraigando en la valoración de algunos grupos sobre la desvalorización de otros.

Por otro lado, la historia es también una proyección al futuro. Nuestras acciones se proyectan hacia propósitos tanto de las actividades en que participamos (por ejemplo ofrecer un servicio de transporte, enseñar matemáticas, o vender alimentos al menudeo), como en las acciones concretas que llevamos a cabo (llenar un reporte, ayudar a un niño pequeño a vestirse, o hacer el inventario del almacén).

No sólo en el trabajo, sino en todas nuestras acciones el futuro influye en nuestra participación en el mundo social.

Repensar el vínculo diversidad y opresión, mirando hacia y futuro y preguntándonos hacia dónde queremos ir puede sugerir el camino a seguir en la sociedad multicultural en que vivimos.

Por tanto, no se trata de ‘aceptar’ o ‘tolerar’ la diversidad, sino de participar activamente en ella, y de aprender en el proceso.

En la práctica, esto significa, para empezar, hablar con los vecinos, incluyendo la gente nueva en el barrio, y escucharlos. Significa también participar en la creación de experiencias comunes.

Tal vez así dejemos de atribuir nuestras ideas previas acerca de sus etnicidades, sus habilidades físicas, o sus religiones. El término ‘comunidad’ ya no refiere a unidades sociales construidas en el pasado, sino a las unidades sociales que estamos construyendo hoy.

Tal vez con miras al futuro podamos crear experiencias compartidas y construir caminos nuevos.

Quizá también así podamos evitar que niños y niñas aprendan acerca de la diversidad a través del bullying en las escuelas.

(Photos: Pixabay)

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