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La avispa en el higo

El higo es una flor invertida y necesita ser polinizado para dar fruto. Un cierto tipo de avispa hembra de los higos se introduce en un higo macho para poner huevos de los que las crías tienen relaciones sexuales incestuosas.

 

Sean Sheehan

 

Una avispa hembra impregnada se desprende de la piel del higo y se va a excavar en otros higos.

Esto parece bastante sencillo, pero a veces una avispa hembra se mete en un higo hembra, donde muere de hambre, pero no antes de polinizar la flor invertida. El cuerpo de la avispa es absorbido por la carne creciente del higo y pasa a formar parte de la fruta que comemos.

La autora de “We the parasites” (Nosotros los parásitos) se ve a sí misma como la avispa que penetra en novelas, poemas y cuadros; la mirada crítica posee algo incestuoso dada la íntima relación que entabla con el arte.

Las facultades críticas de A.V. Marraccini se adentran en los escritos de Genet, Rilke, Auden y los cuadros de Twombly.

Se ve a sí misma como un ladrón, un piojo de pescado, una solitaria -motivada por «el imperativo de vivir»- y una noche en Primrose Hill se ve también como un críptido nocturno (criaturas no reconocidas por la ciencia pero que existen para quienes creen en ellas): No hablo con la luna, pero nos miramos con recelo».

Volviendo al ciclo vital de 36 horas de las avispas de los higos, menciona cómo si dos machos quedan atrapados dentro de un higo con una sola hembra el resultado es una lucha a muerte: «Van mano-y-mano… el ganador consigue aparearse y luego muere de todos modos… Siempre es el fin del mundo cuando tu existencia es básicamente aparearte rápidamente y morir». Encontrando un eco de su situación en la mitología griega, las avispas guerreras se convierten en Aquiles y Héctor luchando fuera de los muros de Troya: «elegir kleos (gloria) y morir joven».

Los críticos se convierten en parásitos que se alimentan de las artes para hacer reseñas y ensayos y así mantenernos vivos: «En un mundo sin gusanos, los cadáveres nunca se convierten en polvo, en cenizas, en hierba. Sin avispas ya no hay higos». Escrito durante la epidemia de Covid, Marraccini encuentra sustento en el arte y la historia de la antigua Grecia: «Fijados en mármol, muertos vivientes», los Mármoles del Partenón dan lecciones «de cómo vivir congelados, en el espeso marasmo del tiempo».

Twombly no es un artista fácil de apreciar, pero Marraccini encuentra un alimento nutritivo para la reflexión en el expresionismo abstracto y erudito de los bucles garabateados y las repeticiones que caracterizan sus cuadros. Las manchas de pintura y lápiz de su «La edad de Alejandro» seguirán siendo desconcertantes para muchos, pero para la autora se convierten en un lienzo interiorizado de su yo emocional.

Se pregunta sabiamente si no está sobreinterpretando los garabatos caligráficos de Twombly y las manchas de colores brillantes y monocromos, como un «augur que siempre mira las tripas de las ovejas, la trayectoria de vuelo de ciertos pájaros».

“We the parasites”, de A.V Marraccini, está publicado por Sublunary Editions.

(Traduccion: Monic del Pilar Uribe Marin)Fotos: Pixabay

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