Cumbre de Brasilia. En un golpe a la hegemonía estadounidense, el resurgimiento de Unasur en una cumbre de 13 líderes latinoamericanos demuestra el giro de la región hacia la izquierda y la rehabilitación de Venezuela.

El Presidente de Brasil, Lula, invitó el 30 de mayo a los 13 presidentes de América del Sur a una cumbre destinada a desarrollar una «visión común y relanzar acciones decisivas para el desarrollo sostenible, la paz y el bienestar de nuestros pueblos».
Lula presentó 10 propuestas para lograr el acercamiento de la región: un enfoque consensuado de las cuestiones económicas, sociales y culturales.
La gobernante de facto de Perú, Dina Boluarte, no estuvo presente porque el Congreso peruano, de derecha, no la autorizó a asistir.
Entre las propuestas, Lula planteó la realización de inversiones regionales para ayudar al desarrollo social y económico, movilizando los recursos de bancos como el Banco del Sur, un banco de desarrollo creado por Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay (Fonplata) y el Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (Bandes).
Lula también abogó por profundizar en la independencia y soberanía monetaria de Sudamérica mediante mecanismos de compensación y la creación de una moneda común de referencia para el comercio que reduzca la dependencia de la región de divisas como el dólar.
Destacó la necesidad de colaborar a nivel de planificación regional para lo que pidió la actualización del Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento (Cosiplan), haciendo hincapié en la integración física y digital.

También subrayó la necesidad de reactivar la cooperación regional en materia de salud, especialmente en vacunación e infraestructuras sanitarias.
A continuación, se centró en la colaboración regional en dos áreas estratégicas clave, la energía y la defensa.
Las naciones sudamericanas ya habían creado el Consejo de Defensa del Sur (Codesur), que debido a la contraofensiva reaccionaria estadounidense que llevó a gobiernos de derechas a la región entre 2009 y 2019, no había funcionado.
La colaboración en la primera, dado que muchos países sudamericanos son productores de petróleo, mejoraría enormemente el músculo económico y la posición negociadora de la región a nivel internacional, especialmente en el actual clima geopolítico mundial.
Lula propuso crear una estructura de alto nivel formada por representantes de todos los presidentes implicados para relanzar un renovado proceso de integración regional en Sudamérica, subrayando la urgencia de estas tareas, algo de lo que se hizo eco con entusiasmo el venezolano Nicolás Maduro.
Durante la cumbre, el presidente Maduro sostuvo reuniones con diversos mandatarios con el objetivo de fortalecer los lazos estratégicos bilaterales con esas naciones para consolidar caminos de cooperación e integración.
Los presidentes Maduro y Lula se reunieron en el palacio presidencial de Brasil donde celebraron el restablecimiento de relaciones diplomáticas, incluyendo la reapertura de embajadas tras cuatro años de ruptura total de Brasil con Venezuela llevada a cabo por el presidente de extrema derecha Jair Bolsonaro.
Representantes de ambos países firmaron un memorando de entendimiento en materia agroalimentaria con el objetivo de fortalecer los intercambios sobre ganadería, soberanía y seguridad alimentaria.
Además, Lula y Maduro discutieron la posibilidad de que Venezuela se una a la coalición Brics (formada por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que Lula apoya firmemente, abriendo la posibilidad de que los dos países hagan uso de la moneda común que Brics pretende emitir. Maduro también mantuvo una reunión con el presidente de Colombia, Gustavo Petro, en Itamaraty, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, que resultó en la firma del Acuerdo para la Creación de la Comisión de Vecindad e Integración para coordinar la cooperación en su extensa frontera común.
La frontera ha sido el área de operaciones favorita de los paramilitares narcotraficantes, así como una base para las operaciones paramilitares y de otro tipo contra Venezuela patrocinadas por Colombia.
El presidente Petro se ha convertido en una figura clave en el diálogo defendido insistentemente por el presidente Maduro entre Caracas y la oposición de extrema derecha de Venezuela.
Petro organizó una conferencia internacional sobre Venezuela, celebrada en Bogotá, para fomentar las conversaciones entre ambos.
Maduro también se reunió con el presidente de Bolivia, Luis Arce, también en Itamaraty, buscando fortalecer los lazos estratégicos entre ambas naciones. Mientras Venezuela es rica en recursos petroleros, Bolivia lo es en gas natural.

El encuentro se dio en el marco de 13 acuerdos de cooperación firmados en abril pasado entre ambos presidentes como parte de la Comisión Mixta de Integración Venezuela-Bolivia.
Tras el impulso de Lula y Maduro al fortalecimiento de Unasur, Petro anunció el reingreso de Colombia en la organización regional.
Quizás lo más significativo fue que Lula reivindicó la legitimidad política del gobierno de Maduro: en una conferencia de prensa conjunta con Maduro, el presidente de Brasil expresó su alegría al decir «¡Venezuela está de vuelta!»
Subrayó que Venezuela es una democracia y que cualquier opinión contraria es fruto de una falsa «narrativa política» de «autoritarismo y antidemocracia» de los enemigos de Venezuela.
Y añadió: «He discutido mucho con socialdemócratas europeos que defienden la democracia y no entienden que Venezuela es una democracia.»
Lula afirmó además que es increíble que la nación haya sido objeto de más de 900 sanciones porque a Estados Unidos no le gusta.
Continuó diciendo que negar que Maduro era el presidente de Venezuela, y reconocer a Juan Guaido en su lugar, era la «cosa más absurda del mundo.»
Lula también expresó un fuerte deseo de que Venezuela vuelva a ser una nación plenamente soberana donde «sólo su pueblo a través de un voto libre, decida quién gobernará la nación.»
En marcado contraste con la «civilizada» Europa, el recién elegido presidente de Paraguay, el derechista Santiago Peña, declaró en una entrevista a la BBC: «Sólo hay un presidente en Venezuela y se llama Nicolás Maduro».
Sobre las 31 toneladas de oro venezolano depositadas en el Banco de Inglaterra, Lula fue inequívoco: «Esa reserva de oro, en vez de ser colocada bajo la custodia de Guaido, debe ser colocada bajo la custodia del gobierno venezolano».
Lula añadió que la relación de Brasil con Venezuela no debe ser sólo comercial; tiene que ser política, cultural, económica y tecnológica.
Dijo que esto podría ser en torno a asociaciones universitarias e incluso sus fuerzas armadas, trabajando juntos en su frontera común «para combatir el narcotráfico».
La propuesta de Lula de que Venezuela se uniera a la coalición de los Brics y la entusiasta disposición de este país a hacerlo fueron acogidas instantáneamente con satisfacción por China y Rusia.
Todo ello en el contexto de que la expresidenta de Brasil Dilma Rousseff, depuesta por enrevesadas maquinaciones de la derecha en 2016, ha sido nombrada presidenta del Nuevo Banco de Desarrollo de los Brics.
Con la cumbre de Lula, la integración regional sudamericana ha dado un salto cualitativo. Enfrenta serias complejidades en el legado neoliberal dejado por las administraciones de derecha que destrozaron varias economías nacionales en un período muy corto.
La política de Washington combina un intervencionismo de mano dura para lograr cambios de régimen, especialmente contra Venezuela, con una política de «divide y vencerás» que tuvo éxito en llevar al poder a Bolsonaro, Mauricio Macri, Iván Duque y muchos otros líderes de derecha.
La cumbre es una fuerte reafirmación de la soberanía colectiva de la región, factores todos ellos de enorme importancia estratégica. También es una victoria para la multipolaridad, y objetivamente un revés sustancial para EE.UU. y sus cómplices.
*Articulo publicado en Morning Star.
(Traducido por The Prisma – The Multicultural Newspaper) – Fotos: Pixabay











