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Dos tipos de tesoros

A un nivel obvio, la distinción entre realidad y ficción es clara: una historia puede tratar sobre verdades factuales o imaginarias.

 

Sean Sheehan

 

“La isla del tesoro» (Treasure island) de Robert Lewis Stevenson es una historia ficticia, así que no tiene sentido intentar hacerse rico buscando en el archivo del autor un mapa con una X que marque la ubicación de un tesoro enterrado en una isla desierta.

El libro es una historia de aventuras escrita para jóvenes lectores -aunque el texto está repleto de lenguaje náutico y su atractivo como libro infantil puede apreciarse mejor en forma de novela gráfica o película-, pero los adultos le han encontrado valor como historia de madurez ambientada en una época de piratería del siglo XVIII. El escenario es real, pero la historia es puramente imaginativa, lo que difumina las rígidas distinciones entre realidad y ficción. El significado de un término puede residir en y a través de su relación con su opuesto.

El siglo XVIII fue la época del comercio de esclavos y de la participación de la Gran Bretaña colonial en el transporte de esclavos de África a América. El tema, no explícito en «La isla del tesoro», es el obsceno trasfondo del empresariado marítimo británico, y a ello responde la artista mauriciana Bayjoo en sus imágenes superpuestas a las páginas de la bellísima y única edición de Four Corners Books de un relato ficticio sobre una isla con un tesoro ilícito.

El verdadero y muy lícito tesoro no fue enterrado en una isla, sino en las bodegas de los barcos que transportaron a millones de africanos a través del Atlántico y los vendieron como esclavos.

Lo que escapó a ser tesoro quedó enterrado en el mar, unos 1,2 – 2,4 millones de cadáveres que murieron durante las travesías.

Los aventureros de La isla del tesoro parten de Bristol, importante puerto marítimo para el comercio de esclavos, y pocos años después de la publicación del libro se erigió en la ciudad un monumento en honor a Edward Colston. Fue vicegobernador de una compañía que transportó a unos 84.000 africanos y, tras la abolición de la esclavitud, se pagaron más de 2.000 millones de libras, en dinero actual, a los propietarios de esclavos de Bristol.

Las imágenes de Bayjoo llevan al lector de Bristol a paisajes tropicales marcados por las plantaciones y la brutalidad endémica del Caribe colonial del siglo XVIII. Del mismo modo que los africanos eran una fuente de tesoros para disfrute de quienes los esclavizaban, los cinco héroes de “Treasure island” regresan de su aventura con una inmensa fortuna para financiar sus futuros estilos de vida como respetables caballeros. La violencia y la expropiación que hicieron posible su riqueza pudieron dejarse discretamente de lado.

El jurado del caso de los Cuatro de Colston no lo olvidó y absolvió a los manifestantes que fueron acusados en 2020 por ayudar a derribar el monumento en Bristol.

El tribunal de apelación, que no puede anular el veredicto, declaró que el derribo de la estatua era un acto «violento», recordando la pregunta de Brecht: «¿Qué es el atraco a un banco comparado con la fundación de un banco?».

“Treasure island”, de Robert Lewis Stevenson, está publicado por Four Corners Books.

(Traducido por Monica del Pilar Uribe Marin) –  Imágenes suministradas por la editorial.

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