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Al norte del Río Grande con Graciela Iturbide

La obra de la galardonada fotógrafa mexicana Graciela Iturbide se expuso en Londres en agosto, en la Photographer’s Gallery. Una de sus fotos, mostrada en la reseña de The Prisma sobre la exposición, era de cuatro mujeres de pie frente a un mural de Benito Juárez y Villa y Zapata.

 

Sean Sheehan

 

La banda callejera latina a la que pertenecen las mujeres y la fascinación de Iturbide por ellas es el tema “White fence” (Cercas blancas).

Graciela Iturbide, nacida en 1942 en Ciudad de México, adquirió fama internacional con la publicación de su libro «Juchitán de las mujeres», con fotografías de tribus indígenas de México. Tres años antes, en 1986, había llamado la atención con otro libro, “Un día en la vida de América”. Sus imágenes en ese libro surgieron cuando formó parte de un equipo de fotógrafos que durante veinticuatro horas registraron la vida ordinaria en distintas partes de Estados Unidos. Iturbide se encontró fotografiando en un piso de Boyle Heights, un barrio del Este de Los Ángeles, y así conoció a un grupo de mujeres chicanas (mexicano-americanas), miembros de la banda callejera White Fence.

Iturbide no es la forastera, la voyeur con objetivo, y esto es esencial para la calidad de su trabajo:

“Nunca hago fotos a escondidas y nunca he utilizado un teleobjetivo. Mis sujetos siempre saben que estoy allí como fotógrafa y, si siento que alguien no quiere que le haga una foto, entonces no se la hago”.

Una banda se había establecido en Boyle Heights a principios del siglo XX y el nombre se le quedó grabado, ya que todavía se utilizaba cuando Iturbide se encontraba en su territorio con su cámara.

Siguió en contacto con la comunidad y regresaba intermitentemente para hacer más fotos y reunirse con las mujeres que la habían acogido en sus vidas.

Un ensayo en “White fence” de Alfonso Morales Carrillo cubre el desarrollo del compromiso de Iturbide con las mujeres y describe cómo las comunidades de ascendencia mexicana se desarrollaron y permanecieron al norte del Río Grande. El título de una reseña de la exposición en un periódico británico, “Graciela Iturbide’s surrealist take on Mexico”, induce a error al sugerir que su obra trata de lo extraño y lo irreal. “No me gusta el realismo mágico”, ha declarado, y, al haber sido educada como católica (“ya no soy religiosa”), “puede que tenga un instinto espiritual”. Si es así, se trata de un espiritualismo basado en observaciones materialistas de la vida.

Boyle Heights, la localidad de “White fence”, está experimentando un proceso de gentrificación por su proximidad al centro de Los Ángeles. Es un barrio de clase trabajadora con un carácter latino procedente de una historia de pobreza e inmigración.

El sentido de una herencia compartida se percibe con fuerza en las fotografías y sus signos de vida de bandas callejeras -tatuajes, signos de bandas, gestos desafiantes- están ahí como reconocimiento de una historia cultural arraigada en la privación de derechos y el vilipendio.

“White fence”, de Graciela Iturbide, publicado por Editorial RM.

(Traducido por Mónica del Pilar Uribe Marín) – Fotos facilitadas por la editorial

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