Tras el derrocamiento del presidente Bashar Al-Assad, el país árabe está hoy ante el desafío de la formación de un gobierno de unidad nacional que sea capaz de curar las cicatrices de 14 años de guerra y reconstruir un país que quedó casi todo destruido.

Fady Marouf
Todos saben que ha dado inicio a una etapa diferente a la anterior, una etapa en la que los sirios esperan una mejoría, pero no ocultan su temor y sus palabras y pasos están marcados por la prudencia.
“Nos vendieron” “Nos abandonaron”, gritaban decenas de miles de militares, policías y efectivos de seguridad la noche de la caída de Al-Assad, y todos tiraron sus armas ligeras y pesadas en una escena apocalíptica que muestra su frustración ante la “traición”, y luego miles de armados de la oposición ingresaron en la capital.
El miedo a las formaciones armadas irregulares influyó en que casi un millón de civiles salieran de Damasco hacia la región costera del país o el vecino Líbano.
Sin embargo, esa sensación de temor comenzó a disminuir de forma gradual por el lenguaje tranquilizante de la comandancia de esas facciones al decir que su misión es proteger a los civiles de todas las confesiones.

Esta periodista recorrió las calles de Damasco y entrevistó a varios de los habitantes de esta capital que, en su mayoría, expresaron esperanza y optimismo en que la nueva etapa sea de bienestar y que haya unidad entre todos los componentes sociales y religiosos de la sociedad.
Algunos no ocultaron su miedo y preocupación respecto al brusco cambio y prefirieron no opinar a la espera de ver cómo sería el próximo gobierno.
En estos momentos, la calma vuelve paulatinamente después de unos días tormentosos con disparos, explosiones y pánico.
Damasco comienza tímidamente a recuperar su normalidad, y Prensa Latina constató la apertura de algunas tiendas y la disminución de tráfico vehicular, mientras las instituciones estatales aún se mantienen sin funcionamiento y los servicios públicos están casi paralizados. El tema de las agresiones israelíes no es nada nuevo para los sirios, pero esta vez, fueron intensos, masivos y globales, y estremecieron todas las provincias con destrozos en las capacidades del ejército, construidas desde la independencia de esta nación en abril 1947.
Tampoco hay que olvidar el reto de unir a todas las formaciones militares bajo el paraguas de un ejército nacional capaz de encarar la ocupación foránea y preservar la soberanía e integridad nacional. PL
(Fotos: Pixabay)











